¿Dónde estabas cuando estaba dibujando espectros de luz en la noche?
Yo te esperé como el niño consentido que en mitad de la fiesta rompe a llorar porque toma conciencia de su inerme fragilidad, lo sabía todo antes de pisar esta acera que conduce río abajo, podría descender siete veces al infierno de la mano de cualquier amiga dislocadamente fiel y aún te encontraría entre los huesos cenicientos de otro día que entre alcohol y cigarrillos se suicida. Podría seguir de pie frente a la aurora sin que el tiempo signifique nada para mí, plantarme en los treinta y pico cansado de suplicar por los globos de color que no hay detrás de ninguna noche. Hoy que todo este mapa peninsular y grisáceo me escupe en los ojos y me clava dagas en el estómago como si fuese un perro magullado y apátrida. Nada puedo decir ahora que signifique algo con cierto sentido.