"Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita. (...) Para mí sólo recorrer los caminos que tienen corazón. Esos recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. "











Caín, un enfoque gnóstico: Demian









Caín en la Biblia

Génesis 1:4:1 - 1:4:26

“El hombre conoció a Eva su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín. Entonces ella dijo: “¡He adquirido un varón de parte de Jehovah!”
Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín labrador de la tierra.
Aconteció después de un tiempo que Caín trajo, del fruto de la tierra, una ofrenda a Jehovah.
Abel también trajo una ofrenda de los primerizos de sus ovejas, lo mejor de ellas. Y Jehovah miró con agrado a Abel y su ofrenda,
pero no miró con agrado a Caín ni su ofrenda. Por eso Caín se enfureció mucho, y decayó su semblante.
Entonces Jehovah dijo a Caín: —¿Por qué te has enfurecido? ¿Por qué ha decaído tu semblante?
Si haces lo bueno, ¿no serás enaltecido? Pero si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta y te seducirá; pero tú debes enseñorearte de él.
Caín habló con su hermano Abel. Y sucedió que estando juntos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.
Entonces Jehovah preguntó a Caín: —¿Dónde está tu hermano Abel? Y respondió: —No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?
Le preguntó: —¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.
Ahora pues, maldito seas tú, lejos de la tierra que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.
Cuando trabajes la tierra, ella no te volverá a dar su fuerza. Y serás errante y fugitivo en la tierra.
Caín dijo a Jehovah: —¡Grande es mi castigo para ser soportado!
He aquí que me echas hoy de la faz de la tierra, y me esconderé de tu presencia. Seré errante y fugitivo en la tierra, y sucederá que cualquiera que me halle me matará.
Jehovah le respondió: —No será así. Cualquiera que mate a Caín será castigado siete veces. Entonces Jehovah puso una señal sobre Caín, para que no lo matase cualquiera que lo hallase.
Así partió Caín de delante de Jehovah, y habitó en la tierra de Nod, al oriente de Edén.
Caín conoció a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Enoc. Caín edificó una ciudad a la cual llamó según el nombre de su hijo Enoc.
A Enoc le nació Irad. E Irad engendró a Mejuyael. Mejuyael engendró a Metusael. Y Metusael engendró a Lamec.
Lamec tomó para sí dos mujeres. El nombre de la una fue Ada; y el nombre de la otra, Zila.
Ada dio a luz a Jabal, quien llegó a ser el padre de los que habitan en tiendas y crían ganado.
El nombre de su hermano fue Jubal, quien llegó a ser padre de todos los que tocan el arpa y la flauta.
Zila también dio a luz a Tubal-caín, maestro de todos los que trabajan el bronce y el hierro. Y la hermana de Tubal-caín fue Naama.
Entonces Lamec dijo a sus mujeres: “Ada y Zila, oíd mi voz. Oh mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Yo maté a un hombre, porque me hirió; maté a un muchacho, porque me golpeó.
Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec lo será setenta y siete veces.”
Adán conoció de nuevo a su mujer, y ella dio a luz un hijo y llamó su nombre Set, diciendo: “Porque Dios me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín.”
A Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces se comenzó a invocar el nombre de Jehovah.





Adán hubo de advertirlo.

-         Cada vez te distancias más de nosotros y de Yahvé – le reconvino-. Ten cuidado, Caín. Tus fuerzas no son bastantes para resistir la soledad. La soledad es el más terrible castigo.

Caín no pudo ocultarlo.

-         Es verdad – confesó-. No puedo sentirme ligado con quienes no saben ser justos, al no dar a cada uno, ni exigir para cada uno lo que por sus obras merece. Menos aún puedo unir mi suerte a la de quienes se complacen en dar gracias a quien los hizo infelices y desgraciados, víctimas de la injusticia, como si debiera agradecerse el mal que injustamente se hace o se recibe. Desde luego, no puedo elevar preces a quien, personalmente, me distingue con su saña. No le debo nada, sino ofensas, y sería hipócrita si obrase de otro modo. Ya tienes explicado por qué me siento cada vez más extraño entre vosotros y me aparto cada día más de Yahvé. Acabaré yéndome de vosotros y olvidándome de Yahvé.

Adán palideció.

-         No seas impío Caín – pronunció-. Nos debes la vida. Le debes la vida.

Caín aclaró:

-         Os debo el dolor de mi vida. Le debo el dolor de saber que sufro víctima de la injusticia. Me creo con derecho a pediros cuentas de lo que hicisteis conmigo. Tengo derecho a pedirle explicaciones del porqué de mi vida, de la vida de todos nosotros. ¿Para qué os creó? ¿Por qué permitió que yo naciera? ¿Por qué entre vuestra creación y mi nacimiento dispuso la tragicomedia del Paraíso? ¿Por qué se goza en conservar el Paraíso, si lo ha hecho inaccesible a nosotros?

Adán temblaba.
-         Tenle miedo, Caín; es el Supremo Juez. Puede quitarte la vida. Nosotros te la dimos por su gracia.

Caín insistió:
-         No tengo miedo a perder lo que tanto me atormenta. Si he de luchar y padecer para luego morir, sin obtener jamás la recompensa intuida, no vale la pena vivir. Si he de saber lo que es justo, y no he de verlo en mi torno, sino todo lo contrario, mejor sería morir.

Adán lloraba.
-         ¡Pobre Caín, hijo mío! Para ti no hay salvación, porque has perdido la inocencia y rebosas de la ciencia que nos dio el árbol maldito, ¡y la ciencia es dolor, y nada más que dolor!  Sólo la humildad podría salvarte; pero la humildad, que es inocencia, se abate ante el orgullo de la ciencia, y queda hecha trizas. ¡Yahvé tenga compasión de ti!


     Al separarse de su padre, Caín lloraba, pero estaba sereno. Ahora sabía lo que sentía, lo que le hacía extraño entre los suyos. Sentía odio. ¡Odio! Odio a la injusticia.
   Era el fruto del resentimiento, como éste lo era del fruto maldito del árbol de la ciencia del bien y del mal.



Caín es el primer hombre nacido de hombre y mujer, el primero que sigue, en su trayectoria vital, el camino de todos los hombres, de cualquier hombre: desde la cuna hasta la sepultura. Es el primero hombre que, en contradicción perenne, trabaja y lucha, delinque y crea. Es el padre, el antecesor de todos los hombres. El primer hombre con alma ambivalente: buena y mala. Es el iniciador, el creador de la cultura y de la civilización, el punto de arranque del progreso. Antes de él, nada: el hombre sólo tiene a Dios. Después de él, todo, lo de siempre: el hombre en su soledad, en lucha consigo mismo y con los elementos, olvidado de Dios o en lucha con Dios.
      Su vida viene a ser, pues, paradigma de todas las vidas. Su personalidad viene a ser paradigma del hombre, de todos los hombres. He aquí su drama, su gran drama: partió de un pasado, ajeno a su ser y a su voluntad, y hubo de laborarse un porvenir, fruto de su esfuerzo, de su propio ser. El pasado era la inocencia. El presente era la ciencia. El porvenir era la incertidumbre. ¡He aquí el drama: la incertidumbre, pese a la ciencia y al propio esfuerzo! 


 Un enfoque gnóstico

Todos conocemos lo que ocurrió después de la “caída” del hombre, según el Génesis. Adán y Eva fueron expulsados del paraíso y tuvieron hijos. Primero Caín y luego Abel. Todos sabemos que “Dios no aceptaba los sacrificios que le dedicaba Caín y sí aceptaba los de Abel”. Entonces Caín, lleno de celos, se abalanzó sobre su hermano y lo mató. Todos sabemos eso, siempre hemos pensado “que malo que es Caín”, “mató al hermano, que horrible”. Caín era el malo y Abel era el bueno, esa es la interpretación que nos llega por el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Incluso San Agustín, cuando nos da su interpretación del mito de Caín y Abel, equipara a Caín con los judíos y a Abel con Cristo. Dice San Agustín que los judíos mataron a Cristo así como Caín mató a Abel. San Agustín, como la mayoría, continúa la tradición de que Abel era el bueno y Caín el malo.
Está muy claro en la biblia, Caín es castigado por Dios, es desterrado. Esto es visto como algo lógico y normal: Caín es el malo y Abel el bueno. La interpretación Gnóstica es totalmente distinta.
La Gnosis sostiene que Caín no fue hijo de Adán, que Eva engendró a su primer hijo, Caín, con la Serpiente, con Lucifer. La Serpiente Lucifer fecundó a Eva con su aliento. Ó sea que Caín no fue un niño totalmente humano, nacido de la carne. Tuvo algo Espiritual muy grande, porque su padre era Lucifer, proveniente del mundo incognoscible del Espíritu.
Por el contrario, Abel fue hijo de Adán y Eva, o sea que Abel sí fue un hijo de la carne.
Tenemos ahora una primera diferencia entre ambos hermanos: Caín es superior a Abel. Caín es hijo de Eva y de Lucifer, la Serpiente iniciadora del Edén. Caín es hijo del Espíritu y la carne. Abel, por el contrario, es hijo solamente de la carne. Eso en primer lugar, ahora tenemos que Caín no es alguien malo, es alguien superior, es alguien importante, mucho más que Abel.
En segundo lugar, tanto Caín como Abel realizan sacrificios al dios creador para complacerlo, ofrendándole cosas que le agradan a él. Caín le sacrifica elementos vegetales y Abel animales, corderos por ejemplo. Según la biblia, esto último es lo que más agrada al creador: la sangre del animal muerto y el olor a carne quemada del cadáver. Al creador, dice la biblia, le gustaban los sacrificios que le dedicaba Abel y no los de Caín. Pareciera que Caín no sentía muchos deseos de complacer al creador, pues le ofrecía unas pocas semillas sin mucha devoción, como si no estuviera realmente convencido de la conveniencia de realizar sacrificios. Lógicamente, los sacrificios de Abel eran aceptados por el creador y los de Caín no. Caín sentía rechazo por los sacrificios dedicados al creador, por su origen, porque era hijo de Lucifer, porque poseía en su interior la chispa divina del Ángel de la Luz. Por eso no realizaba bien los sacrificios al creador, le repugnaba hacerlo, pues él no pertenecía a este mundo creado. Abel en cambio, quien no era de naturaleza Espiritual sino animal, realizaba bien los sacrificios, los que sí eran del agrado del creador.
Una antigua leyenda nos relata lo que dijo en un momento Abel a su hermano Caín: “Mi sacrificio, mi ofrenda fue aceptada por Dios porque yo le amo, tu ofrenda en cambio fue rechazada porque tu le odias”. Ahora está todo bien claro, ¡cómo no va a odiar al creador si es un hijo del Espíritu, si su naturaleza es Espiritual! Ahí está bien claro. Todas estas leyendas y mitos que rodean al Génesis nos dicen muchas cosas. A través de ellos caemos en cuenta que mucha información nos ha sido tergiversada y ocultada.
También son muy interesantes otras palabras que Caín dice a su hermano. En una pequeña frase está resumida toda la posición de él. Estas palabras son clave: “No hay ley, ni juez” (Gen., 4:8). Caín está negando la autoridad del dios creador y que deba rendirle culto y obediencia.
Posteriormente vemos que Caín asesina a su hermano Abel. Esto es algo muy profundo porque significa que el Espíritu rechaza, destruye, asesina al alma. Abel, presentado como puro amor y devoción en la biblia, según los Gnósticos representa al alma del hombre. Caín, por el contrario, es el representante del Espíritu, por eso su hostilidad y su odio. La hostilidad y el odio propios del Espíritu, pues el Espíritu realmente aborrece este mundo impuro, plagado de mandamientos injustos y absurdos. Por eso la resistencia de Caín a realizar sacrificios, por eso su desobediencia a los mandatos del creador. Caín y Abel son tan opuestos e irreconciliables como lo son el Espíritu y el alma.
El alma es amor puro, no el Amor Verdadero sino lo que conocemos como amor, lo que creemos que es el amor, lo que nos han dicho que es el amor, que en realidad es odio. El Espíritu es lo contrario, es percibido como odio puro, hostilidad y venganza. Al haber sido encadenado a esta creación satánica sólo puede sentir hostilidad y odio, es decir, lo que los hombres ordinarios conocen como odio. El Espíritu, que es Amor Puro, sólo puede sentir aversión y repugnancia ante esta asquerosidad. Por eso desea destruirla, porque para Él la creación es una monstruosidad deforme que no debió haber existido jamás. Esto es lo que simboliza el asesinato de Abel por su hermano Caín.
Caín, con todos sus actos se ha emancipado totalmente del creador y de su propio cuerpo y alma. A través de sus actos contra el dios creador y contra su medio hermano Abel, se ha emancipado de una vez y para siempre del dios inferior y de su creación impura y defectuosa. Con sus actos se ha transformado en un opositor, en un enemigo eterno del demiurgo y de su obra.
Todo este episodio de Caín y Abel, tal como está en el Génesis bíblico y en leyendas como las del midrash judío, entre otras, ha sido interpretado por los Gnósticos de una manera totalmente opuesta a la aceptada.
Después de cometer su Acto Supremo, dice la biblia que Caín fue maldecido por dios y expulsado de ese lugar. “Maldecido y expulsado”, el mismo destino de la Serpiente del paraíso. Fue lógico que así sucediera, porque Caín se había convertido en un opositor absoluto del dios creador, pero además ocurrieron otras cosas muy interesantes que vamos a destacar aquí.
En primer lugar, vemos que Caín ha sido maldecido y desterrado por el dios creador. Eso que pudiera parecer un castigo, para un Gnóstico es todo lo contrario. Ser maldecido y desterrado por el creador es un honor para un Gnóstico. Es la reacción lógica del demiurgo frente a quien lo ha desafiado y abofeteado, frente a quien se ha hecho igual o superior a él. Caín es un desterrado porque se ha transformado totalmente, se ha desterrado exitosamente por sí mismo y ya no pertenece a este mundo aunque siga habitándolo. La biblia dice que el creador lo desterró, pero Caín es un emancipado, un liberado en vida, que con sus actos maldijo al creador y se desterró a sí mismo de esta creación abominable.
En segundo lugar, cuentan algunas leyendas judías que el creador ha castigado para siempre a Caín con la falta de sueño, condenándolo a no poder dormir, a la vigilia permanente. Para un Gnóstico eso no es un castigo sino un triunfo. Estar siempre despierto es una ventaja, una virtud, un logro importante. Caín se ha despertado por sí mismo, desobedeciendo los preceptos del creador y “asesinando” a su alma.
En tercer lugar, la biblia dice que el creador protegió a Caín, no permitiendo que nadie le hiciera daño o matara. Este es otro dato muy interesante. Dicen los Gnósticos que el hombre que se ha transformado en puro Espíritu, aunque siga habitando el cuerpo físico es un inmortal, un intocable. Nada ni nadie puede dañarlo, nadie puede atacarlo, ya no tiene miedo, pues está por encima de todo y ya nunca morirá. Está en este mundo pero fuera de este mundo. Está fuera de la materia y fuera del tiempo, ya no forma parte de la creación. Es un desterrado de este mundo por propia voluntad. El dios creador ya no lo puede dañar, porque Caín se ha vuelto superior a él.
En cuarto lugar, la biblia dice que el creador puso una marca en Caín, un signo para que todos lo reconocieran y no le hicieran daño. Antiguas leyendas judías dicen que ese signo era un cuerno en la frente. Un cuerno en la frente significa poder, el poder que proviene del Espíritu, el poder que lo distingue de los demás hombres. Esa dureza en la frente significa que el Espíritu se ha liberado y ha tomado posesión del cuerpo, solidificándolo, Espiritualizándolo. Nadie le puso una marca a Caín. Caín la consiguió por sí mismo. Cuando esto ocurre, lo advierten los demás hombres y la creación entera. Todo Espíritu liberado de la prisión de la materia tendrá esa marca por toda la eternidad. Ya nunca será el Espíritu que era antes del encadenamiento a la materia. Esa marca característica es el cuerpo transformado, duro como el diamante, a quien el Espíritu ha transmutado en inmortal y eterno. Este será su eterno recuerdo, la prueba imperecedera de su paso por el infierno y de su triunfo sobre él.


Demian

Demian es una obra del escritor Hermann Hesse y que sigue una línea relacionada con el enfoque gnosticista del mito de Caín y el paso de una edad infantil a otra edad más adulta donde el peligro acecha a la sensibilidad del protagonista Emile Sinclair. El guía, revelador de las profundidades de la existencia es Demian que está marcado con el estigma de Caín y es diferente a todos los demás. Ese estigma le otorga una misteriosa fuerza que fascina a Emile Sinclair a la vez que le produce cierto temor ante lo desconocido. Antes de que aparezca Demian, Emile Sinclair siente miedo ante las amenazas de otro personaje, Kromer, quien le fuerza a hacer cosas que no quiere poniendo en peligro la estabilidad familiar y el terreno del hogar. Esta es otra contradicción que aparece en la obra, el hogar paterno frente a la realidad adulta, la vida cómoda frente a los sacrificios de la realidad de fuera. Es una constante en todas las obras de Hesse.
Centrándonos en esta obra la superación del miedo que tiene Sinclair hacia Kromer, viene con la llegada de Max Demian, un joven que Sinclair conoce en su escuela y por quien adquiere una gran simpatía. Demian hace que Kromer se vaya definitivamente de la vida de Sinclair, para que éste pueda ser libre del yugo que tanto daño le causó. Demian contribuye a disipar el miedo infantil de Emile (“En general, no hay por qué tener miedo a nadie. Cuando se tiene miedo a alguien es porque se le ha dado poder sobre uno”)

Así comienza la estrecha relación entre Demian y Sinclair, quienes hablan del episodio bíblico de Caín, el cual se estaba impartiendo en la escuela. Caín tiene una señal especial, es una señal que supera el miedo. Demian se cuestiona:
“Que un hombre mate a su hermano en una disputa es cosa muy posible, y también lo es que luego sienta miedo y se humille. Pero que su cobardía sea recompensada especialmente con una distinción que le protege e inspira miedo a todos los demás, eso es ya muy raro… Aquel hombre era poderoso e infundía temor. Tenía una señal… ¡Caín un hombre noble y Abel un cobarde!”
Los hijos de Caín son aquellos que tienen la señal. Sinclair puede convencerse de que ha superado su mundo de Abel, aquel mundo luminoso, pasando a hundirse en el otro, en el mundo exterior.

De igual manera tarde que temprano, con la pubertad y el fin de la infancia, ese mundo luminoso se derrumbaría al crecer Emilio. Tendrá que experimentar cosas que la inocencia de la infancia desconoce, sentirá atracción sexual, melancolía, y otros anhelos diferentes al amor paternal. Emilio sentirá la llegada de su pubertad:
“Todos los hombres viven momentos difíciles. Para los de nivel general, es éste el punto de la existencia en el que surge la máxima oposición entre el avance de la propia vida y el mundo exterior, el punto en que se hace más difícil la vida pasan por aquel morir y renacer que es nuestro destino, sólo esta vez, cuando todo lo que hemos llegado amar quiere abandonarnos y sentimos de repente en nosotros la soledad y el frío mortal de los espacios infinitos”

Hesse plantea la figura de Caín como la de un elegido, como aquellos seres amorales que no temen la vida ni la muerte, lo que significa aceptar la vida, decir sí. Caín es también un designado por Dios, su marca no sería entonces un castigo, sino una especie de galardón con el que a Caín se le da un poder, pues a partir de entonces todos le temerán y quienes osen en enfrentarlo no disfrutarán de un destino muy benéfico. La marca de Caín es la marca del elegido, de alguien que se ha enfrentado a Dios. Caín representa la libertad del Hombre frente al Creador, es el espíritu de un hombre autodeterminado que entiende la justicia a su modo. Matar a su hermano Abel significa que no acepta la justicia del Señor. Él se hace a sí mismo justicia matando al preferido de Dios.



El libro nos muestra la realidad de dos mundos, el del hogar, artificioso y aburrido, y el de la calle, un mundo real con lo que todo ello conlleva. Sinclair, el protagonista del libro, percibe tal incompatibilidad de mundos… más que incompatibilidad, distanciamiento, pues ambos mundos no son sino parte de un mismo espacio: esta dualidad puede asemejarse a la dualidad entre paraíso y mundo terrenal bíblico. Esta visión hace que Sinclair despierte; el mensaje esencial del libro es la “pérdida de la inocencia”, es decir, una novela que habla sobre el proceso del hombre en sus diferentes etapas vitales, desde la infancia, pasando por la adolescencia. Hesse plasma perfectamente el terror juvenil a la vida, ese miedo a la muerte y en cómo los hombres intentan afrontarlo.

Es destacable que en la obra de Hesse se cite en repetidas veces a Abraxas, un dios o daimon que representaba el bien y el mal, relacionado en algunas culturas con el demonio. La novela está impregnada de teorías propias del gnosticismo en las que Hesse profundizó a lo largo de su vida. Abraxas representa lo bueno y lo malo en una misma cosa, no divididas y contrapuestas sino en síntesis.  

























Bibliografía
                                         

La Biblia

Caín, Ramírez, Jose A. Planeta, 1965

Demian, Hermmann Hesse, Alianza Editorial, 1999



Multiplicador de sentidos, el poema es superior a todos sus sentidos posibles. Y aunque todos ellos nos hubieran sido dados, el poema habría de retener aún de su naturaleza lo que en rigor lo constituye, la fascinación del enigma.


En el Tao, la gestación es ya el nacimiento del ser humano. En la tradición china, la edad de un niño se contaba no a partir de su nacimiento, sino de su concepción. También el poema nace al comenzar una larga gestación previa a lo que cabría llamar la escritura exterior. (Vive con tus poemas antes de escribirlos, dice en su bella lengua Carlos Drumond de Andrade.) En realidad, el poema no se escribe, se alumbra.


Ginebra, agosto de 1.992 



José Ángel Valente 

En 'Obra poética', Alizanza Editorial, Madrid, 1999




En mi ropa en la manta en el sofá hay pelos

tuyos que se enredan sigilosos
atándome los pies, desatando los recuerdos
Los rastreo y recojo
y los he ido anudando
uno por uno, para hacerte un collar
que me sirva, de paso, como soga
Lo ataré de noche a la bombilla del salón
subiré a una silla,
y después de meterme la cabeza, y proferir
las palabras de sobra conocidas
daré una leve patada, y veré entonces
si son débiles los lazos de nuestro amor

                 (poema tomado de su libro Canciones bajo el muérdago. Editorial Estruendomudo. 2003)




Adán hubo de advertirlo.

-         Cada vez te distancias más de nosotros y de Yahvé – le reconvino-. Ten cuidado, Caín. Tus fuerzas no son bastantes para resistir la soledad. La soledad es el más terrible castigo.

Caín no pudo ocultarlo.

-         Es verdad – confesó-. No puedo sentirme ligado con quienes no saben ser justos, al no dar a cada uno, ni exigir para cada uno lo que por sus obras merece. Menos aún puedo unir mi suerte a la de quienes se complacen en dar gracias a quien los hizo infelices y desgraciados, víctimas de la injusticia, como si debiera agradecerse el mal que injustamente se hace o se recibe. Desde luego, no puedo elevar preces a quien, personalmente, me distingue con su saña. No le debo nada, sino ofensas, y sería hipócrita si obrase de otro modo. Ya tienes explicado por qué me siento cada vez más extraño entre vosotros y me aparto cada día más de Yahvé. Acabaré yéndome de vosotros y olvidándome de Yahvé.

Adán palideció.

-         No seas impío Caín – pronunció-. Nos debes la vida. Le debes la vida.

Caín aclaró:

-         Os debo el dolor de mi vida. Le debo el dolor de saber que sufro víctima de la injusticia. Me creo con derecho a pediros cuentas de lo que hicisteis conmigo. Tengo derecho a pedirle explicaciones del porqué de mi vida, de la vida de todos nosotros. ¿Para qué os creó? ¿Por qué permitió que yo naciera? ¿Por qué entre vuestra creación y mi nacimiento dispuso la tragicomedia del Paraíso? ¿Por qué se goza en conservar el Paraíso, si lo ha hecho inaccesible a nosotros?

Adán temblaba.
-         Tenle miedo, Caín; es el Supremo Juez. Puede quitarte la vida. Nosotros te la dimos por su gracia.

Caín insistió:
-         No tengo miedo a perder lo que tanto me atormenta. Si he de luchar y padecer para luego morir, sin obtener jamás la recompensa intuida, no vale la pena vivir. Si he de saber lo que es justo, y no he de verlo en mi torno, sino todo lo contrario, mejor sería morir.

Adán lloraba.
-         ¡Pobre Caín, hijo mío! Para ti no hay salvación, porque has perdido la inocencia y rebosas de la ciencia que nos dio el árbol maldito, ¡y la ciencia es dolor, y nada más que dolor!  Sólo la humildad podría salvarte; pero la humildad, que es inocencia, se abate ante el orgullo de la ciencia, y queda hecha trizas. ¡Yahvé tenga compasión de ti!


     Al separarse de su padre, Caín lloraba, pero estaba sereno. Ahora sabía lo que sentía, lo que le hacía extraño entre los suyos. Sentía odio. ¡Odio! Odio a la injusticia.
   Era el fruto del resentimiento, como éste lo era del fruto maldito del árbol de la ciencia del bien y del mal.



Caín es el primer hombre nacido de hombre y mujer, el primero que sigue, en su trayectoria vital, el camino de todos los hombres, de cualquier hombre: desde la cuna hasta la sepultura. Es el primero hombre que, en contradicción perenne, trabaja y lucha, delinque y crea. Es el padre, el antecesor de todos los hombres. El primer hombre con alma ambivalente: buena y mala. Es el iniciador, el creador de la cultura y de la civilización, el punto de arranque del progreso. Antes de él, nada: el hombre sólo tiene a Dios. Después de él, todo, lo de siempre: el hombre en su soledad, en lucha consigo mismo y con los elementos, olvidado de Dios o en lucha con Dios.
      Su vida viene a ser, pues, paradigma de todas las vidas. Su personalidad viene a ser paradigma del hombre, de todos los hombres. He aquí su drama, su gran drama: partió de un pasado, ajeno a su ser y a su voluntad, y hubo de laborarse un porvenir, fruto de su esfuerzo, de su propio ser. El pasado era la inocencia. El presente era la ciencia. El porvenir era la incertidumbre. ¡He aquí el drama: la incertidumbre, pese a la ciencia y al propio esfuerzo!



"Sus incontables y extravagantes rarezas son en gran parte producto, fácilmente explicable, de su vida solitaria. Si hombres a los que se llama razonables y que se retiran de la vida en sociedad durante años, llegan, especialmente si no trabajan, a cosas que ni siquiera a un loco de remate se le ocurrirían, cuánto más un desdichado que, tras una juventud llena de esperanzas y alegrías, llena de hermosura y riqueza, debido a una funesta combinación de las circunstancias y a un espíritu excesivamente sensible, a un espíritu asaz sobreexcitado, vive décadas enteras lejos de cualquier contacto con el mundo y no cuenta para pasar el tiempo con nada más que con el ruinoso mecanismo de su facultad de pensar"


Wilhelm Waiblinger, sobre Hölderlin




nota de Octavio Paz

Los “poetas malditos” no son una creación del romanticismo: son el fruto de una sociedad que expulsa aquello que no puede asimilar. La poesía ni ilumina ni divierte al burgués. Por eso destierra al poeta y lo transforma en un parásito o en un vagabundo. De ahí también que los poetas no vivan, por primera vez en la historia, de su trabajo. Su labor no vale nada y este no vale nada se traduce precisamente en no ganar nada. El poeta debe buscar otra ocupación –desde la diplomacia hasta la estafa– o perecer de hambre. Esta situación se confunde con el nacimiento de la sociedad moderna: el primer poeta “loco” fue Tasso; el primer “criminal” Villon. Los Siglos de Oro españoles están poblados de poetasmendigos y la época isabelina de líricosrufianes. Góngora mendigó toda su vida, hizo trampas en el juego y acabó sitiado por los acreedores; Lope acudió a la tercería; en la vejez de Cervantes hay un penoso incidente en el que aparecen con luz equívoca mujeres de su familia; Mira de Mescua, canónico en Granada y dramaturgo en Madrid, cobraba por un empleo que no desempeñaba; Quevedo, con varia fortuna, se entregó a la política; Alarcón se refugió en la alta burocracia…Marlowe fue asesinado en una oscura intriga, después de haber sido acusado de ateísmo y libertinaje; Jonson fue poeta laureado y recibía, amén de una suma de dinero, una barrica anual de vino: ambas insuficientes; Donne cambió de casaca y así logró ascender a Deán de San Pablo… En el siglo XIX la situación social de los poetas empeora. Desaparecen los mecenas y sus ingresos disminuyen, con excepciones como la de Hugo. La poesía no se cotiza, no es un valor que puede transformarse en dinero como la pintura. Las “tiradas de lujo” no han sido tanto una manifestación del espíritu de secta de la nueva poesía como un recurso para vender más caros, en razón del poco número de ejemplares, libros que de todos modos el gran público no ha de comprar. El Manifiesto Comunista afirma que “la burguesía ha convertido al médico, al abogado, al sacerdote, al poeta y al hombre de ciencia en servidores pagados” Esto es verdad, con una excepción: la burguesía cerró sus cajas de caudales a los poetas. Ni criados, ni bufones: parias, fantasmas, vagos. 


Octavio Paz 
(en "El arco y la lira")



-¿Existe alguna fórmula que sea posible seguir para ser un buen novelista?


-99% de talento... 99% de disciplina... 99% de trabajo. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un artista es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.

-¿Quiere usted decir que el artista debe ser completamente despiadado?

-El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo...

-Entonces la falta de seguridad, de felicidad, honor, etcétera, ¿sería un factor importante en la capacidad creadora del artista?

-No. Esas cosas sólo son importantes para su paz y su contento, y el arte no tiene nada que ver con la paz y el contento.

-Entonces, ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?

-El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán "señor". Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán "señor". Y él podrá tutearse con los policías. De modo, pues, que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.

-¿Bourbon?

-No, no soy tan melindroso. Entre escocés y nada, me quedo con escocés.

-Usted mencionó la libertad económica. ¿La necesita el escritor?

-No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.

-¿Trabajar para el cine es perjudicial para su propia obra de escritor?

-Nada puede perjudicar la obra de un hombre si éste es un escritor de primera, nada podrá ayudarlo mucho. El problema no existe si el escritor no es de primera, porque ya habrá vendido su alma por una piscina.

-Usted dice que el escritor debe transigir cuando trabaja para el cine. ¿Y en cuanto a su propia obra? ¿Tiene alguna obligación con el lector?

-Su obligación es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga la gana. Yo, por mi parte, estoy demasiado ocupado para preocuparme por el público. No tengo tiempo para pensar en quién me lee. No me interesa la opinión de Juan Lector sobre mi obra ni sobre la de cualquier otro escritor. La norma que tengo que cumplir es la mía, y esa es la que me hace sentir como me siento cuando leo La tentación de Saint Antoine o el Antiguo Testamento. Me hace sentir bien, del mismo modo que observar un pájaro me hace sentir bien. Si reencarnara, sabe usted, me gustaría volver a vivir como un zopilote. Nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo quiere, ni lo necesita. Nadie se mete con él, nunca está en peligro y puede comer cualquier cosa.

-¿Qué técnica utiliza para cumplir su norma?

-Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error. El buen artista cree que nadie sabe lo bastante para darle consejos, tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al escritor viejo, quiere superarlo.

-Entonces, ¿usted niega la validez de la técnica?

-De ninguna manera. Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes de que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con Mientras agonizo. No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es. Fue sencillo en cuanto que todo el material estaba ya a la mano. La composición de la obra me llevó sólo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a las catástrofes naturales universales, que son la inundación y el fuego, con una motivación natural simple que le diera dirección a su desarrollo. Pero cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido. Porque en mi caso siempre hay un punto en el libro en el que los propios personajes se levantan y toman el mando y completan el trabajo. Eso sucede, digamos, alrededor de la página 275. Claro está que yo no sé lo que sucedería si terminara el libro en la página 274. La cualidad que un artista debe poseer es la objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto. Puesto que ninguna de mis obras ha satisfecho mis propias normas, debo juzgarlas sobre la base de aquélla que me causó la mayor aflicción y angustia del mismo modo que la madre ama al hijo que se convirtió en ladrón o asesino más que al que se convirtió en sacerdote.

-¿Qué obra es ésa?

-El Sonido y la Furia. La escribí cinco veces distintas, tratando de contar la historia para librarme del sueño que seguiría angustiándome mientras no la contara. Es una tragedia de dos mujeres perdidas: Caddy y su hija. Dilsey es uno de mis personajes favoritos porque es valiente, generosa, dulce y honrada. Es mucho más valiente, honrada y generosa que yo.

-¿Cómo empezó El Sonido y la Furia?

-Empezó con una imagen mental. Yo no comprendí en aquel momento que era simbólica. La imagen era la de los fondillos enlodados de los calzoncitos de una niña subida a un peral, desde donde ella podía ver a través de una ventana el lugar donde se estaba efectuando el funeral de su abuela y se lo contaba a sus hermanos que estaban al pie del árbol. Cuando llegué a explicar quiénes eran ellos y qué estaban haciendo y cómo se habían enlodado los calzoncitos de la niña, comprendí que sería imposible meterlo todo en un cuento y que el relato tendría que ser un libro. Y entonces comprendí el simbolismo de los calzoncitos enlodados, y esa imagen fue reemplazada por la de la niña huérfana de padre y madre que se descuelga por el tubo de desagüe del techo para escaparse del único hogar que tiene, donde nunca ha recibido amor ni afecto ni comprensión. Yo había empezado a contar la historia a través de los ojos del niño idiota, porque pensaba que sería más eficaz si la contaba alguien que sólo fuera capaz de saber lo que sucedía, pero no por qué. Me di cuenta de que no había contado la historia esa vez. Traté de volver a contarla, ahora a través de los ojos de otro hermano. Tampoco resultó. La conté por tercera vez a través de los ojos del tercer hermano. Tampoco resultó. Traté de reunir los fragmentos y de llenar las lagunas haciendo yo mismo las veces de narrador. Todavía no quedó completa, hasta quince años después de la publicación del libro, cuando escribí, como apéndice de otro libro, el esfuerzo final para acabar de contar la historia y sacármela de la cabeza de modo que yo mismo pudiera sentirme en paz. Ese es el libro por el que siento más ternura. Nunca pude dejarlo de lado y nunca pude contar bien la historia, aun cuando lo intenté con ahínco y me gustaría volver a intentarlo, aunque probablemente fracasaría otra vez.

-¿Qué emoción suscita Benjy en usted?

-La única emoción que puedo sentir por Benjy es aflicción y compasión por toda la humanidad. No se puede sentir nada por Benjy porque él no siente nada. Lo único que puedo sentir por él personalmente es preocupación en cuanto a que sea creíble tal cual yo lo creé. Benjy fue un prólogo, como el sepulturero en los dramas isabelinos. Cumple su cometido y se va. Benjy es incapaz del bien y del mal porque no tiene conocimiento alguno del bien y del mal.

-¿Podía Benjy sentir amor?

-Benjy no era lo suficientemente racional ni siquiera para ser un egoísta. Era un animal. Reconocía la ternura y el amor, aunque no habría podido nombrarlos; y fue la amenaza a la ternura y al amor lo que lo llevó a gritar cuando sintió el cambio en Caddy. Ya no tenía a Caddy; siendo un idiota, ni siquiera estaba consciente de la ausencia de Caddy. Sólo sabía que algo andaba mal, lo cual creaba un vacío en el que sufría. Trató de llenar ese vacío. Lo único que tenía era una de las pantuflas desechadas de Caddy. La pantufla era la ternura y el amor de Benjy que éste podría haber nombrado, y sólo sabía que le faltaban. Era mugroso porque no podía coordinar y porque la mugre no significaba nada para él. Así como no podía distinguir entre el bien y el mal, tampoco podía distinguir entre lo limpio y lo sucio. La pantufla le daba consuelo aun cuando ya no recordaba la persona a la que había pertenecido, como tampoco podía recordar por qué sufría. Si Caddy hubiese reaparecido, Benjy probablemente no la habría reconocido.

-¿Ofrece ventajas artísticas el componer la novela en forma de alegoría, como la alegoría cristiana que usted utilizó en Una fábula?

-La misma ventaja que representa para el carpintero construir esquinas cuadradas al construir una casa cuadrada. En Una fábula, la alegoría cristiana era la alegoría indicada en esa historia particular, del mismo modo que una esquina cuadrada oblonga es la esquina indicada para construir una casa rectangular oblonga.

-¿Quiere decir que un artista puede usar el cristianismo simplemente como cualquier otra herramienta, de la misma manera que un carpintero tomaría prestado un martillo?

-Al carpintero del que estamos hablando nunca le falta ese martillo. A nadie le falta cristianismo, si nos ponemos de acuerdo en cuanto al significado que le damos a la palabra. Se trata del código de conducta individual de cada persona, por medio del cual ésta se hace un ser humano superior al que su naturaleza quiere que sea si la persona sólo obedece a su naturaleza. Cualquiera que sea su símbolo -la cruz o la media luna o lo que fuere-, ese símbolo es para el hombre el recordatorio de su deber como miembro de la raza humana. Sus diversas alegorías son los modelos con los que se mide a sí mismo y aprende a conocerse. La alegoría no puede enseñar al hombre a ser bueno del mismo modo que el libro de texto le enseña matemáticas. Le enseña cómo descubrirse a sí mismo, cómo hacerse de un código moral y de una norma dentro de sus capacidades y aspiraciones al proporcionarle un ejemplo incomparable de sufrimiento y sacrificio y la promesa de una esperanza. Los escritores siempre se han nutrido, y siempre se nutrirán de las alegorías de la conciencia moral, por la razón de que las alegorías son incomparables: los tres hombres de Moby Dick, que representan la trinidad de la conciencia: no saber nada, saber y no preocuparse, y saber y preocuparse. La misma trinidad está representada en Una fábula por el viejo aviador judío, que dice "Esto es terrible. Me niego a aceptarlo, aun cuando deba rechazar la vida para hacerlo"; el viejo cuartelmaestre francés, que dice: "Esto es terrible, pero podemos llorar y soportarlo"; y el mismo mensajero del batallón inglés que dice: "Esto es terrible, voy a hacer algo para remediarlo".

-¿Fueron reunidos en un solo volumen los dos temas no relacionados de Las palmeras salvajes con algún propósito simbólico? ¿Se trata, como sugieren algunos críticos, de una especie de contrapunto estético o de una simple casualidad?

-No, no. Aquello era una historia: la historia de Charlotte Rittenmeyer y Harry Wilbourne, que lo sacrificaron todo por el amor y después perdieron eso. Yo no sabía que iban a ser dos historias separadas sino después de haber empezado el libro. Cuando llegué al final de lo que ahora es la primera sección de Las palmeras salvajes, comprendí súbitamente que faltaba algo, que la historia necesitaba énfasis, algo que la levantara como el contrapunto en la música. Así que me puse a escribir El viejo hasta que Las palmeras salvajes volvió a ganar intensidad. Entonces interrumpí El viejo en lo que ahora es su primera parte y reanudé la composición de Las palmeras salvajes hasta que empezó a decaer nuevamente. Entonces volví a darle intensidad con otra parte de su antítesis, que es la historia de un hombre que conquistó su amor y pasó el resto del libro huyendo de él, hasta el grado de volver voluntariamente a la cárcel en que estaría a salvo. Son dos historias sólo por casualidad, tal vez por necesidad. La historia es la de Charlotte y Wilbourne.

-¿Qué porción de sus obras se basan en la experiencia personal?

-No sabría decirlo. Nunca he hecho la cuenta, porque la "porción" no tiene importancia. Un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación. Cualesquiera dos de ellas, y a veces una puede suplir la falta de las otras dos. En mi caso, una historia generalmente comienza con una sola idea, un solo recuerdo o una sola imagen mental. La composición de la historia es simplemente cuestión de trabajar hasta el momento de explicar por qué ocurrió la historia o qué otras cosas hizo ocurrir a continuación. Un escritor trata de crear personas creíbles en situaciones conmovedoras creíbles de la manera más conmovedora que pueda. Obviamente, debe utilizar, como uno de sus instrumentos, el ambiente que conoce. Yo diría que la música es el medio más fácil de expresarse, puesto que fue el primero que se produjo en la experiencia y en la historia del hombre. Pero puesto que mi talento reside en las palabras, debo tratar de expresar torpemente en palabras lo que la música pura habría expresado mejor. Es decir, que la música lo expresaría mejor y más simplemente, pero yo prefiero usar palabras, del mismo modo que prefiero leer a escuchar. Prefiero el silencio al sonido, y la imagen producida por las palabras ocurre en el silencio. Es decir, que el trueno y la música de la prosa tienen lugar en el silencio.

-Usted dijo que la experiencia, la observación y la imaginación son importantes para el escritor. ¿Incluiría usted la inspiración?

-Yo no sé nada sobre la inspiración, porque no sé lo que es eso. La he oído mencionar, pero nunca la he visto.

-Se dice que usted como escritor está obsesionado por la violencia.

-Eso es como decir que el carpintero está obsesionado con su martillo. La violencia es simplemente una de las herramientas del carpintero. El escritor, al igual que el carpintero, no puede construir con una sola herramienta.

-¿Puede usted decir cómo empezó su carrera de escritor?

-Yo vivía en Nueva Orleáns, trabajando en lo que fuera necesario para ganar un poco de dinero de vez en cuando. Conocí a Sherwood Anderson. Por las tardes solíamos caminar por la ciudad y hablar con la gente. Por las noches volvíamos a reunirnos y nos tomábamos una o dos botellas mientras él hablaba y yo escuchaba. Antes del mediodía nunca lo veía. Él estaba encerrado, escribiendo. Al día siguiente volvíamos a hacer lo mismo. Yo decidí que si esa era la vida de un escritor, entonces eso era lo mío y me puse a escribir mi primer libro. En seguida descubrí que escribir era una ocupación divertida. Incluso me olvidé de que no había visto al señor Anderson durante tres semanas, hasta que él tocó a mi puerta -era la primera vez que venía a verme- y me preguntó: "¿Qué sucede? ¿Está usted enojado conmigo?". Le dije que estaba escribiendo un libro. Él dijo: "Dios mío", y se fue. Cuando terminé el libro, La paga de los soldados, me encontré con la señora Anderson en la calle. Me preguntó cómo iba el libro y le dije que ya lo había terminado. Ella me dijo: "Sherwood dice que está dispuesto a hacer un trato con usted. Si usted no le pide que lea los originales, él le dirá a su editor que acepte el libro". Yo le dije "trato hecho", y así fue como me hice escritor.

-¿Qué tipo de trabajo hacía usted para ganar ese "poco dinero de vez en cuando"?

-Lo que se presentara. Yo podía hacer un poco de casi cualquier cosa: manejar lanchas, pintar casas, pilotar aviones. Nunca necesitábamos mucho dinero porque entonces la vida era barata en Nueva Orleáns, y todo lo que quería era un lugar donde dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Había muchas cosas que yo podía hacer durante dos o tres días a fin de ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes. Yo soy, por temperamento, un vagabundo y un golfo. El dinero no me interesa tanto como para forzarme a trabajar para ganarlo. En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas... lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás.

-Usted debe sentirse en deuda con Sherwood Anderson, pero, ¿qué juicio le merece como escritor?

-Él fue el padre de mi generación de escritores norteamericanos y de la tradición literaria norteamericana que nuestros sucesores llevarán adelante. Anderson nunca ha sido valorado como se merece. Dreiser es su hermano mayor y Mark Twain el padre de ambos.

-Y, ¿en cuanto a los escritores europeos de ese período?

-Los dos grandes hombres de mi tiempo fueron Mann y Joyce. Uno debe acercarse al Ulysses de Joyce como el bautista analfabeto al Antiguo Testamento: con fe.

-¿Lee usted a sus contemporáneos?

-No; los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como se vuelve a los viejos amigos: El Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes... leo el Quijote todos los años, como algunas personas leen la Biblia. Flaubert, Balzac -éste último creó un mundo propio intacto, una corriente sanguínea que fluye a lo largo de veinte libros-, Dostoyevski, Tolstoi, Shakespeare. Leo a Melville ocasionalmente y entre los poetas a Marlowe, Campion, Jonson, Herrik, Donne, Keats y Shelley. Todavía leo a Housman. He leído estos libros tantas veces que no siempre empiezo en la primera página para seguir leyendo hasta el final. Sólo leo una escena, o algo sobre un personaje, del mismo modo que uno se encuentra con un amigo y conversa con él durante unos minutos.

-¿Y Freud?

-Todo el mundo hablaba de Freud cuando yo vivía en Nueva Orleáns, pero nunca lo he leído. Shakespeare tampoco lo leyó y dudo que Melville lo haya hecho, y estoy seguro de que Moby Dick tampoco.

-¿Lee usted novelas policíacas?

-Leo a Simenon porque me recuerda algo de Chéjov.

-¿Y sus personajes favoritos?

-Mis personajes favoritos son Sarah Gamp: una mujer cruel y despiadada, una borracha oportunista, indigna de confianza, en la mayor parte de su carácter era mala, pero cuando menos era un carácter; la señora Harris, Falstaf, el Príncipe Hall, don Quijote y Sancho, por supuesto. A lady Macbeth siempre la admiro. Y a Bottom, Ofelia y Mercucio. Este último y la señora Gamp se enfrentaron con la vida, no pidieron favores, no gimotearon. Huckleberry Finn, por supuesto, y Jim. Tom Sawyer nunca me gustó mucho: un mentecato. Ah, bueno, y me gusta Sut Logingood, de un libro escrito por George Harris en 1840 ó 1850 en las montañas de Tenesí. Lovingood no se hacía ilusiones consigo mismo, hacía lo mejor que podía; en ciertas ocasiones era un cobarde y sabía que lo era y no se avergonzaba; nunca culpaba a nadie por sus desgracias y nunca maldecía a Dios por ellas.

-Y, ¿en cuanto a la función de los críticos?

-El artista no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores leen las críticas, los que quieren escribir no tienen tiempo para leerlas. El crítico también está tratando de decir: "Yo pasé por aquí". La finalidad de su función no es el artista mismo. El artista está un peldaño por encima del crítico, porque el artista escribe algo que moverá al crítico. El crítico escribe algo que moverá a todo el mundo menos al artista.

-Entonces, ¿usted nunca siente la necesidad de discutir sobre su obra con alguien?

-No; estoy demasiado ocupado escribiéndola. Mi obra tiene que complacerme a mí, y si me complace entonces no tengo necesidad de hablar sobre ella. Si no me complace, hablar sobre ella no la hará mejor, puesto que lo único que podrá mejorarla será trabajar más en ella. Yo no soy un literato; sólo soy un escritor. No me da gusto hablar de los problemas del oficio.

-Los críticos sostienen que las relaciones familiares son centrales en sus novelas.

-Esa es una opinión y, como ya le dije, yo no leo a los críticos. Dudo que un hombre que está tratando de escribir sobre la gente esté más interesado en sus relaciones familiares que en la forma de sus narices, a menos que ello sea necesario para ayudar al desarrollo de la historia. Si el escritor se concentra en lo que sí necesita interesarse, que es la verdad y el corazón humano, no le quedará mucho tiempo para otras cosas, como las ideas y hechos tales como la forma de las narices o las relaciones familiares, puesto que en mi opinión las ideas y los hechos tienen muy poca relación con la verdad.

-Los críticos también sugieren que sus personajes nunca eligen conscientemente entre el bien y el mal.

-A la vida no le interesa el bien y el mal. Don Quijote elegía constantemente entre el bien y el mal, pero elegía en su estado de sueño. Estaba loco. Entraba en la realidad sólo cuando estaba tan ocupado bregando con la gente que no tenía tiempo para distinguir entre el bien y el mal. Puesto que los seres humanos sólo existen en la vida, tienen que dedicar su tiempo simplemente a estar vivos. La vida es movimiento y el movimiento tiene que ver con lo que hace moverse al hombre, que es la ambición, el poder, el placer. El tiempo que un hombre puede dedicarle a la moralidad, tiene que quitárselo forzosamente al movimiento del que él mismo es parte. Está obligado a elegir entre el bien y el mal tarde o temprano, porque la conciencia moral se lo exige a fin de que pueda vivir consigo mismo el día de mañana. Su conciencia moral es la maldición que tiene que aceptar de los dioses para obtener de éstos el derecho a soñar.

-¿Podría usted explicar mejor lo que entiende por movimiento en relación con el artista?

-La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida. Puesto que el hombre es mortal, la única inmortalidad que le es posible es dejar tras de sí algo que sea inmortal porque siempre se moverá. Esa es la manera que tiene el artista de escribir "Yo estuve aquí" en el muro de la desaparición final e irrevocable que algún día tendrá que sufrir.

-Malcom Cowley ha dicho que sus personajes tienen una conciencia de sumisión a su destino.

-Esa es su opinión. Yo diría que algunos la tienen y otros no, como los personajes de todo el mundo. Yo diría que Lena Grove en Luz de agosto se entendió bastante bien con la suya. Para ella no era realmente importante en su destino que su hombre fuera Lucas Birch o no. Su destino era tener un marido e hijos y ella lo sabía, de modo que fue y los tuvo sin pedirle ayuda a nadie. Ella era la capitana de su propia alma. Uno de los parlamentos más serenos y sensatos que yo he escuchado fue cuando ella le dijo a Byron Bunch en el instante mismo de rechazar su intento final, desesperado, desesperanzado, de violarla, "¿No te da vergüenza? ¡Podías haber despertado al niño!" No se sintió confundida, asustada ni alarmada por un solo momento. Ni siquiera sabía que no necesitaba compasión. Su último parlamento, por ejemplo: "No llevo viajando más que un mes y ya estoy en Tenesí. Vaya, vaya, cómo rueda uno". La familia Brunden, en Mientras agonizo, se las arregló bastante bien con su destino. El padre, después de perder a su esposa, necesitaba naturalmente otra, así que se la buscó. De un solo golpe no sólo reemplazó a la cocinera de la familia, sino que adquirió un fonógrafo para darles gusto a todos mientras descansaban. La hija embarazada no logró deshacerse de su problema esa vez, pero no se descorazonó. Lo intentó nuevamente, y aun cuando todos los intentos fracasaron, al fin y al cabo no fue más que otro bebé.

-¿Qué le sucedió a usted entre La paga de los soldados y Sartoris? Es decir, ¿cuál fue el motivo de que usted empezara a escribir la saga de Yoknapatawpha?

-Con La paga de los soldados descubrí que escribir era divertido. Pero más tarde descubrí que no sólo cada libro tiene que tener un designio, sino que todo el conjunto o la suma de la obra de un artista tiene que tener un designio. La paga de los soldados y Mosquitos los escribí por el gusto de escribir, porque era divertido. Comenzando con Sartoris descubrí que mi propia parcela de suelo natal era digna de que se escribiera acerca de ella y que yo nunca viviría lo suficiente para agotarla, y que mediante la sublimación de lo real en lo apócrifo yo tendría completa libertad para usar todo el talento que pudiera poseer, hasta el grado máximo. Ello abrió una mina de oro de otras personas, de suerte que creé un cosmos de mi propiedad. Puedo mover a esas personas de aquí para allá como Dios, no sólo en el espacio sino en el tiempo también. El hecho de que haya logrado mover a mis personajes en el tiempo, cuando menos según mi propia opinión, me comprueba mi propia teoría de que el tiempo es una condición fluida que no tiene existencia excepto en los avatares momentáneos de las personas individuales. No existe tal cosa como fue; sólo es. Si fue existiera, no habría pena ni aflicción. A mí me gusta pensar que el mundo que creé es una especie de piedra angular del universo; que si esa piedra angular, pequeña y todo como es, fuera retirada, el universo se vendría abajo. Mi último libro será el libro del Día del Juicio Universal, el Libro de Oro del Condado de Yoknapatawpha. Entonces quebraré el lápiz y tendré que detenerme.

...

Los protagonistas de estos textos son personajes que entran en una turbulencia de identidad en el tránsito de la adolescencia a la vida adulta. En el momento de crisis más evidente abandonan su hogar para iniciar un viaje, o mejor dicho el proceso que debe llevar a la madurez y culminar en el caso feliz en la vuelta a la casa (la patria romántica) para asumir los deberes burgueses, es decir, contraer matrimonio, fundar una familia y asegurar profesionalmente la continuidad del negocio paterno. Si por el contrario el joven viajante fracasa, la ficción le ofrece dos posibilidades: o se vuelve loco o muere.

...


No solamente Goethe y Nietzsche sino también Thomas Mann y Hermann Hesse, a quien se puede denominar el último romántico si pensamos por ejemplo en su Lobo estepario, están presentes en esta obra de Wagner, que por su complejidad se puede entender como drama tanto revolucionario como artístico. Y los dos momentos tienen sus antípodas en lo conservador y lo burgués. Por lo tanto se forma una textura recíproca que se nos presenta en varias facetas y que podemos descifrar como conflicto entre espíritu y cuerpo. Entre el romanticismo alemán y las vanguardias de principios del siglo XX está Richard Wagner, un romántico tardío, que trata a su manera el eterno conflicto del hombre que se mueve entre la felicidad sensual de la diosa pagana y la paz, la tranquilidad de los instintos que le propone la imagen de la angélica Elisabeth. Tannhäuser, al optar por la primera, se afilia a la lista de los outsiders románticos, de los solitarios cuyos reinos no son de este mundo y que, de esta manera, inician el drama moderno del hombre artista. Pero en el final de la ópera, donde se relaciona el arte con el principio de la divinidad cristiana, Wagner ya está escribiendo el prefacio de Parsifal.

Los solipsistas afirman
que nadie más existe,
pero siguen escribiendo... para otros.

Los conductistas sostienen
que los que piensan no aprenden,
pero siguen pensando... sin desanimarse.

Los subjetivistas descubren
que todo está en la mente,
pero siguen sentándose... en sillas de verdad.

Los seguidores de Popper niegan
la posibilidad de probar,
pero siguen buscando... la verdad.

Los existencialistas afirman
que están completamente desesperados,
pero... siguen escribiendo.


W. H. Auden

(Resumen)

El presente trabajo se refiere al Oriente como imagen nacida gracias a experiencias de estudiosos orientalistas que viajaron entre la segunda mitad del siglo XVIII y todo el XIX. Se trata de una visión nueva de la realidad que aporta imágenes y fantasías diferentes en lo que se llamó Le Grand Tour, una experiencia viajera intensa, diferente, liberadora, repleta de imágenes oníricas y pulsiones que abren nuevos horizontes sensoriales fascinando al viajero occidental , es la visión desde occidente de lo “Otro”, la propia idea y el sueño de Oriente que aporta una nueva visión existencial, una apertura vital que cambia la manera de mirar del visitante europeo.

Byron se fijaba en el “oriente turco, de las navajas, de las ropas albanesas, de las ventanas cerradas frente al mar”. Flaubert prefería “el Oriente de los beduinos, de los desiertos, de las profundidades Africanas, con cocodrilos, camellos y jirafas”.

El siglo XIX se considera el núcleo de transformaciones y de aportaciones respecto al contacto entre los dos mundos. La campaña de Napoleón en Egipto (1798) determina el inicio del llamado “Resurgimiento Árabe” (Nahda), aunque las premisas ya se encontraban en Estambul. París se convierte pronto en el centro propulsor de la nueva conquista, abriendo numerosos centros de estudio.

Se cree que la alocución “viaje a Oriente” apareció por vez primera en las palabras del criador de la primera y utópica visión oriental Alphonse De Lamartine, en sus Souvenirs, impressions, pensées et paysages pendant un voyage en Orient (1835). Víctor Hugo hace referencia en 1829 en Les Orientales.

Orientalismo. No sólo quien se dedica al estudio de los países y culturas orientales, sino también quien se deja fascinar hasta considerar “el otro” meta de desahogos fantásticos y sueños de huyas existenciales, como lugar por antonomasia donde proyectar el deseo imposible. Lujosos paisajes, erotismo, misterio, abundancia y fuerza militar. El orientalista por antonomasia es como irónicamente decía Flaubert en el Dictionnaire des ideés reçues, quien “haya viajado mucho”.

Flaubert junto a Edward Said, quien escribió una obra capital titulada Orientalismo, son los representantes más significativos de la compleja y larga aventura europea hacia el nuevo mundo.

El viaje a Oriente forma parte de una exigencia íntima que muchos artistas advierten respecto a su formación. Es una aventura que siempre sucede dentro de distintos parámetros dentro de los cuales el Oriente se va reinterpretando y reviendo: Said habla de una “forma de reestructuración romántica” del Oriente.

La liberación desde los vínculos burgueses y los sesos de CULPA conectados a la sociedad de origen llevan a Flaubert, y con él muchos, de Conrad a Gide, a hacer del oriente un lugar de EXPERIENCIAS NUEVAS, anómalas, pero con las cuales se libera un proceso de recreación de personalidad y obra. La idea misma de creatividad parece conectada a la LIBERACIÓN ofrecida por el Grand Tour.

Según Said Sawman el Oriente es una invención de la mente europea, una construcción ideológica que no corresponde a una precisa realidad histórica y cultural.

El paradigma Rimbaud-Gauguin, dos genios que escaparon de Occidente tras haber derramado su genio precoz, será una constante, es decir, se va hacia oriente para encontrar a un “otro” mundo, porque ya se odia a Occidente, porque ya se quiere huir de la propia cultura madre. El concepto de “Otro” es crucial, el oriente puso raíces en Europa para todo un siglo, llegando a ser punto de meditación a cerca de lo que significa “Otro”

Citaremos a Paul Klee, Flaubert y Anaïs Nin para terminar este resumen. En sus obras hay constancia de sus viajes a oriente. Flaubert en Salambó estableció el cliché de la cortesana oriental tal y como él la había percibido. Anäis Nin profundizó más en la esencia y en los secretos de Oriente en sí sin dejarse llevar por el estereotipo sino interiorizando perfumes, sonidos, lenguajes, metáforas escondidas, fundiéndose con el “otro” de forma natural. Otro tanto podría decirse de Klee.



Bibliografía

Abdur Raheem: Orientalism in Lord Byron´s ´Turkish Tales´The Giaour (1813), The Bryde of Abydos (1813), The Corsair (1814) and The Siege of Corinth (1816)

Anais Nin: Il Diario-v II (traducción italiana) 1934-1939 Ed. Laterza 1983

Attilio Brilli: Il viaggio in Oriente, Capitolo 1. I veli dell´Oriente, Capitolo 2. I confini del desiderio, pag. 23-26, Ed. Il Mulino

Edward Said: Orientalismo (traducción italiana), Ed. Bollati Boringhieri, 1991

Erdmute Heller y Hassouna Moshabi: Dietro il velo, Amore e sessualità nella cultura araba (traducción italiana), Ed. Laterza 1996

Gustave Flaubert: Cinq lettres d´Egypte, Ed. Mil et une nuits, 2002


José Antonio Pamies

Diciembre, 2010


Poema-ejercicio anexo sugerido por el trabajo

http://creacionenmarcha.blogspot.com/2011/01/abrazado-lo-otro.html




















9 de octubre

No pienso en mí. Pienso en mí en los demás, en su hostilidad documentada. Pienso en mí en el amor de Sara.
Un lazo en el que el lazo es el arma.


12 de octubre

Debo perder la costumbre de ejercer mi pensamiento.
Algún día, recobraré mi pluma, mi voz.
¿Sabré emplearlas?
La página blanca es página de paciencia.
Sombra gigantesca.
Sombra de las sombras desparramadas por el mundo.
La noche es una mariposa nocturna en la noche de las lámparas.

(De diario de Yukel)

7 de marzo
No escribiré nada acerca de lo que he visto. Escribo al pie del instante que esquivo, a rastras
de una pregunta preñada de preguntas.
El mar es mi casa.
No escribiré nada acerca de la calle, el follaje del árbol ahogado.
No escribiré nada acerca de la bestialidad de los hombres, la palabra profanada.
Inocente y culpable, distanciada en el corazón y en los ojos de mi padre y de mi madre,
por una resurgencia de demencia
cuyas gradas son las piedras calcinadas.
Sola, en mi terror a mirar por encima de la tapia.
Sola, en mi penumbra obstinada.

(De diario de Sara I)






Universo de mi quehacer en el que, como perlas de sudor en un pecho moreno, brilla la sed, ¿sabré distraer
de la aurora la página por escribir,
por enfriar con palabras precavidas, mejores que el agua bajo la roca?
La muerte posee la suavidad de la sombra. La sed se contenta con su cama.
Escribo mientras se despliega la noche.


Edmond Jabès