Me queda una tristeza de sándalo, un no saber qué hacer queriendo a la vez hacerlo todo, desprendido de la frente de los dioses el paso lento de la noche deja una estela cósmica, huella del desasosiego, todo pasa y no has aprendido a soportar las apariencias ni el dulce letargo bajo esta quietud de sombra. Y si todo se pierde y no hay calle alguna para tu lamento, extraño y huérfano como un puzzle de luz vagas todavía en el nervio atroz de la ceguera, y la noche te nombra, y la noche te condena. Pudiste ser afuera, pudiste nombrar preciso, callar sereno, huérfano escombro de la historia, en la plaza niños juegan donde tú jugaste un día y mañana no serán como tú que has muerto y estás solo, que bajas la mirada ante los fieles y mendigas en la nada derroches de oro, nostalgia ida, ceniza que no vuelve, nadie quiere amar al triste, todos le ordenan, la luz es una sombra vuelta grito en el desierto, los caimanes acechan al amanecer en cada pelo del execrable odio, te engalanas para ninguna fiesta, lloras a solas frente al espejo que teme al suicidio de la aurora. No van a volver, cena odio, fueron carne viva en sombra, nadie va a sustituir la nada y el tiempo se devora en vano las uñas y el poema araña la cortina, la cortina de supervivencia donde tiembla un mono, has abierto el camino sin retorno y cuando vuelves el error se manifiesta, te persiguen los búhos y no hay bosque donde descansar.