29/7/10

Carta a un joven escritor (I)





Pues sí, joven colega. Chico o chica. Pensaba en ti mientras tecleaba el artículo de la semana pasada. Recordé tus cartas escritas con amistad y respeto, el manuscrito inédito -quizá demasiado torpe o ingenuo, prematuro en todo caso- que me enviaste alguna vez. Recordé tu solicitud de consejo sobre cómo abordar la escritura. Cómo plantearte una novela seria. Tu justificada ambición de conseguir, algún día, que ese mundo complejo que tienes en la cabeza, hecho de libros leídos, de mirada inteligente, de imaginación y ensueños, se convierta en letra impresa y se multiplique en las vidas de otros, los lectores. Tus lectores.

Vaya por delante que no hay palabras mágicas. No hay truco que abra los escaparates de las librerías. Nada garantiza ver el fruto de tu esfuerzo, esa pasión donde te dejas la piel y la sangre, publicado algún día. Este mundo es así, y tales son las reglas. No hay otra receta que leer, escribir, corregir, tirar folios a la papelera y dedicarle horas, días, meses y años de trabajo duro -Oriana Fallacci me dijo en una ocasión que escribir mata más que las bombas-, sin que tampoco eso garantice nada. Escribir, publicar y que tus novelas sean leídas no depende sólo de eso. Cuenta el talento de cada cual. Y no todos lo tienen: no es lo mismo talento que vocación. Y el adiestramiento. Y la suerte. Hay magníficos escritores con mala suerte, y otros mediocres a quienes sonríe la fortuna. Los que publican en el momento adecuado, y los que no. También ésas son las reglas. Si no las asumes, no te metas. Recuerda algo: las prisas destruyeron a muchos escritores brillantes. Una novela prematura, incluso un éxito prematuro, pueden aniquilarte para siempre. Lo que distingue a un novelista es una mirada propia hacia el mundo y algo que contar sobre ello, así que procura vivir antes. No sólo en los libros o en la barra de un bar, sino afuera, en la vida. Espera a que ésta te deje huellas y cicatrices. A conocer las pasiones que mueven a los seres humanos, los salvan o los pierden. Escribe cuando tengas algo que contar. Tu juventud, tus estudios, tus amores tempranos, los conflictos con tus padres, no importan a nadie. Todos pasamos por ello alguna vez. Sabemos de qué va. Practica con eso, pero déjalo ahí. Sólo harás algo notable si eres un genio precoz, mas no corras el riesgo. Seguramente no es tu caso.

No seas ingenuo, pretencioso o imbécil: jamás escribas para otros escritores, ni sobre la imposibilidad de escribir una novela. Tampoco para los críticos de los suplementos literarios, ni para los amigos. Ni siquiera para un hipotético público futuro. Hazlo sólo si crees poder escribir el libro que a ti te gustaría leer y que nadie escribió nunca. Confía en tu talento, si lo tienes. Si dudas, empieza por reescribir los libros que amas; pero no imitando ni plagiando, sino a la luz de tu propia vida. Enriqueciéndolos con tu mirada original y única, si la tienes. En cualquier caso, no te enfades con quienes no aprecien tu trabajo; tal vez tus textos sean mediocres o poco originales. Ésas también son las reglas. Decía Robert Louis Stevenson que hay una plaga de escritores prescindibles, empeñados en publicar cosas que no interesan a nadie, y encima pretenden que la gente los lea y pague por ello.

Otra cosa. No pidas consejos. Unos te dirán exactamente lo que creen que deseas escuchar; y a otros, los sinceros, los apartarás de tu lado. Esta carrera de fondo se hace en solitario. Si a ciertas alturas no eres capaz de juzgar tú mismo, mal camino llevas. A ese punto sólo llegarás de una forma: leyendo mucho, intensamente. No cualquier cosa, sino todo lo que necesitas. Con lápiz para tomar notas, estudiando trucos narrativos -los hay nobles e innobles-, personajes, ambientes, descripciones, estructura, lenguaje. Ve a ello, aunque seas el más arrogante, con rigurosa humildad profesional. Interroga las novelas de los grandes maestros, los clásicos que lo hicieron como nunca podrás hacerlo tú, y saquea en ellos cuanto necesites, sin complejos ni remordimientos. Desde Homero hasta hoy, todos lo hicieron unos con otros. Y los buenos libros están ahí para eso, a disposición del audaz: son legítimo botín de guerra.

Decía Harold Acton que el verdadero escritor se distingue del aficionado en que aquél está siempre dispuesto a aceptar cuanto mejore su obra, sacrificando el ego a su oficio, mientras que el aficionado se considera perfecto. Y la palabra oficio no es casual. Aunque pueda haber arte en ello, escribir es sobre todo una dura artesanía. Territorio hostil, agotador, donde la musa, la inspiración, el momento de gloria o como quieras llamarlo, no sirve de nada cuando llega, si es que lo hace, y no te encuentra trabajando.


XLSemanal - 27/7/2010

28/7/10

La intensidad de un testimonio que atrapa


Estoy volviendo a
"El corazón de las tinieblas" de la mano de Marlow, no voy a gastar palabras enciclopédicas que ilustren este genial relato, podéis encontrar datos suficientes en cualquier lugar. La fuerza flotante, misteriosa a la vez que directa, nebulosa y profética, de estilo arrollador, hacen de esta una narración mítica e inolvidable que sólo un genio valiente, inquieto como Joseph Conrad podría perpetuar. Aquí un conocido fragmento.


" La tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran... No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aullaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles; pero lo que estremecía era pensar en su humanidad -como la de uno mismo-, pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero si uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ello un significado que uno -tan alejado de la noche de los primeros tiempos- podía comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque está todo en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Júbilo, temor, pesar, devoción, valor, ira -¿cómo saberlo?-, pero había una verdad, la verdad despojada de su manto del tiempo. Que el necio se asombre y se estremezca; el hombre sabe y puede mirar sin parpadear. "

El corazón de las tinieblas
Joseph Conrad

27/7/10

Un tal Michi Panero




"Lo peor que se puede ser en este mundo es coñazo"

23/7/10

La poesía actual, bajo sospecha

por Pedro. J. de la Peña


Un dato imprescindible para conocer los mecanismos de la poesía española actual es el hecho de que se articula desde arriba y no desde abajo. Es decir, no es la opinión de los lectores la que selecciona la importancia y calidad de los textos de los poesía de hoy. Tampoco la de los numerosos críticos que trabajan en medios de comunicación de ciudades españolas de mediana importancia. Ni siquiera la opinión de los numerosos poetas cuyo conocimiento del arte se da por sobreentendido. La decisión de quién es un poeta importante en España la toman apenas entre un grupo de dos docenas de personas que figuran como jurados de los premios más sustanciosos, como críticos de los suplementos mediáticos de mayor tirada y como editores de las principales editoriales especializadas en poesía.

No se trata de un grupo homogéneo pero sí interrelacionado por una misma vocación de constituirse en mediadores entre los nuevos creadores y el escaso público que los lee. Por eso, la influencia de esta veintena de personas es determinante en la suerte de casi todos los aspirantes a poetas.

Este hecho peculiar transforma por completo la poesía del siglo XX con relación al inmediato pasado. Todavía en el siglo XlX el éxito literario sí venía refrendado por los lectores. Poetas como José Zorrilla, Núñez de Arce o Campoamor tuvieron decenas de miles de lectores de sus libros y era el público quien decidía su importancia como poetas. En la actualidad, el consenso de no más de treinta personas determina que un poeta figure o no en las antologías, gane o no premios literarios muy fomentados en los medios de comunicación o se instale con honores en las tres o cuatro editoriales que distribuyen los libros de manera suficiente para que sea leído por las escasas dos mil personas que se preocupan de la poesía en España.

La selección es todo lo contrario de una selección natural. No triunfa lo mejor, sino lo que adquiere bendición desde las alturas. Para lo cual, basta muchas veces con agradar a unos pocos mediante recursos imaginables para cualquier observador. Así se empobrece la realidad literaria y campa por sus respetos la manipulación que inunda hoy la poesía española.

Hablar de la última poesía española es hablar, llanamente, de grupos de presión. En la novela todavía existe el mercado y las editoriales tienen en cuenta los gustos de los lectores. Lo que no se vende (la poesía) puede en cambio dirigirse desde unas pequeñas cúspides influyentes que determinan su valor de una manera ajena a los gustos de todos los demás.

En algún sentido, este aspecto puede tener ventajas cuando el acierto de la criba literaria elige adecuadamente. Pero _qué ocurre cuando se equivoca? _Y cuando actúa de mala fé por razones extraliterarias que convierten en bueno lo es, tan sólo, conveniente desde el punto de vista de sus estrategias de perpetuación en el sistema literario constituido?.

Una demostración del acierto y el error la percibimos con toda claridad en la diferencia que hay entre la poesía de los años 70 y la poesía de hoy. La poesía de los años 70 nació realmente de una necesidad de cambio que se producía por la inminente caída del franquismo y por la llegada de una sociedad nueva que representaba unos valores completamente distintos a los anteriores. Era la generación de Mayo del 68 o de Noviembre del 75, si lo decimos en términos españoles, la que se liberaba de las consecuencias da la II Guerra Mundial y establecía un nuevo paradigma que, en el caso español, significaba abandonar las secuelas de la Guerra Civil.

Bajo los auspicios de Carlos Barral y de José María Castellet, se inició un giro que, aun con sus errores puntuales en la selección de autores, describía un hecho incontestable: la poesía social había cumplido su ciclo histórico y necesitaba perentoriamente de un recambio. En realidad, lo que constituyó el punto de unión entre los poetas de los años 70 no fue el ser más o menos _novísimos_ sino su discrepancia a continuar escribiendo como fieles hijos de la poesía de la postguerra.

Abandonar el patriarcado de la poesía del realismo, de los estereotipos de una poesía social que habían marcado los años 40, 50 e incluso hasta mediados de los 60, fue una necesidad que motivó a los jóvenes poetas de aquellos años a buscar un modo de desmarcarse del ascético y severo tratamiento de la palabra utilizado hasta entonces.

Puede decirse que la poesía de los años 70 evoluciona en un proceso similar al de la sociedad y testimonia por eso mismo los cambios generacionales que se producen en sus días. y en eso consiste el acierto del editor y del crítico: haber olfateado una necesidad social que perfilaba un nuevo ámbito potencial de lectores hastiados de la denuncia social.

Posteriormente, el estancamiento de las estéticas de los año 70 viene a producirse a mediados de los años 80, por otro cansancio: el de la reiteración del culturalismo, ya en manos de epígonos de segunda fila.

Es en esa circunstancia cuando debería haberse propiciado un debate imaginativo, novedoso, que buscara una vía de escape al agotamiento estético de la generación del 70. Pero en lugar de eso se elige una línea claramente involutiva, que reivindica la poesía de la cotidianidad trasladando su liderazgo a la Estética de Campoamor. Se abandona así la línea lírica de la mejor tradición española que va de Gustavo Adolfo Becquer a Juan Ramón Jiménez y de Juan Ramón Jiménez a la Generación del 27. Sin asimilar los cambios en profundidad de la sociedad española, se toman como referencia de nuevo a los poetas sociales que habían promocionado la poesía de la I y II promoción después de la Guerra Civil, desde Gabriel Celaya a Jaime Gil de Biedma. Se traslada el tren de viaje de la poesía española a una vía muerta y oxidada por el paso del tiempo.

Aquí, desde el principio, el error es evidente. Llámese como se llame, esa apuesta equivoca el punto de mira porque no confía en una evolución natural de la poética, sino que la impone con argumentos desfasados. En lugar de un avance hacia una renovación, constituye una involución.

Aunque esa involución se plantee como el triunfo de una aparente novedad, de hecho supone un continuismo que no da alternativas a los acontecimientos reales de nuestra historia reciente. Se crea así una poesía del _sistema_ - escogida por la nomenclatura de poetas, críticos y editores antes mencionados - y se abandona toda indagación sobre la realidad subyacente de autores y libros que no han sido bendecidos desde las alturas, empobreciendo así radicalmente nuestro panorama poético.

Podemos hablar a partir de 1990 de dos cosas completamente distintas:
la poesía del _sistema_ y la poesía de la _ realidad_. La poesía del sistema se sobrepone sobre la poesía de la realidad tapándola de la misma manera que la caída de las hojas tapan la tierra durante el otoño. Esto se produce porque el sistema poético en el que nos movemos exige la exclusividad para poder constituirse en tendencia dominante y ejercer así una hegemonía literaria que silencie, desconozca y olvide todo lo que no cabe dentro del juego de sus intereses. La eficacia del procedimiento es evidente a corto plazo. Si todo lo que se promociona, se distribuye y se premia forma parte de una mirada excluyente de la variedad estética, los lectores de poesía pueden sacar la momentánea impresión de que esa poesía es la que tiene calidad y la que goza, consiguientemente, de prestigio externo.

Pero esta apariencia ni es verdadera ni, a medio y largo plazo, resulta sostenible.

Para que la poesía involutiva que se nos ha propuesto pudiera triunfar en un horizonte prolongado, tendría que vincularse no sólo a los apoyos endogámicos internos, sino urdirse en el plano internacional. La realidad demuestra, que precisamente por su insignificancia, por su falta de valor testimonial contemporáneo y por su pobreza argumental y temática, esto no ha sucedido. Las razones son evidentes _Qué puede proponer como referencia del mundo contemporáneo una poesía que se limita a contar las experiencias amorosas, alcohólicas, de droga o gustos musicales de un conjunto de poetas que han ignorado cosas tan evidentes como la caída del Muro de Berlín, la crisis del pensamiento de la izquierda, la llegada de las nuevas tecnologías, o las recientes guerras de religión en las que Oriente y Occidente debaten una nueva hegemonía de modelos de sociedad?.
La casi total ausencia de poetas españoles traducidos a lenguas tan internacionales como el inglés, da muestra del poco aprecio que los editores sienten por ellos, en contraposición a autores como Borges, Neruda, Octavio Paz o Mario Benedetti, que sí han adquirido una dimensión universal entre los lectores de poesía en cualquier idioma.

La poesía española de los años 90, por mucho que se empeñen en decir lo contrario sus cultivadores, no interesa. Y no interesa, aunque ellos se desgañiten afirmando su propia valía, porque no es interesante. Al contrario, es de una simplicidad filosófica aterradora. Se basa en un permanente y manido discurso sobre la memoria, la juventud perdida, el ocaso de la sexualidad juvenil, la iluminación de los excitantes y las proezas en la barra de una discoteca de un conjunto de jóvenes - ya no tan jóvenes - que carecen de discursos personales y de pensamientos de altura. Es un sucedáneo de la _movida_ anterior, que se ha quedado paralizado y quieto en una reiteraciones abusivas de los mismos temas y de los mismos procedimientos para comunicarlos.

Si pensamos en la poesía como una manifestación del estado moral de una sociedad, podemos hablar con toda claridad de la fértil decadencia de la poesía actual. Fértil porque se publican miles de libros, pero decadencia porque en su inmensa mayoría esos libros carecen de la menor importancia.

Son bastantes ya las voces que se han alzado contra esta situación en donde los privilegios de que gozan poetas irrelevantes vengan a condenar al olvido obras de auténtico interés. Y todavía se alzarán muchas más en cuanto se pierda el miedo a hablar ( a fín de cuentas, ganar el Premio _Loewe_ o figurar en la lista de los elegidos para los Premios de la _Crítica_ tampoco es relevante para la calidad de los textos ).

Poco antes de morir, Jose Angel Valente señaló de lleno esa mediocridad de la poesía actual. Incluso de su propia generación llegó a decir que no existía en ella _más que un poeta y medio_ . El poeta murió con él y el otro medio se había muerto algunos años antes. No eran momentos, pues, para mentir. Después, la cosa ha ido a peor. Creemos en sus afirmaciones porque una poesía dirigida, corregida y orientada a beneficio de otros poetas consagrados de la generación del 50, nos resulta epigonal y servil. Los siervos, por bien pagados que estén, no se liberan de su condición de siervos y arrastran con ella la precariedad de su propia obra que es una sombra de otras estéticas pasadas.

Un verdadero creador jamás condiciona su obra a los intereses de otras. Pero la manipulación de la verdad sufrida a beneficio de inventario de grupos muy concretos, no logrará mantenerse mucho tiempo. En primer lugar porque la voluntad hegemónica de la tendencia ahora dominante, es un error de cálculo que ni siquiera beneficia a quienes la promueven. Ese empeño en soslayar y en aparecer como los únicos, empobrece la diversidad y los deja asilados tanto del resto de los creadores como de una parte significativa del escaso público de los lectores de poesía. Los monopolios son aburridos y la gente termina por no consumir el producto monopolizado y marcharse a otro mercado que esté mejor surtido. Cuando el sistema prevalece largo tiempo sobre la realidad acaba ahogándose en su propio desprestigio.

La otra condición del cambio es que la _realidad_ de las catacumbas acaba siempre por imponerse al _sistema_ del poder. Cuando los días de bonanza terminen, un aire repentino se llevará toda esta hojarasca que ahora luce y oculta la riqueza de la poesía que en estos mismos momentos se escribe al margen del grupo dominante.
La mutabilidad de los valores literarias está sancionada por la historia en suficientes ejemplos como para no necesitar una nueva reiteración.

Hoy la poesía española está bajo sospecha. La pobreza de su discurso es demasiado manifiesta para que su eco se prolongue en ondas más allá del pequeño estanque podrido en que han decidido encerrarse. Ha preferido el mangoneo en lugar del diálogo y la hegemonía en lugar de la trasparencia. Son errores que siempre acaban pagándose muy caros.

Habrá quizá una esperanza futura, pero sólo cuando el sistema sea barrido por la realidad. Entonces encontraremos algunas obras dignas que tendrán que decir al mundo algo bastante más interesante de lo que en los últimos años se ha venido diciendo a través de una poesía epigonal, reiterativa y sin ambición, incapaz de constituirse en vanguardia de ninguna estética verdadera.

22/7/10

un poema de Emilio Gastón

AMIGOS

Hoy ipsofactamente continuemos
nuetra simple faena de vivir.
Siglos ya de olvidar nuetro letargo
para seguir cantando como entonces.
¿Cúántos miles de años he dormido?
Recuerdo amigos míos
que hace nueve mil años
luchaba tras las puertas de Troya.
Todavía recuerdo cuando aquel Mundo Amigo
recién nacido apenas veinte mil años ha...
en la gruta de moda inauguraba
la exposición de frescos de Altamira

Desde entonces
¡yo no escribo poemas!

Sentado en la materia cronológica
de la nube en que habito
olvidaba volar día tras día
y abandonaba delincuentemente
mi manera espontánea de soñar.

Y es que pasando el tiempo
procurando leña y alimentos
vuelan los pájaros
se arrugan los milenios
y los hombres se vuelven herramientas
abogados y todo como yo.

Quedábase dormido nubeando poeta dentro
inevitable mío,duraba su letargo demasiado

pero habéislo llamado
sacándole del sueño de hace veinte mil años.

Hoy que me siento bípedo de nuevo
y el alma se me sube a la cabeza
voy a volver a imaginar lo que nunca
se debe imaginar.
Voy a dejar que diga su palabra y arenga planetaria
este poeta inevitable mio,
este petardo lírico
que ha sido amordazado tantos años
por hombres herramienta como yo

***

Hoy ipsofactamente continuemos
nuestra simple faena de vivir.
Exijamos aumentos de guitarra
reparto equititivo de canciones
y tractores a plazos
porque la tierra es mas de quien la canta
que no de quien la compra.

Los nubepensadores no tienen sindicato.
Esperadme en la cueva del minero
y haced mío su cabreo profundo.

Tenemos que hacer juntos muchas cosas
soñadores del mundo
¿nos unimos?

EMILIO GASTÓN, "Los Nubepensadores"

17/7/10

La asociación "Ars Creatio" presenta esta noche el número 19 - verano de su revista estacional.


Esta noche, a las 21:30, se presenta en la biblioteca municipal Carmen Jalón de Torrevieja la revista de verano de la asociación "Ars Creatio" a la que generosamente he prestado algún poema, agradecer la rápida y también generosa acogida que este buscavidas de la literatura ha recibido.



arscreatio

autores de la asociación


Al finalizar la presentación de esta publicación se ofrecerá una charla sobre 'Los Tercios Españoles' a cargo de Miguel Ángel Torres Almira. Una vez se acabe este acto el cuarteto de clarinetes de la Unión Musical Torrevejense ofrecerá un concierto basado en la música del Renacimiento.





16/7/10

'Ciudad Santa', ganadora del premio Hammett 2010

El argentino Guillermo Orsi se alza con el mayor galardón y el joven Javier Sinay gana el premio Rodolfo Walsh con 'Sangre joven'

B. HERNÁNDEZ - Madrid - 16/07/2010

Los premios de la Semana Negra de Gijón tienen acento porteño, de Buenos Aires, concretamente. El escritor argentino Guillermo Orsi ha ganado hoy el premio Hammet 2010 a la mejor novela negra de ficción con Ciudad Santa y Javier Sinay se ha alzado con el premio Rodolfo Walsh con Sangre joven.

La historia de Guillermo Orsi centra su acción en la época del corralito: de manera misteriosa, un crucero encallado en el Río de la Plata es secuestrado y los turistas que visitan la capital argentina empiezan a morir. El mejor relato basado en hechos reales, de Javier Sinay se centra en la generación nacida en la década de los ochenta que está condenada a morir en las calles de un Buenos Aires violento.

Los galardones se conceden anualmente en Gijón con ocasión de la Semana Negra, que este domingo concluye tras diez días de charlas, exposiciones y presentaciones de libros en torno al género negro, fantástico y policiaco.

El jurado del premio Hammet a la mejor novela policiaca editada en el último año, integrado por el cubano Rodolfo Pérez Valero y los españoles Julián Ibáñez y Juan Ramón Biedma, se ha decantado por la obra de Orsi entre los cinco finalistas: la española Cristina Fallarás, el colombiano Mario Mendoza, el mexicano Eduardo Monteverde y el argentino Carlos Salem.

El jurado del Rodolfo Walsh al premio de no ficción, formado por el argentino Raúl Argemí y los españoles Fernando Marías y Carles Quílez, escogió Sinay entre el español Mariano Sánchez Soler con Nuestra propia sangre y el mexicano Javier Valdez Cárdenascon Miss Narco.

El premio Celsius, con sólo tres años de antigüedad, se ha concedido al relato de fantasía La red de Indra de Juan Aguilera y el Espartaco a la mejor novela histórica ha sido para el cubano Alejandro Hernández, por Oro ciego. El Memorial Silverio Cañada a la primera novela negra publicada en español ha correspondido a Gregorio Casamayor por La Sopa de Dios y el premio del Concurso Internacional de Relatos Policiacos, para obras inéditas, lo ha ganado el argentino Enrique Ferrari con Ese hombre.






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