21/6/11

GEORG TRAKL, EL PROFETA DE OCCIDENTE

(I)

"Hay dos clases de artistas. Unos traen respuestas y otros preguntas. Hay obras que esperan largo tiempo antes de que se las pueda comprender, pues traen respuestas a preguntas que aún no han sido formuladas". Estas palabras que André Gide escuchara a Oscar Wilde, cuando éste se había convertido ya en el melancólico proscrito Sebastián Melmoth, pueden aplicarse al caso de Georg Trakl, considerado hoy día, junto a Rilke y Stephan George, como el máximo poeta lírico del siglo en lengua alemana. Las respuestas de los poemas de Trakl, sus premoniciones de desolación no podían ser comprendidas por sus coetáneos, confiados todavía en las apariencias del esplendor finisecular. (Tampoco se podía comprender la videncia del poeta ruso Andrés Biely, el que escribía en 1921: El mundo volará / por el estallido de una Bomba Atómica / en gavillas de electrones. / Descarnada hecatombe!) La voz de Trakl fue apenas escuchada durante su vida, por demás corta. Su obra, muy parva, tuvo exigua difusión. Pero por un fenómeno ya corriente en la historia de la literatura, apagado el ruido de las famas más espectaculares (¿quién lee hoy a Marinetti, por ejemplo?) las voces más ocultas y, por lo tanto, más profundas, surgen repentinamente y son las de mayor repercusión. Ya en 1917 Rilke escribía: "la poesía de Trakl es un objeto de existencia divina para mí... el más conmovedor de los lamentos ante un mundo imperfecto". En 1953, en su estudio "Georg Trakl", Martin Heidegger lo llama "Poeta del Occidente aún oculto, de una nueva generación regenerada que sucederá a la actual", considerándolo el sucesor de Hölderlin. La interpretación heideggeriana de la poesía de Trakl ha suscitado muchas discusiones. Se le reprocha haber negado el cristianismo de Trakl, pese a las explícitas declaraciones hechas en este sentido por el poeta. Por otra parte, la ambigüedad esencial de la poesía de Trakl, el que se expresa por imágenes más que por conceptos, posibilita las más diversas interpretaciones. Dice, por ejemplo, Michael Hamburger (en su libro Reason and Energy): "Aun se podría llega a afirmar que Trakl era marxista, por su visión del capitalismo en decadencia".

II

Pese a una ejemplar sentencia de Heidegger, en el sentido de que mientras más grande es un artista más desaparece su persona tras su obra, no podemos menos que dar una breve visión de la vida de Georg Trakl. Nació en Salzburgo, el 3 de febrero de 1887. Su ciudad natal y el paisaje comarcano estarán presentes casi siempre en sus poemas, descritos en una forma meticulosa, aunque vistos como a través de sueños. Aparece un mundo de nostalgia y decadencia, propio de una ciudad que durante la Edad Media había tenido un gran esplendor, y que vivía de un pasado irrecuperable...

De las iglesias pardas
Las imágenes puras de la muerte nos miran
Los escudos de los grandes señores de antaño...

También la poesía de Trakl alude profusamente a la melancólica casa de sus antepasados en donde era un niño que al claro de luna salía a dar de comer a las ratas. El paisaje decadente del otoño, la infancia, la muerte, serán los grandes temas de su poesía. Sus poetas favoritos fueron Baudelaire, Verlaine y Rimbaud. Ellos fueron sus maestros junto con Nietzsche y Dostoievski, cuya obra amaba particularmente. Admiraba a Whitman, pero hallaba pernicioso el optimismo discriminado del bardo norteamericano.

En el colegio, Trakl fue un alumno mediocre, y al llegar la adolescencia se tornó insociable, hablaba corrientemente de suicidio y se aficionó al uso de las drogas. Algunos de sus biógrafos sugieren que a éstas pudo aficionarse por influencia de su madre, la cual era opiómana, según puede deducirse de algunos poemas de Trakl, como "Sebastián en sueños":

La madre traía al niño a la luna clara
A la sombra del nogal y del viejo saúco
Ebria del zumo de la adormidera...

Michael Hamburger señala que estudió farmacia a fin de tener un más fácil acceso a las drogas. Estudió dos años en la Universidad de Viena y de este entonces parece datar su repulsión a las grandes ciudades, a las que ve enfermas, poseídas por el espíritu del mal, aunque:

Callada, en oscuras cavernas, sangra una humanidad muda
Forjando con durísimos metales el rostro que ha de redimirla.

Por oposición a la ciudad, se vuelve Trakl a la naturaleza, a la que ve exenta de la culpa de la caída. Abandonó Viena para establecerse en Innsbruck. En dicha ciudad colaboró en la revista Der Brenner. Ludwig von Ficker que la dirigía cuenta que a principios de 1914 un anónimo benefactor le envió una importante suma de dinero para ser distribuida entre dos colaboradores de su revista: Rilke y Trakl "cuyos poemas no entiendo –señalaba el mecenas–, pero en los cuales veo la marca del genio". Trakl al llegar al Banco a recibir su parte sintió tal repugnancia ante su buena fortuna que se negó a llenar las formalidades necesarias, y se retiró sin recibirla.

El atentado de Gabriel Princip en Sarajevo inició la catástrofe presentida por Trakl. Fue destinado al frente polaco. La visión de los mutilados, de las matanzas, de los desertores ahorcados fue superior a sus fuerzas. Intentó suicidarse. Fue internado en el Hospital de Cracovia con el diagnóstico de "demencia precoz". Allí se suicidó con una fuerte dosis de cocaína, en circunstancias no muy esclarecidas, el 3 ó el 4 de noviembre de 1914. Moría a los veintisiete años de edad, devorado en plena juventud por el Moloch de la guerra, como Alain Fournier, Wilfred Owen, Sydney Keyes, y como ellos, sin que su gran obra alcanzara a ser cumplida.

En El Mercurio, Santiago (11.02.1962) p.12

19/6/11

César Bandin Ron lee a Georg Trakl + semblanza de su amigo Ludwig von Ficker




"Siempre se le hacía difícil arreglárselas con el mundo exterior, al tiempo que iba ahondándose cada vez más en el manantial de su creación poética... Bebedor y drogadicto empedernido, jamás le abandonaba su porte noble, de un temple espiritual fuera de lo común; no hay hombre que haya podido verle jamás tambalearse siquiera, o ponerse impertinente cuando bebía, si bien, a horas avanzadas de la noche, su forma de hablar, por lo demás tan delicada y como rondando siempre un mutismo inefable, se endurecía a menudo con el vino de una manera peculiar y, entonces, podía aguzarse en una malicia relampagueante. Pero, por debajo, solía sufrir él más que aquéllos sobre cuyas cabezas descargaba como un rayo la daga de sus palabras en el corro enmudecido, pues en tales momentos parecía de una veracidad tal que le partiera auténticamente el corazón. Por lo demás era un hombre callado, ensimismado, pero en modo alguno reservado; al contrario, sabía entenderse bondadoso y humano como el que más con gente sencilla y franca de cualquier clase social, de la más alta a la más baja, con que tuvieran el corazón "en su sitio". Bienes apenas le quedaban, tener libros siempre le pareció superfluo, y acabó "liquidando" por lo que le dieran todo su Dostoievski, al que veneraba fervientemente... Entonces estalló la guerra, y Trakl tuvo que ir al frente en su antiguo puesto de farmacéutico militar con un hospital volante. A Galitzia. Al principio aquello pareció romper el hielo y arrancarle a su pesadumbre. Pero luego, tras la retirada de Grodeck, recibí desde el hospital de plaza de Cracovia, adonde se le había llevado para observación por su estado psíquico, un par de cartas suyas que sonaban como llamadas de socorro de su alma."

Von Ficker



"¿Quién pudo él bien ser?"

Rilke

Arthur Rimbaud, la precocidad y la autodestrucción


(A un poeta futuro, con mis mejores deseos, le suelo advertir con mordacidad: no te equivoques, eres demasiado joven, tú no eres Rimbaud)


Lo primero que sorprende al estudiar la figura de Arthur Rimbaud es la precocidad y el corto espacio de tiempo en el que produce su obra. Consciente sin duda de que su vida iba a ser breve -pocos autores han sido tan autodestructivos como él- escribe todos su versos entre los 16 y los 20 años. Con posterioridad, olvidada por completo su actividad literaria, se dedica a las más diversas ocupaciones con un único interés: enriquecerse.

Nacido en el seno de la burguesía católica francesa, Jean-Nicolas-Arthur Rimbaud vino al mundo en Charleville el 20 de octubre de 1854. Fue su padre un extraño militar que, cuando sus ocupaciones en la guerra de Argelia se lo permitieron, redactó un 'Corán' anotado que nunca llegó a publicar. Aunque, indiscutiblemente, el origen del esporádico interés por la literatura de nuestro poeta hay que buscarlo en esas veleidades literarias de su progenitor, Fréderic Rimbaud -el padre del prodigio- nunca llegó a publicar nada.

Pese a la separación de sus padres, la infancia de Rimbaud es todo lo grata que puede serlo la de un hijo de la burguesía. "Alumno dócil, querido de sus maestros, aventajado en todas las disciplinas y ganador de todos los premios", según alguno de sus biógrafos, el joven Arthur se "tuerce" tras la lectura de Théophile Gautier, Théodre de Banville, José María de Heredia, François Coppé y Paul Verlaine en 'Le Parnasse contemporaine'. Lógicamente, será a dicha publicación a donde el poeta remita sus primeros versos; lógicamente también, no se los publican -según se ha escrito después porque cuando llegan el número en cuestión está cerrado-. Si publicará, no obstante, 'Les Étrennes des orphelins' -que pasa por ser su primer poema- en la Revue pour tous. Corre el año 1870.

"Todo menos trabajar"

Así las cosas, el jovencísimo Arthur decide marchar a París sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo. El dinero que tiene para el billete no es suficiente, de modo que se cuela en el tren. Detenido y encarcelado, será su profesor de retórica -Georges Izambard- quien acuda en su auxilio. Cuando vuelve a Charleville sólo tiene una idea: "todo menos trabajar". Del joven dócil y aplicado que meses atrás fuera no queda más que el recuerdo. De modo que cuando en París estalla la Comuna (1871), Rimbaud corre a la capital a reunirse con los comuneros. Junto a los revolucionarios redactará himnos y manifiestos, pero el burgués que hay en él no tardará en manifestarse: les abandona por sus groserías y la mala calidad de su dieta alimenticia. Es entonces cuando el joven maestro, desengañado del ideal revolucionario, abraza el nihilismo, merced a ello concebirá algo inusitado hasta entonces: una poesía que busca inspiración en la disipación, la negación absoluta de todos los valores -tanto los revolucionarios como los burgueses- y el abismo. En una carta remitida a un amigo en mayo de ese año estima que el poeta tiene que convertirse en el "gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito y el sabio supremo".

Finalizada su experiencia en la Comuna, un anarquista amigo de Izamard le pone en contacto con Paul Verlaine, a quien remitirá el poema "El barco ebrio". A la sazón, Rimbaud cuenta 17 años; el autor de los 'Poemas saturnianos', diez más. La influencia que aquél ejercerá sobre éste será fatal. La amistad que les une dará mucho que hablar en los cenáculos literarios, donde se dice Rimbaud es definido com una "señorita saturniana". Perdidamente enamorado, Verlaine dejará atrás su familia y su modesto empleo de funcionario para viajar con Rimbaud a Bélgica y a Inglaterra. Se engaña, lo que para él no es más que un frenesí que viene a justificar su propuesta estética, para Rimbaud es el vértigo de la autodestrucción. Las veladas de absenta y hachís de los dos poetas constan en los anales del desorden y el exceso, entre una y otra, Rimbaud escribe 'Una temporada en el infierno' (1873). Finalmente, Verlaine, enloquecido y celoso, descerraja un tiro en el pecho de Rimbaud.

Hacerse rico

Recluido Verlaine en una cárcel belga, Rimbaud regresa a Francia, pero su carrera literaria se ha visto seriamente afectada por el escándalo de Verlaine. El resto de los escritores le dan la espalda. Ante este panorama, el primero de los poetas malditos se instala en Inglaterra. A partir de 1874 deja de escribir. Durante los 17 años siguientes sólo le moverá un interés: hacerse rico. Puesto a ello no dudará en ser mercenario en las colonias holandesas y tratante de esclavos en Abisinia. Mientras tanto, en Europa, es el mismo Verlaine el primero en reivindicar a Rimbaud al publicar los poemas de su antiguo amante -'Iluminaciones' (1886)- e incluirle en su ensayo 'Los poetas malditos'.

Rimbaud regresa a Francia para morir en Marsella en 1891. Su legado -una poesía que alcanza la grandeza por la negación de toda la tradición cultural- no tiene parangón.


Javier Bemba

17/6/11

Punto y seguido


Llegados a este punto toca hacer balance y reflexión de los meses que me han pasado por encima. A menudo la experiencia es tan devastadora que no deja tiempo a detenerse en los recovecos de la acción absurda. Este estado de resaca espiritual llega cuando el yo advierte que se estaba perdiendo en cantidades. La cantidad asola al individuo porque el individuo es limitado y tan solo es capaz de exprimir un espacio concreto, todavía no hemos alcanzado el don o la tragedia de la ubicuidad. Este ser que se debate y se contradice, soltado en mitad de una existencia vertiginosa tiende al absoluto, al ansia de un todo imposible que la poesía va desgranando inútilmente a través de lo concreto efímero.

Es habitual que esto suceda, y también es cierto que no somos conscientes del daño que infringimos al yo hasta que la distancia del tiempo o los avisos del espíritu y del cuerpo abren luz a la evidencia trastocada de la realidad tangible. Más allá del personaje creado inconscientemente con el fin de proteger de la masa atroz al individuo sensible, se plantea la cuestión del arte. La cuestión de cómo influye la exposición pública del arte en el individuo libre y creador. Cómo influye la opinión en su libertad creadora, de tal modo que si no estuviese a salvo de ella jamás podría volver a crear en condiciones de libertad y de originalidad. Quizá para algunos pasara a formar parte de un mercado y perdería su esencia, la fuerza de su arte.

Reflexiono a cerca de todo esto atravesado por el empirismo, jamás me atrevería a hablar de algo que no he experimentado y cuando me expreso, me expreso desde mi subjetividad, dejando claro que no pretendo estar en posesión de la verdad ni generar ningún tipo de opiniones encontradas. Compartir experiencias. Escuchar. Algo más difícil en una actualidad que rebosa de noticias rápidas y opiniones prefabricadas. Qué difícil se hace compartir experiencias sinceras de viva voz, pero esa generosidad que a veces brota en los recovecos de la existencia es suficiente para abrir el cuadro de la vida y observar la luz que brilla más allá del fondo oscuro
.


Ningún poeta y ningún creador puede ser creíble sin experiencia. El problema de la experiencia es cuando ésta se confunde con el ego y con la perversión velada del “para quién escribo”. El enfoque debe ser tan personal que nadie debería entrar a valorar las intenciones de ninguna obra más allá del contenido real estético de la misma obra. No es sólo el placer estético sino también el poso de vida que entrevemos, la originalidad de una voz abierta a la otredad. Insisto, originalidad hay en el talento natural pero este se desvirtúa con el paso del tiempo y las trampas del ego a través de la experiencia.

Entroncamos así con otra vieja problemática, la que enfrenta o aúna vida y obra. Sabemos de artistas comprometidos con la sociedad. De artistas comprometidos con su entorno. De artistas comprometidos con lo elevado, dios, el infierno, Grecia, el cosmos. De todos estos etcéteras el artista creo que debería estar comprometido en primer y último lugar con su propia vida. La sinceridad representa la prueba de fuego que atraviesa cualquier espíritu evolucionado que se mueve en los teatros del arte donde también bullen confundidas pasiones humanas, apariencias, deseos, espejos, vidas. El ego es la trampa mortal de cualquier humano dedicado al arte por encima de todas las cosas de la existencia. El arte sana, embellece, purifica. A menudo es necesario caer muy abajo para levantarse hacia las cumbres de lo excelso, y así repetidamente. La contradicción constante de espíritus afines a lo largo de la historia de la literatura deja constancia de que la experiencia es un motor que no hay que refrenar de manera inquisitiva.

Sin embargo, con el paso de los años, uno aprende a la vez que es carne mortal y efímera, que su poesía pertenece al individuo que la escribe y la dice, y que ese individuo es inseparable de sus vivencias, de sus sensaciones y de su sentimiento hacia otras personas que por especiales han de ser también contadas. El arte podrá ser universal, pero el hombre es limitado.
Sinceridad y humildad, balanza de toda creación auténtica.
"La poesía es una perra, una ramera que no te deja vivir"

Vicente Núñez

16/6/11




El trabajo esclaviza al hombre.

El ocio lo margina en un tiempo vacío.
La poesía anida en Eros y Thanatos.

15/6/11

EL PROCESO DE DESHUMANIZACIÓN


En esta pregunta por el hombre tenemos que ser conscientes que el único ser que puede negar su humanidad es el hombre. El proceso de degradación del hombre no es el animal sino su deshumanidad. Tenemos que identificar la deshumanización y las situaciones límite.


El mismo hombre es el que propicia el proceso de deshumanización. En este momento existen grandes desequilibrios de orden económico, social. El progreso técnico y científico aumenta, aumentan las amenazas de desnutrición. El hombre tiene que manejar una conciencia crítica, tales son las manifestaciones o síntomas en el proceso de deshumanización actual.

1. Masificación: Se origina en el paso del feudalismo a la industrialización. ¿Por qué? En el feudalismo la economía es muy familiar. Con la industrialización empiezan las empresas, el trabajador tiene que llegar al centro, ya es una multitud de familias desplazadas en busca de un trabajo. La masificación es el hombre anónimo considerado en masa. El aislamiento creciente del hombre. La manifestación lleva a perder la individualidad mediante una cultura estandarizada hecha para multitudes.

2. La Cosificación: El hombre deja de ser él mismo, humano, persona; pasa a ser un simple medio e instrumento, y así se produce el fenómeno de la alienación o enajenación (Sacado de sí mismo, en manos de otro, ponerlo a nivel o categoría de las cosas) se da en el plano de todas las relaciones humanas. Veamos por partes:

Relaciones de trabajo: El trabajador es un instrumento que sirve en la manera en que produce, y es objeto de ganancia, se le califica. Además de esto, sus condiciones de vida están sometidas a la plusvalía. Se cosifica el trabajador, de una competencia entre sí, los mecanismos de ascenso, las tácticas de presión y chantaje, crean una atmósfera cotidiana de servilismo. Hay condiciones de trabajo que convierten al hombre en un medio, que terminan esclavizándolo estas condiciones.

Proceso de Cosificación en las relaciones humanas: Los intereses sociales y económicos se mezclan con los sentimientos y los afectos. Esto lleva a constituir una compleja red de apariencias donde predominan: la ostentación, el poder. La relación está mediatizada por el interés y la utilidad, el otro es un medio para el negocio y la influencia. Se valora a los otros en función de su dinero y poderío social, lo que lleva a implantar un sentido de antivalores:

* Actitud Maquiavélica: El fin justifica a los medios.
* La Hipocresía: La apariencia: importa dar la sensación de algo distinto, ganarme el otro.
* La Mediocridad: El hombre vive de lo que se vive, de la conveniencia.

3. La Opresión: Este fenómeno se vive particularmente en América Latina y su primera y fundamental razón es la angustia vital producida por el hombre: analfabetismo, insalubridad, desnutrición, desempleo. Luego aparece la negación sistemática y colectiva del hombre, esto expresado en las dictaduras de corte fascista. La injusticia social, la explotación del hombre por el hombre, la brecha entre ricos y pobres cada días es más grande, honda y profunda. La violación sistemática de los derechos humanos de donde sea, sistemas sociales, políticos, que violan la dignidad de la persona humana.