Ahora que apenas escribo poemas los transeúntes me paran insultándome, estancándome en el fango de mi propia existencia. Yo que nací para avanzar sin tregua con el rayo del lenguaje y olvidar así el humo de todas las ideas que me queman. "Poeta", sentencian, tal vez con ironía. Y se me paran los relojes del espejo, y no tengo mar donde cobijar estos ojos sedientos de eternidad.