"Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita. (...) Para mí sólo recorrer los caminos que tienen corazón. Esos recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. "







poema de Leonard Cohen



Porque resulta que soy libre

Todos conspiran para hacerme libre
Yo intenté sumarme a sus argumentos
pero había muy Pocas actitudes
y yo necesitaba bastantes
El abandonar a la muchacha adorable
no fue idea mía
pero ella se quedó dormida en la cama de alguien
Ahora más que nunca
deseo tener enemigos
Vosotros que florecéis
en el fácil mundo del amor moderno
tened cuidado conmigo
porque he desarrollado una terrible virginidad
y al encontrarse conmigo
todos aquellos que hayan sobrepasado el beso
perecerán sumidos en la vergüenza
con verrugas y pelos en las palmas de sus manos
Ya va siendo hora de que nuestros mejores hombres mueran
en el error y la iluminación
Moisés vigilando
David en su casa de sangre
Camus junto al río
Mis nuevas leyes favorecen
no el satori sino la perfección
por fin por fin
los judíos que van
demasiado lejos en el Sabbath
serán lapidados
Los católicos que blasfemen
sufrirán la electricidad aplicada
a sus genitales
Los budistas que adquieren propiedades
serán aserrados por la mitad
Los malos protestantes
tienen gobiernos
para hacerles la vida imposible
¡Ah! el universo vuelve al orden
Los nuevos rascacielos de Montreal
se chulean de los aparcamientos
como los ganadores de un concurso de higiene
una suite de encendidas ventanas aquí y allá
como una Banda de Primera Clase
otorgada como premio a una limpieza esmerada
Una muchacha que conocí
duerme en alguna cama
y de todas las cosas bonitas
que podría decir digo ésta
veo su cuerpo desconcertado
por las impresiones de las bocas
de todos los besos de todos los hombres
que ha conocido
como un piano arrabalero
anillado por años de vasos de cocktail
y mientras ella se da cuenta y tintinea
en la encantadora vieja y pecaminosa danza
yo camino bajo
la rubia lluvia de noviembre
castigándola con mi felicidad

El verbo ser


Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se sienta necesariamente a una mesa quitada en una terraza, de noche, a la orilla del mar. La desesperación es y no es el retorno de una serie de pequeños hechos como semillas que al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una piedra o el vaso de beber. Es un barco plagado de nieve, si queréis, como los pájaros que mueren y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña, delimitada por joyas de pelo. Es la desesperación. Un collar de perlas para el que no se sabría encontrar broche y cuya existencia no pende siquiera de un hilo, eso es la desesperación. Del resto no hablemos. Acabaríamos por desesperarnos si comenzáramos. Yo desespero del tragaluz hacia las cuatro, desespero del abanico hacia las doce, desespero del cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano permanece siempre ante la desesperación jadeando, ante la desesperación que los espejos jamás nos dicen si ha muerto. Vivo de esa desesperación que me encanta. Me gusta esa mosca azul que vuela por el cielo a la hora en que las estrellas canturrean. Conozco a grandes rasgos la desesperaci6n de los largos y frágiles asombros, la desesperaci6n de la soberbia, la desesperación de la ira. Me levanto todos los días como todo el mundo y extiendo los brazos sobre un papel de flores, no me acuerdo de nada, y siempre descubro con desesperaci6n los bellos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitación es bello como unas baquetas de tambor. Forma un tiempo de tiempo. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento que me ayuda. ¡Se tendrá idea de semejante desesperación! ¡Fuego! Ah, vendrán otra vez... ¡Socorro! Helos ahí cayendo por la escalera... Y los anuncios de periódico, los letreros luminosos a lo largo del canal. A grandes rasgos la desesperación carece de importancia. Es un incordio de estrellas que de nuevo va a formar un día de menos, es un incordio de días de menos que de nuevo va a formar mi vida.


André Breton

un poema de Paul Éluard

Sobre mis cuadernos de colegial
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia gruesa e insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean
Sobre las campanas de los colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas
Sobre las carreteras desplegadas
Sobre los lugares que desbordan
Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos
Espejo y mi habitación
Sobre mi cama vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre el mar del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida
Sobre la frente de mis amigos
Sobre cada mano que se tiende
Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Bien sobre el silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros aplastados
Sobre las paredes de mi problema
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre las marchas de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad

- Eugène Grindel -
(Francia, 1895-1952)
Eluard
Poeta francés nacido en St. Denis. Su verdadero nombre era Eugène Grindel. Su poesía es esencialmente lírica, aunque siempre basada en asuntos cotidianos y experiencias dramáticas de su propia vida. Durante la década de los años 20 y principios de los 30, Eluard se entregó a la experimentación poética y junto con Breton, Soupault y Aragon dio vida al movimiento surrealista, publicando Morir de no morir (1924), Capital del dolor (1926) y Los ojos fértiles (1936). El sueño frente a la realidad y la libre expresión del pensamiento se reflejan en sus poemas surrealistas de este periodo. Más tarde, influido por la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial, escribió poemas de contenido más político como Poesía y verdad (1942) y En la corte alemana (1944), en los que regresa a formas estilísticas más tradicionales.

un poema de Eduardo García

PARA NO RENUNCIAR AL ENTUSIASMO

Soñar despiertos siempre
para que los insectos de la herrumbre nos permitan tejer sin telarañas
para ser el hervor la levadura
y no el cemento gris que repta por los muros
pan crujiente en el horno del sol del mediodía fruta madura vértigo
y nunca más sedientos de imposible
reconocernos en el barro de un parabrisas sucio
soñar despiertos siempre
olvidar el autobús cautivo de su ruta el maquinal semáforo los maniquíes ciegos
abandonar el dique seco de los formularios la astucia del burócrata destilando en la tinta su cianuro
dar la espalda sin miedo a cuanto esperan de nosotros aquellos que veneran dos tristes palmos de suelo bajo sus pies
porque es vasta la tierra y a nadie pertenece su clamor
como nadie puede calcular la trayectoria de una grieta en un témpano de hielo
pero ahí está
desafiando la maquinaria de los astros
fiel a su andadura irregular a la belleza
de lo que niega toda simetría soñar
como rasga el torrente la maleza felino por instinto
despreciando
la fría servidumbre de los surtidores el agua encadenada a geometría
soñar despiertos siempre
para no obedecer la ley del amo las consignas
de los ventrílocuos feroces acudir
al futuro que llama a nuestra puerta pidiendo realidad
porque podemos esculpir la vida verdadera
escuchar la llamada de los sueños para rendir la piedra a nuestro afán
abrir surco en las calles sembrándolas de estrellas y de pájaros
de alamedas de cisnes regueros de palomas corrientes submarinas
una extensión de labios que sonríen de juncos que se mecen de amazonas
soñar despiertos siempre
para no renunciar al entusiasmo
y que el hombre no olvide su vocación de nube el súbito
resplandor incendiando su mirada
alfarero del mundo comadrona
que asiste al parto de sus propios sueños.


De La Vida Nueva

Visor, madrid 2008


http://www.eduardogarcia.eu/


Eduardo García nace en São Paulo en 1965, hijo de españoles. Vive pues su primera infancia a caballo entre dos lenguas. Permanece en Brasil hasta los siete años, edad en la que su familia decide regresar a España. Se traslada entonces a Madrid, ciudad donde transcurre su adolescencia y primera juventud. Cursa allí la Licenciatura en Filosofía, especializándose en Estética. Profesor de Filosofía, obtiene en 1991 una plaza en Córdoba, donde reside en la actualidad.

Como poeta es autor de los libros Las cartas marcadas (1995), No se trata de un juego (1998; 2ª ed. 2004), Horizonte o frontera (Hiperión, 2003), Refutación de la elegía (Antigua Imprenta Sur, 2006) y La vida nueva (Visor, 2008). Ha reunido una selección de su obra en Las acrobacias del deseo (2009) y Casa en el árbol (San José de Costa Rica, 2011). Recientemente ha publicado Antologia pessoal (ed. bilingüe, Brasilia, 2011), una amplia muestra de su poesía traducida al portugués.

Por su libro No se trata de un juego recibió el Premio Hispanoamericano de Poesía «Juan Ramón Jiménez», así como el Premio «Ojo Crítico» de Radio Nacional al mejor libro de joven poesía del año. Horizonte o frontera obtuvo el Premio Internacional de Poesía «Antonio Machado en Baeza». Su último libro, La vida nueva, ha recibido el VI Premio de Poesía «Fray Luis de León».

Su obra ha sido recogida en numerosas antologías de poesía última española: La generación del 99 (José Luis García Martín, 1999), Pasar la página (Manuel Rico, 2000), la bilingüe Poesía espanhola, anos 90 (Joaquim M. Magalhães, Lisboa, 2000), Yo es otro, autorretratos de la nueva poesía (Josep Mª Rodríguez, DVD, 2001), La lógica de Orfeo (Luis Antonio de Villena, Visor, 2003), Última poesía española (1990-2005) (Rafael Morales Barba, Clásicos Marenostrum, 2006) y Diez poetas de los noventa (Luis Alberto de Cuenca, Madrid, 2008), entre otras.

Ha cultivado el ensayo sobre el fenómeno poético en sus libros Escribir un poema (2000, 2003; 3ª ed. El Olivo Azul, 2011) y Una poética del límite (Pre-Textos, 2005), donde ofrece una puesta al día en profundidad de nuestra actual concepción de la poesía a la luz de las ciencias humanas, la estética y el psicoanálisis contemporáneos.

Premio Nacional de la Crítica 2008 por su poemario La vida nueva.

Thomas Bernhard

Esta mañana he descubierto a este autor y ya voy por la tercera de sus narraciones autobiográficas, al fin encuentro una voz propia y original que me engancha, hacía mucho tiempo que no me sucedía y me alegro, al fin alguien con algo interesante que contarme, seguimos....

Así arranca este relato:

A los otros hombres los encontré en la dirección opuesta, al no ir ya al odiado instituto sino al aprendizaje que me salvaría, al ir, contra toda sensatez, muy de mañana, no ya con el hijo del alto funcionario al centro de la ciudad por la Reichenhaller Strasse, sino con el oficial de cerrajero de la casa de al lado a la periferia, por la Rudolf-Biebl-Strasse, no tomando el camino a través de los jardines descuidados y por delante de las artísticas villas, al colegio de la gran y la pequeña burguesía, sino por delante del asilo de ciegos y del asilo de sordomudos y por encima de los terraplenes del ferrocarril y a través de los jardincillos de las afueras y por delante de las vallas del campo de deportes de las proximidades del manicomio de Lehen, a la Alta Escuela de los marginados y los pobres, a la Alta Escuela de los locos y de los tenidos por locos del poblado de Scherhauserfeld, al barrio absoluto de los horrores de la ciudad, fuente de casi todos los procesos judiciales de Salzburgo, y al sótano como tienda de comestibles de Karl Podlaha, que era un hombre aniquilado y tenía un sensible carácter vienés, y que quiso ser músico y fue siempre un pequeño tendero. Los trámites de mi admisión en su establecimiento fueron de lo más breve. El señor Podlaha entró en la trastienda, en la que yo lo esperaba, y me echó una rápida ojeada y dijo que, si quería, podía quedarme en seguida, y abrió la puerta del armario y sacó uno de sus sobretodos y dijo que quizá me estaría bien ese sobretodo, y yo me puse el sobretodo, y el sobretodo, desde luego, no me estaba bien, pero podía llevarlo provisionalmente, varias veces dijo Podlaha provisionalmente, y entonces reflexionó brevemente y me llevó, a través de la tienda repleta de clientes, a la calle y a la casa de al lado, en la que estaba instalado el almacén. Allí debía barrer yo, hasta las doce del mediodía, con una escoba que mi patrón había descolgado súbitamente de la puerta del almacén y me había puesto en la mano. A las doce, él, Podlaha, hablaría conmigo de todo lo demás. Me dejó solo en el oscuro almacén, con su mezcla perversa de olores y con la humedad de todos los almacenes de comestibles, y tuve tiempo entretanto de meditar acerca de todo lo ocurrido. Yo no había dejado en paz a la funcionaria de la oficina de empleo y, en una hora, había conseguido lo que quería, un puesto de aprendiz en el poblado de Scherzhauserfeld, ocuparme de forma útil, como pensaba, entre los hombres y para los hombres. Tenía la sensación de haber escapado a uno de los mayores absurdos humanos, el instituto. De pronto sentía que mi existencia era otra vez una existencia útil. Había escapado a una pesadilla. Me veía ya rellenando de harina y manteca y aúcar y patatas y sémola y pan las bolsas de la compra, y era feliz. Me había vuelto en mitad de la Reichenhaller Strasse y había ido a la oficina de empleo y no había dejado en paz a la funcionaria. Ella me dio muchas direcciones pero, durante mucho tiempo, ninguna en la dirección opuesta. Yo quería ir en la dirección opuesta. Le di un barrido al almacén y, a las doce, cerré, como me habían encargado, y fui a la tienda del otro lado, como habíamos convenido. El señor Podlaha me presentó al dependiente (Herbert) y al aprendiz (Karl), y me dijo que no quería saber nada de mí ni sobre mí, yo sólo tenía que cumplir las formalidades y, por lo demás, hacerme útil. Realmente pronunció de pronto la palabra útil de forma espontánea, sin ningún énfasis, como si la palabra útil fuera una de sus palabras favoritas. Para mí fue mi lema. Había terminado un período de inutilidad, me parecía, un período infeliz, una época horrible. Tenía dos posibilidades, eso me resulta evidente todavía hoy, una, matarme, para lo que me faltaba el valor, y/o dejar el instituto, en un instante, y no me maté y me hice aprendiz. Las cosas seguían adelante. En casa reaccionaron apáticamente (mi madre, mi tutor), y con la mayor disposición para entender y comprender (mi abuelo). Se conformaron al instante con la nueva situación, no hubo ni la discusión más mínima. Al fin y al cabo, yo había estado ya durante muchísimo tiempo abandonado a mí mismo. En ese momento vi claro qué solo había estado realmente. Coger mi existencia y tirarla por la ventana o a los pies de mis parientes hubiera tenido en cualquier caso el mismo efecto. Coloqué mi cartera de colegial, como estaba, en un rincón y no la volví a tocar. La decepción de mi abuelo la supo disimular bien por sí mismo; ahora soñaba con un hábil, gran comerciante, en el que, según él, mi genio podría quizá encontrarse a sí mismo de forma aún más ideal que con cualquier otra disposición intelectual. Echó la culpa de mi fracaso a las circunstancias de la época, al hecho de haber nacido yo en el más desgraciado de todos los períodos, directamente en el abismo, del que, por lo que podía verse humanamente, no había ya escapatoria. De repente los comerciantes eran para él, que durante toda su vida los había odiado siempre y con todo el empeño de su experiencia, dignos de estima, y un comerciante no carecía de grandeza. Por mi parte, no tenía ninguna idea sobre mi futuro, no sabía lo que quería ser, no quería ser nada; sencillamente me había hecho útil. De pronto e inesperadamente me refugié en ese pensamiento. Durante años había ido a una fábrica de aprender y me había sentado ante una máquina de aprender, que me había dejado sordos los oídos y había hecho de mi razón una razón demente; ahora estaba de pronto otra vez entre hombres, que nada sabían de esa fábrica de aprender y no habían sido corrompidos por esa máquina de aprender, porque no habían entrado en contacto con ella. Me gustaba lo que veía ahora, y me lo tomé en serio. Los días en que había cientos de personas en la tienda y en que el sótano era asaltado a las ocho de la mañana exactamente como una fortaleza de comestibles por los hambrientos y los medio muertos de hambre, alternaban con los días que pertenecían a los viejos solitarios y las mujeres borrachas. El sótano como tienda de comestibles de Karl Podlaha era, sin embargo, el centro del poblado; no había allí ningún otro lugar de distracción, ningún hostal, ningún café, sólo los edificios construidos exclusivamente para la aniquilación y el condicionamiento de sus habitantes, con cuya monotonía y repulsividad todo el mundo, cualquiera que fuese su temperamento, tenía que degenerar y extinguirse y perecer. Al sótano iban las mujeres, aunque no tuvieran nada que comprar, absolutamente sin ningún motivo para comprar, una y otra vez, de pronto, casi todas en cualquier momento, por desconcierto, sólo para poder intercambiar unas palabras; era ya evidente cuando aparecían en la escalera de cemento, y totalmente evidente cuando habían bajado y entrado en el sótano, que sólo habían huido de sus espantosos hogares buscando un consuelo, una posibilidad de vivir. El sótano era, para muchas de esas personas del poblado, una y otra vez la única y última salvación. Muchas habían convertido su visita al sótano en costumbre y aparecían día tras día, no era por falta de dinero por lo que, llegado el caso, entraban varias veces al día en el sótano, para comprar una pequeñez, por ejemplo cincuenta gramos de mantequilla, sino porque, de ese modo, tenían la posibilidad de bajar al sótano con intervalos más breves que, según parecía, necesitaban para vivir, y de escapar a su entorno, en muchos casos mortal. Sólo ahora, en esos días de mi nuevo entorno, tenía yo otra vez acceso directo, inmediatamente directo a los hombres, ese acceso inmediato, directo a los hombres no me era posible ya desde hacía años; mi mente primero y luego también mi ánimo se habían asfixiado casi bajo el manto mortal del colegio y las coacciones de su enseñanza, y todo lo que estaba fuera del colegio y sus coacciones no lo había percibido durante años mas que de forma imprecisa, a través de la niebla de lo que se enseñaba. Ahora veía otra vez a los hombres y tenía contacto inmediato con ellos. Había existido durante años en medio de libros y escritos y entre mentes que no eran otra cosa que libros y escritos, en medio del olor enrarecido de una Historia mohosa y desecada, continuamente como si yo mismo fuera ya Historia. Ahora existía en el presente, en medio de todos sus olores y grados de dureza. Había tomado esa decisión y hecho ese descubrimiento. Vivía; durante años había estado muerto. La mayoría de mis cualidades, de las ventajas absolutas de mi carácter, reaparecieron ya en mis primeros días en el sótano, después de haber estado sepultadas durante años y cubiertas por la repugnancia de los métodos de educación, se desarrollaron como por sí mismas en el nuevo entorno, que estaba marcado por una parte por mis compañeros de trabajo de la tienda, y por otra por los clientes como seres humanos o por los seres humanos como clientes y, sobre todo, en la, como observé en seguida, inmensa utilidad de las relaciones de tensión entre esos dos grupos de seres humanos, en medio de las cuales yo realizaba mi trabajo, un trabajo que me agradó desde el primer instante. Como empecé a trabajar como aprendiz en el momento de un anuncio de distribución de víveres, mi trabajo, sólo unas horas después de entrar como aprendiz, no consistió ya en dar barridos y poner orden. Hacia la noche, cuando se hizo visible el cansancio de mis compañeros, fui puesto ya a prueba y vendí, y superé la prueba. Desde el principio no sólo quise ser útil, fui útil, y se apreció mi utilidad, lo mismo que, hasta mi entrada en el sótano, se apreciaba mi inutilidad. (...)


El sótano, Buenos Aires, Anagrama, 1976

Moda moral de una sociedad mercadera.--- Tras el principio de la actual moda moral, "las acciones morales son las acciones de la simpatía por los demás", veo disponer a sus anchas el impulso social de la medrosidad, que de esta forma se enmascara de intelectual. Este impulso quiere, como lo supremo, lo más importante, lo próximo, que se quite a la vida toda la peligrosidad que tuvo antes, y que en tal tarea ayuden todos con todas sus fuerzas. ¡Por eso sólo pueden recibir el apelativo de buenas aquellas acciones cuyo destino es la seguridad común y el sentimiento de seguridad de la sociedad! ¡Qué poca alegría tienen que tener hoy los hombres cuando la suprema ley ética les prescribe semejante tiranía de la temerosidad, cuando se dejan ordenar de forma tan irrevocable, hacer la vista gorda sobre ellos y junto a ellos, pero teniendo vista de lince para cualquier estado de emergencia, para cualquier otra pasión! Con tan monstruosa intencionalidad de limar a la vida todos sus cantos y aristas, ¿no estamos en el mejor de los caminos para reducir la humanidad a arena? ¡Arena! ¡Fina, blanda, rodada, infinita arena! ¿Es ése vuestro ideal, vuestro faraute de las afecciones simpáticas? Mientras tanto sigue sin contestación la pregunta de si se aprovecha más al prójimo saliendo inmediatamente en su auxilio y ayudándole - lo que bien puede suceder de manera muy superficial, si no es que se llega a una intervención y reestructuración tiránicas - o de si de uno mismo se forma algo que el otro ve con placer, como un bello y calmo jardín encerrado en sí mismo, con altos muros contra las tormentas y el polvo de los caminos, pero también con un amable portón.


Aprender soledad. --- ¡Ay de vosotros, pobres bribones en las grandes urbes de la política mundial, vosotros jóvenes, dotados, hombres martirizados de ambición, que consideráis vuestra obligación decir vuestra palabra ante cualquier acontecimiento - siempre acontece algo-! ¡Que cuando levantan tanto polvo y ruido creen ser el carro de la historia! ¡Que de tanto estar a la escucha, de tanto atender al instante donde poder verter su palabra, pierden toda productividad auténtica! ¡Ojalá sean igual de ambiciosos para las grandes obras!; ¡el hondo silencio de la gravidez nunca les llega! El suceso del día les persigue como se aventa la paja, y siguen creyendo ser ellos quienes persiguen el suceso - ¡los pobres bribones!-. Cuando se quiere entregar a las tablas un héroe no se puede pensar en hacer coro, ni siquiera está permitido saber cómo se hace coro.

He visto poemas salvar vidas
sin que lo supieran
ni los poemas
ni las vidas.
No digo prolongar vidas:
salvarlas,
sacarlas de allí de la tiniebla inminente.
Los he visto hacer lo que no sabían que sabían
o al menos eso creo: que no sabían que sabían
salvar vidas.
Y vi esas vidas sin saber que se salvaban.
Y las he visto sin que me vieran.


De Eduardo Milán, Ostras de coraje (2003)



Lucía

VIVÍA en las regiones solitarias,
por donde nace el Dove,
una doncella a quien nadie alababa
y a quien querían pocos:

violeta junto a una musgosa piedra,
medio oculta al viandante,
bella como un lucero, cuando brilla,
muy solo, en el espacio.

Ignorada vivió, y pocos supieron
la muerte de Lucía;
mas ella está en la tumba, y para mí
ya todo ¡qué distinto!


* * *


Selló el sueño mi espíritu
y miedo no sentía:
ella me parecía como algo que no siente
el roce de los años.

No tiene movimiento ya, ni fuerza,
no oye ni ve nada;
mezclada con el curso diario de la tierra,
con las rocas, las piedras y los árboles.

Versión de Màrie Montand

Bloom básico


NUEVA YORK, 1930. ENSAYISTA Y CRITICO LITERARIO.

Hijo de judíos ortodoxos provenientes de Rusia que nunca aprendieron a hablar en inglés, a los siete años Harold Bloom ya recorría el camino que separaba su casa del Bronx del edificio de la Biblioteca Pública de Nueva York, donde aprendió a leer clásicos ingleses como T. S. Eliot, W. H. Auden y William Blake. De Blake pasó a Milton y de Milton a Shakespeare. Así continuó hasta que en 1951 se graduó en la Universidad de Cornell; de allí saltó a Yale para hacer sus estudios de posgrado: sus profesores en Cornell le dijeron que ya no les quedaba nada por enseñarle. Hoy Bloom es uno de los pocos ensayistas admirados en todo el mundo por su erudición y una de las personalidades más influyentes de la crítica literaria. Es profesor de Humanidades en la Universidades de Yale y de Filología en la de Nueva York. Como autor, ha publicado más de 25 libros entre los que se destacan "La angustia de las influencias" (1973), que le valió un inmediato prestigio académico, y el polémico "El canon occidental" (1994), obra monumental en la que defiende la noción de literatura basada en la preeminencia de indiscutibles grandes maestros. Además de "Genios" (Norma), este mes acaba de editarse en nuestro país su ensayo "¿Dónde se encuentra la sabiduría?" (Taurus).


Los cien elegidos de Bloom


Dante Alighieri
Jane Austen
Isaac Bábel
Honoré de Balzac
Charles Baudelaire
Samuel Beckett
William Blake
Jorge Luis Borges
James Boswell
Charlotte Brontë
Emily Jane Brontë
Robert Browning
Italo Calvino
Alejo Carpentier
Lewis Carroll
Willa Cather
Paul Celan
Luis Cernuda
Miguel de Cervantes
Hart Crane
Geoffrey Chaucer
Anton Chéjov
Charles Dickens
Emily Dickinson
John Donne
Fiodor Dostoievski
José María E a de Queiroz
George Eliot
T. S. Eliot
Ralph Ellison
El Yavista
Ralph Waldo Emerson
William Faulkner
F. Scott Fitzgerald
Gustave Flaubert
Sigmund Freud
Robert Frost
Federico García Lorca
Johann Wolfgang von Goethe
Nathaniel Hawthorne
Ernest Hemingway
Hugo von Hofmannsthal
Homero
Víctor Hugo
Henrik Ibsen
Henry James
Samuel Johnson
James Joyce
Franz Kafka
John Keats
Soren Kierkegaard
D. H. Lawrence
Giacomo Leopardi
Lucrecio
Joaquim Machado de Assis
Mahoma
Thomas Mann
Herman Melville
John Milton
Molière
Michel de Montaigne
Eugenio Montale
Dama Murasaki
Iris Murdoch
Gérard de Nerval
Friedrich Nietzsche
Flannery O'Connor
Walter Pater
Octavio Paz
Fernando Pessoa
Alexander Pope
Luigi Pirandello
Platón
Marcel Proust
Rainer Marie Rilke
Arthur Rimbaud
Christina Rossetti
Dante Gabriel Rossetti
San Agustín
San Pablo
William Shakespeare
Percy Bysshe Shelley
Sócrates
Stendhal
Wallace Stevens
Jonathan Swift
Algernon Charles Swinburne
Alfred Tennyson
León Tolstoi
Mark Twain
Paul Valéry
Luis Vaz de Camões
Virgilio
Edith Wharton
Walt Whitman
Oscar Wilde
Tennessee Williams
Virginia Woolf
WilliamWordsworth
William Butler Yeats





Certifica.com

El extranjero


-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
-Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
-¿A tus amigos?
-Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
-¿A tu patria?
-Ignoro en qué latitud está situada.
-¿A la belleza?

-De buena gana la amaría, diosa e inmortal.

-¿Al oro?
-Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
-Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
-Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes maravillosas!


C.B.

JE EST UN AUTRE

Mañana con el recogedor
arrastrarán los trozos de mi alma
y los venderán al mejor postor
y los niños, corriendo alrededor
gritarán "Scardanelli, Scardanelli"
Hölderlin ha muerto ya.


Leopoldo María Panero



De tanto estar solo aprendí a quererte,

sólo en el amor el hombre se supera.



Dos cosas salvan al hombre en libertad:
su trabajo y el Amor al cosmos.

Anoche cuando volvía caminando hacia Gran Vía para coger el primer metro observé a un tipo que hablaba por móvil, miró a su alrededor y cuando se cercioró de que nadie le estaba escuchando espetó un "mátalo". Obviamente no detuve la marcha en ese escaso lapso de tiempo en el que también vi pasar una patrulla de la policía nacional, completando su ronda nocturna, en esa última hora donde la infinitamente rotatoria postal se despide de la noche entre camiones de basura. Sinceramente aquella orden no tenía pinta de ser una broma, en algún lugar no muy lejano otra insignificante vida se cobraba. Por mi parte no sentí el más mínimo ápice de temor, y me dio por pensar en el modo en que nos hemos habituado a convivir pacíficamente con el crimen.

A menudo el ciego que pasea con su perro lazarillo no busca un ascensor, una rampa o similares. ¡Qué poca sensibilidad demuestran los maestros de la urbanidad y de lo políticamente correcto recordándole al ciego que se deleita en el paseo que él es un ciudadano de segunda, falto de una especial ayuda! Cual tiranos los apestosos enemigos de la libertad tejen inconscientemente su red de conmiseración ciudadana.

Expulsados del paraíso, desheredados por voluntad propia de la tierra, desterrados por un dios ateo, cívico y todopoderoso, acallados por el marketing efímero de empresarios ejemplares, kamikazes contra el único amor que merezca nuestra sangre tinta, arrancados de la página a fuerza de golpes con la vida, arrojados a la calle que palpita sin tiempo, sucios, ebrios, sospechosos, perseguidos por habernos liberado de las trampas del sistema, culpables por hacer de nuestra obra la vida aún sabiendo que no sirve para nada, artesanos de palabras sin billete de vuelta, dispuestos a pagar el precio con nuestro sudor y nuestras lágrimas, la poesía del siglo veintiuno no tiene cabida en vuestras bibliotecas, expulsada de ediciones mercenarias patea sin rumbo una ciudad desprendida que ama sin miramientos de ningún tipo, su corazón bombea la sangre viva de un canto esencial que no separa y hunde su raíz en el sagrado individuo, en un minúsculo rincón a las afueras el docto profesor emite su sentencia, los críticos hacen reseñas a comisión para un autor ceniciento, el árbol genealógico de la burguesía editorial coloca a sus mochuelos con acné en la vanguardia del servilismo impreso, en un país de lameculos y de ridículas envidias, asesinos de la palabra viva pierden sus horas conversando inútilmente en cementerios de café mientras una ciudad avanza, escribe, sueña, besa con luz el corazón de cientos de desamparados plantando la semilla de una nueva revolución literaria, nada pueden contra la palabra esencial de auténtica raíz, desdibujada y migratoria, silenciada hasta la saciedad, hasta la suciedad presente que pronto será nada.


El lenguaje es una escisión entre el tiempo y la cultura.

Hay una emergencia espiritual en el ser humano que le hace ordenar el universo. ¿Cuál es el punto de vista común que convoca esto?

Eskindere en latín, scissors en inglés, y en español prescindir y precisar, que a su vez son palabras sinónimas. El gran dilema del ser humano es que cuanto más precisa más prescinde, porque somos incapaces de ver el fluir del río del que somos parte. El lenguaje que nos da la capacidad de congelar el universo para prescindir de él, nos saca a su vez de este universo creado mediante el lenguaje.

En el mito Hebreo, el poner nombre a las cosas es lo que expulsa al hombre del paraíso.

En el mundo de los rabinos, la serpiente es igual a la mujer y a la sabiduría. Por eso hay que intentar volver al árbol de la vida de los anunaki, al presente. Esto significa no proyectar la temporalidad infinitamente hasta el aburrimiento ni el hastío, sino salir del tiempo para volverse inmortal. Aquí radica la clave de la poesía.

En el mito coránico Alá se enfada tanto con la desobediencia de los hombres que cogió el árbol de la vida, el árbol del sésamo y expandió sus granos por todo el universo para que los hombres no disfrutaran de él.

El nacionalismo se cura viajando, porque cuando trazo un límite siempre pienso que lo que está de mi lado es lo bueno. Con el nacionalismo es imposible comer del árbol de la vida.

Aristóteles dice que hemos perdido la capacidad de hacer discursos demostrativos, himnos. El ser humano tiene un castigo porque cuando enuncia algo se está saliendo de la naturaleza y lo convierte en parte de su cultura distanciándose de ello. El mito del paso de la naturaleza a la polis.

Con el lenguaje construimos el mundo. Esta escisión metafísica del ser es lo que hace que generemos enfermedades. Adoptamos el mundo como mapa de signos olvidándonos del mundo real. La neurosis como enfermedad supone vivir constantemente en el estado de la representación del lenguaje. Pues hay dos tipos de mundo, el mundo presente y la representación que de ese mundo hace el lenguaje: nosotros vivimos aquí.

Buenos días

No somos más que súbditos de una dictadura bipartidista, tan insensible, desmemoriada y asesina como la raíz de donde procede, sometidos a una manipulación mediática que pone en escena la parafernalia electoral, actuaciones intrascendentes para el ciudadano de a pie, una prensa también al servicio de sus amos codiciosos. Si la libertad política es esto, si un ciudadano libre del mundo puede habitar impasiblemente hoy en este lugar de Europa sin que un cortocircuito alerte su obligada programación cotidiana, si alguien puede de verdad creer que toda su felicidad puede ser comprada con su miserable paga mensual... observo a ese pisaverde que cuando le dejan recorre las calles sin prejuicios y distante sonríe ante el tinglado que espolea la robótica marcha de los planos egos de esta actualidad.

En lugar de eso, hoy me ha dado por echar un vistazo a los periódicos para comprobar que el circo del país sigue su camino, que habito en la misma España pícara y manipuladora que deja en la cuneta los motores del cambio, un país plagado de demócratas para los que la letra de la Constitución siempre fue sagrada y no dudaban en tildar de antidemócratas cuando no de terroristas subversivos a quienes tuvieran la menor intención de cambiar la sagrada Biblia de este Estado de Derecho, sobre todo de Derecho su Señoría.

El tontarra de Pepe Blanco aún tiene el morro de decir que le hubiese gustado, a él y a su partido Socialista, contar con todos los ciudadanos y hacer un referendum para esta cuestión ¿quién se lo impide? ¿la foto del presidente con la canciller alemana? que lo hubiesen hecho como en realidad mandan los cánones de cualquier Estado moderno construido a base de la ciudadanía, donde los derechos políticos de los ciudadanos son sagrados, eso es lo máximo en una constitución y se llama Derechos Fundamentales meapilas, esos Derechos Fundamentales que nos metéis por el culo cada día al salir a la calle y comprobar que el transporte público es cada vez más caro, que todos tenemos Derecho a una vivienda digna ante notario y con una condena de cifras astronómicas, y podría continuar.

Uno madruga paras ponerse las pilas y se anima a seguir con lo suyo, dispuesto a meterse a fondo en la Literatura para que la pestilente diarrea que día a día nos brindan, Señorías, no nos salpique más. Pero resulta que uno está en una habitación de hotel y como tampoco le dejan encenderse un maldito cigarro le da por encender el cacharro ese de la televisión, esa herramienta que dispara subcultura indiscriminada de primera división y titulares de corte sensacionalista y electoral. Le da a uno por tragarse las noticias de la semana y repasar los periódicos, que ahora también van a recortar en sanidad y educación, ese es vuestro Estado de Derecho, esa es vuestra Democracia.

Ustedes no son padres de la Constitución ni tienen derecho a hacer con ella lo que les venga en gana, ustedes no son más que unos usurpadores de la lucha que personas soterradas, olvidadas, muchas de ellas muertas, asesinadas escuchen, llevaron a cabo. Ustedes están viviendo de la lucha de muchas generaciones y no hablo sólo de una lucha en las trincheras porque les veo venir con sus orejas de burro, hablo de una lucha a pie de ciudadanía, de un día a día trabajando por construir una democracia, por enterrar la sombra de Caín que nos sumió en el desastre de la guerra. Ustedes no dejan hablar en el foro a las minorías que representan amplios espectros de una población masivamente golpeada, no saben lo que están haciendo con sus políticas, no son conscientes de la dimensión de esos golpes que están repartiendo a diestro y siniestro incluso entre sus propios votantes, arrastrados por la mentira publicitaria del poder mediático y por el opio efímero que día tras día les inyectan en vena.

Quizá no quieren recordar que esas mismas minorías conforman la gran mayoría que fue capaz de construir esa democracia vuestra, luego les dejaron fuera por razones de consenso y por qué no decirlo: por miedo. Miedo a que estuviesen ahí señalando con el dedo donde duele cuando llegase este momento, miedo a que no les dejasen hacer sus políticas liberales a toda costa, miedo a la autocrítica, miedo a la reflexión, miedo en definitiva a trabajar para la mayoría, una mayoría que no es la de sus votantes perdonen, de sobra sabemos cómo funciona vuestra ley electoral, repasen la historia, atrévanse a mirar a los ojos del jornalero campesino que gustoso les degollaría con su azada, vayan a la casa del obrero que perdió un dedo hace dos años en la fábrica, todavía está esperando una miserable paga de vuestro Estado de Bienestar. Ustedes no tienen la menor idea de lo que es su país y así difícilmente se puede gobernar, ustedes viven entre bambalinas al amparo de la dictadura de sus partidos y al cobijo de un rey, ustedes no sólo no representan a los ciudadanos de este país con su ridícula manipulación abierta y descarada, ustedes no se representan ni a ustedes mismos porque han perdido el rumbo de la historia y el sentido de lo que es la realidad de este país que naufraga a la deriva de un sueño.

Hay días que uno preferiría despertar de esa terrible pesadilla que han creado para el ciudadano corriente, el crítico alerta y no hay otra opción para el creador que seguir trabajando día a día lejos de todo ese montaje de artificio que no es democracia, que no es individuo, que no es libertad. Esclavitud, persecución, vasallaje, servilismo, silencio, España.

Don de la ebriedad

Celebremos cada día este don de la ebriedad que es la poesía, una claridad venida del cielo, por encima de las cosas y a la vez ocupándolas, nada hay tan claro como sus impulsos.

He aquí un poema de cabecera y magistral escrito por el poeta Claudio Rodríguez a los dieciocho años.


Don de la ebriedad

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.






16 de noviembre de 1885

Es que, aparte los fragmentos de prosa y los versos de mi juventud y la continuación, que le hacía eco, publicada un poco por todas partes, cada vez que aparecían los primeros números de una Revista Literaria, he soñado siempre e intentado otra cosa, con una paciencia de alquimista, listo para sacrificarle toda vanidad y toda satisfacción, como quemaban antaño su mobiliario y las vigas de su techo, para alimentar el horno de la Gran Obra. ¿Por qué? es difícil de decir: un libro, simplemente, en muchos tomos, un libro que sea un libro, arquitectónico y premeditado, y no una colección de inspiraciones al azar, así sean maravillosas... Iré más lejos, diré: el Libro persuadido de que en el fondo no hay más que uno, intentado sin saberlo por quienquiera haya escrito, incluso los Genios. La explicación órfica de la Tierra, que es el único deber del poeta y el juego literario por excelencia: porque el ritmo mismo del libro entonces impersonal y viviente, hasta en su paginación, se yuxtapone con las ecuaciones de ese sueño, u Oda. He aquí la confesión de mi vicio, puesto al desnudo, querido amigo, que mil veces he rechazado, el espíritu afligido o cansado, pero eso me posee y lo lograré tal vez; no hacer esa obra en su conjunto (¡se necesitaría ser no sé quien para eso!) sino mostrar un fragmento ejecutado, hacer centellear por un lapso la autenticidad gloriosa, señalando así al resto todo entero para el cual no basta una vida. Probar por las porciones hechas que ese libro existe, y que he conocido lo que no podré realizar.

Mallarmé y Verlaine reconocieron en Baudelaire a uno de sus maestros, sus veladas literarias fueron consideradas el centro de la vida intelectual parisina, entre los que se encontraban entre otros, Stefan George y Rainer Maria Rilke.


Fuente http://cartasfamosas.blogspot.com/

Hegel negará que puedan formularse reglas, preceptos, para la producción artística porque no se puede hacer una obra de arte simplemente ajustándose a unas normas. En su opinión, sólo los trabajos mecánicos se hacen así, pero no los trabajos creativos, y menos aquellos que son la manifestación concreta del espíritu. Esta convicción le lleva a hablar de los artistas geniales. En un pasaje concreto, llega Hegel a dibujar claramente el perfil del genio: es alguien que además de ser artista se siente artista y da a su vida misma una forma artística. El genio - explica Hegel- mira a los otros de arriba abajo, se cree en un plano superior, y todo lo que está por debajo es vulgar y mediocre. Los hombres normales se preocupan por pequeñeces, cosas que para el genio no tienen la menor importancia y que, en cambio, para el resto de los mortales parece ser algo esencial. La manera de expresar esa actitud del genio, que lo ve todo como sonriéndose, como quien mira una nimiedad y se ríe de su insignificancia, es la ironía, la famosa ironía romántica, claro síntoma de su superioridad intelectual. Al genio sólo le satisface contemplarse a sí mismo, disfrutar de lo que él es capaz de hacer y de sentir. Por eso Hegel destaca la vanidad de este personaje que se cree una divinidad. El genio es incapaz de salir del aislamiento de su interioridad, y puede ser que en algún momento aspire a hacerlo porque no se sienta del todo satisfecho contemplándose a sí mismo y quiera interesarse por otras cosas. Pero es imposible: nunca consigue sentirse atraído por nada que no sea él mismo. Esto provoca una tristeza, un hastío de todo, la insatisfacción total. Hegel describe este estado como el de "una hermosa alma muriendo de hastío".

Tabaquería



Los libros tienen los mismos amigos que el hombre: el fuego, los animales, el tiempo; y su propio contenido.
Los pensamientos, las emociones completamente desnudas son tan fuertes como las mujeres desnudas. Hay que desvestirlos.
El pensamiento no tiene sexo; no se reproduce.
Un poema debe ser un cataclismo del intelecto. No puede ser otra cosa.
Cataclismo: es un sálvese quién pueda, aunque solemne y a prueba de todo; imagen de lo que se debería ser, del estado donde los esfuerzos ya no cuentan.
Se arruina alguna cosa al cumplirla o al representarla en su más puro y hermoso estado.


En el poeta:
la oreja ríe,
la boca jura,
es la inteligencia, el despertar que mata,
es el sueño que sueña y ve claro,
es la imagen y el fantasma que cierran los ojos,
es la falta y la laguna que se han creado.

Algunas personas tienen de la poesía una idea tan vaga que la vaguedad misma de esta idea en los otros hombres es para ellos la definición de la poesía.


LA POESÍA


Es el ensayo de representar o de restituir por gritos, lágrimas, caricias, besos, suspiros o por objetos, esta cosa o estas cosas que tienden oscuramente a expresar el lenguaje articulado, en lo que este lenguaje tiene de apariencia de vida o de propósito supuesto.
Esta cosa no es definible de otra manera. Es de la misma naturaleza de esa energía que rehusa responder a lo que es...

El pensamiento debe estar escondido en los versos como la virtud nutritiva no lo está en una fruta. Una fruta no es un alimento, sólo es pensamiento. No se percibe ningún placer, no se recibe ninguna sustancia. La fruta está encantada.

La poesía es lo contrario de la literatura. Reina sobre los ídolos de toda especie y sobre las ilusiones realistas; mantiene felizmente el equívoco entre el lenguaje de la "verdad" y el lenguaje de la "creación".
Y este papel creador, real del lenguaje (este lenguaje, de origen mineral) es cumplido lo más evidentemente posible por la no-necesidad a priori del tema.

El tema de un poema le es tan propio y le interesa tan poco como a un hombre su nombre.

Los unos ven en la poesía una ocupación de toda utilidad, una industria banal que no tiene por qué no prosperar. Se podría aumentar el número de los fabricantes de automóviles y de obuses.
Los otros ven en ella el fenómeno de una propiedad o de una actividad muy secundaria, de ningún modo ligada a la situación del ser íntimo entre el conocimiento, la permanencia, las uniones sexuales, la memoria, el sueño, etc.

Mientras el interés de los escritos en prosa está en ellos mismos y nace de la no consumación del texto, el interés de los poemas los abandona y puede alejarse de ellos.
La poesía es una pipa.
El lirismo es el desarrollo de una protesta.



VOZ-POESÍA

Las cualidades que se pueden enunciar de una voz humana son lo contrario de las que se debe, sin estudiarlas, recibir en la poesía.
Y el "magnetismo" de la voz no debe traspasarse en la alianza sin misterio y justa o injusta de las ideas o de las palabras.
La discontinuidad del hermoso sonido es esencial.

La idea de Inspiración está contenida en esto:
Lo que cuesta dos centavos no es lo que tiene más valor.
Lo que tiene más valor no se avalúa en centavos.
Y en eso: Glorificarse lo más de lo que se es menos responsable.

A la menor tachadura, el principio de inspiración total está arruinado. La imbecilidad borra lo que la almohada ha prudentemente creado. Es preciso no darle la menor participación so pena de producir monstruos. Nada de coparticipaciones. La imbecilidad no puede ser reina.



RETÓRICA


La rima constituye una ley de la cual depende el tema y es comparable a un par de bofetadas.
La multiplicidad jamás abusiva de la imágenes produce al ojo del espíritu un desorden eminentemente compatible con el tono. Todo se precisa en el deslumbramiento.
Construir una poesía que sólo contenga poemas es imposible.
Si un texto no contiene más que poesía, es construido; no es un poema. No es poesía.
Dignidad, indignidad del verso: una sola palabra que falta salva todo.

AYER VENDRÁ

La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol; la tierra huele,
empieza a oler; las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay un humo distante,
un tren, que acaso vuelve, mientras dices:
Soy tu propio dolor, déjame amarte.


CANCIÓN DONDE SE EXPLICA, BIEN EXPLICADO, QUE AL PRONUNCIAR UNA SOLA PALABRA PUEDES HACER TU BIOGRAFÍA

A Dámaso Alonso

La palabra que decimos
viene de lejos,
y no tiene definición,
tiene argumento.

Cuando dices: nunca,
cuando dices: bueno,
estás contando tu historia
sin saberlo.


AUTOBIOGRAFÍA

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.


Pablo Neruda sobre Luis Rosales: «¿Qué decir de Luis Rosales a quien yo conocí naranjo, recién florido en aquellos años treinta, y que ahora es grave poeta, exacto definidor, señor de idiomas? Ahora lo tenemos lleno de frutos, exigente y profundo. Atravesó este mortal antipolítico el momento desgarrador de Andalucía y se ha recuperado en silencio y en palabra. Salud, ¡buen compañero!»


LA FLAUTA HA LLORADO

La flauta ha llorado. Si pudiera, iría a Damasco caminando cual eco.
Sobre una playa, la seda llora, se retuerce en un grito que jamás llega.
Las distancias fluyen en nosotros cual lágrimas. La flauta ha llorado, ha cortado el cielo en dos mujeres, ha cortado
el camino, ha cortado las palomas y nos hemos separado para amar. Flauta, apiádate
de nosotros. no nos hemos alejado hasta el ocaso. ¿Lloras en vano, por llorar,
o por excavar la roca de las montañas y la manzana del amor? Oh, lanza del silencio
de la inmensidad
cuando exclama: ¡Oh, Damasco! ¡Oh, mujer! ¿Puedo amar y perpetuarme?

La flauta ha llorado. Si pudiera, iría a Damasco caminando, cual eco.
Creo lo que no creo. La seda de las lágrimas jadea en nosotros cual mano.
La flauta ha llorado. Si yo pudiera llorar como una flauta... conocería Damasco.



HE VISTO LA ÚLTIMA DESPEDIDA

He visto la última despedida: me despedirán en una rima de madera,
izado por manos de hombres y ojos de mujeres.
Me envolverán en una bandera y mi voz se conservará en cintas.
Me perdonarán en una hora todos mis pecados, luego los poetas me insultarán.
Más de un lector recordará que yo velaba cada noche en su casa.
Una chica vendrá pretendiendo que me case con ella hace veinte años y pico.
Se contarán leyendas sobre mí y sobre las conchas que recogía de los mares lejanos.
Mi amiga se buscará un nuevo amante que esconderá en sus vestidos de luto.
Veré la fila del cortejo fúnebre y a los que pasan, cansados de esperar.

Pero aún no veo la tumba. ¿No tengo derecho a una tumba, después de todas estas fatigas?




Biografía de Mahmud Darwish

Por: MARÍA LUISA PRIETO

Mahmud Darwish no sólo es uno de los más grandes poetas árabes contemporáneos sino también una leyenda viva: sus libros circulan a millares por todos los países árabes y los estadios se llenan para escuchar sus recitales poéticos, acontecimientos irrepetibles que nadie quiere perderse. Hombre laico y moderno, refinado y elegante, Darwish es un palestino de diálogo, aunque su voluntad no se doblegue fácilmente ni esté dispuesto a hacer concesiones humillantes. Una de sus mayores esperanzas es revitalizar la literatura palestina, procurar a toda costa que los problemas políticos no la paralicen. Y para los palestinos, la proximidad física de su poeta es como una fiesta continua, un símbolo de la cultura palestina. No obstante, a pesar de haber alcanzado con creces las metas soñadas, el poeta, desde su actual residencia entre Jordania y Cisjordania, aspira a poder regresar algún día a su tierra natal, Galilea, donde nació el 13 de marzo de 1942.

Procedente de un ambiente campesino, sus primeros años los pasó en Birwa, una pequeña aldea de Galilea, situada a unos nueve kilómetros de Acre, donde sus padres poseían unas tierras que cultivaban para poder vivir.

En 1948, tras la retirada de las tropas británicas de Palestina y la implantación del Estado de Israel, su familia –como miles de familias palestinas- se vio obligada a huir de su casa para salvar la vida. Permanecieron un año en el Líbano y al regresar a Palestina se encontraron con que Birwa había sido completamente destruida por el ejército israelí, al igual que otras muchas aldeas. Tuvieron que instalarse en Dair Al Asad aunque de forma clandestina porque durante el año que habían permanecido refugiados en El Líbano, las autoridades israelíes habían elaborado unos censos, y los que no figuraban en los mismos, no tenían derecho a vivir en el nuevo Estado de Israel.

Clandestino en su propio país y posteriormente ciudadano de segunda categoría en un Estado que le rechaza, el adolescente se refugia en los libros y plasma su identidad con lo único que le queda: el lenguaje. Se lanza a la escritura al mismo tiempo que a la acción política en el seno del partido comunista: a los veinte años publica su primer poemario, Pájaros sin alas, extraordinariamente lírico y muy influido todavía por la poesía árabe clásica. Cuatro años después publica el segundo: Hojas de olivo, mezcla de espontaneidad, musicalidad lirismo y mensaje directo, donde está patente el sufrimiento físico y psicológico de los palestinos dentro del Estado de Israel.

En el siguiente poemario, Enamorado de Palestina, de 1966, se advierte la influencia del Mahyar y de la escuela romántica, que se dejó sentir igualmente en sus contemporáneos de todo el mundo árabe. En esta fase su estilo se vuelve más delicado, menos directo, incluso sus denuncias de las condiciones políticas y sociales en la Palestina ocupada se expresan con menos amargura y más nostalgia.

La siguiente etapa poética de Mahmud Darwish se caracteriza por la innovación. En su afán de traspasar los cánones poéticos tradicionales, la voz del poeta sirio Muhammad Al Magut resonó en el joven Darwish como la voz del presente, junto con algunos poetas occidentales como Nazim Hikmet, Louis Aragon, Pablo Neruda o García Lorca, con los que en cierto modo se identificaba; y como muchos poetas árabes se sintió fascinado por T. S. Eliot.

Fin de la noche, de 1967, es el poemario que abre esta larga y madura etapa, en la que se advierte una mayor abstracción. Sin embargo, el poeta siempre preserva la claridad de expresión y universalidad de visión de su poesía utilizando símbolos enraizados íntimamente con su lugar de origen: roca, montaña, árbol, mar... y especialmente la tierra, que para él no tiene un significado únicamente político sino también sagrado, siendo a la vez lecho y sepulcro.

El siguiente poemario: Los pájaros mueren en Galilea, de 1969, es el que según Darwish marcó su primera mutación poética por la amplia utilización del símbolo y el mito, provocando una ola de rechazos. Le acusaron de haber renunciado a sus compromisos y a su concepción anterior de la poesía y de marcar una distancia entre la tierra y él. Este malentendido le persiguió desde sus comienzos pero siempre se resistió a esa "prisión atrayente" que para él suponía seguir estancado en la primera etapa, y escribió poemas todavía más "difíciles" que el lector inicialmente rechazaba pero poco a poco iba aceptando.

En Mi amada se despierta, de 1970, amplía el campo simbólico incluyendo figuras del pasado y acontecimientos históricos, tanto del mundo islámico como del cristiano. La figura más relevante es Cristo y el suceso más recurrente es la crucifixión, que tuvo lugar en Palestina, tierra a la que el poeta pertenece, lo cual le arma de una gran fuerza moral y abre ante él un vasto horizonte humano de esperanza y desafío.

El impacto de su mensaje poético, testimonio directo del sufrimiento y la humillación cotidianos en el Estado de Israel, así como su militancia comunista, no pasan inadvertidos ante las autoridades israelíes: le consideran demasiado peligroso para andar suelto y por ello le condenan a arrestos domiciliarios permanentes y numerosos encarcelamientos, lo cual le provoca un intenso deseo de libertad para dar rienda suelta a su creatividad.

Viaja con una delegación de la juventud comunista por diversos países socialistas europeos y, en lugar de regresar, decide instalarse en Egipto, proponiéndose firmemente mantener la distancia entre la práctica de la poesía y la cuestión nacional, aunque era plenamente consciente de que ponía en entredicho su mito. Sin embargo, el alejamiento físico de Palestina en lugar de apagarlo, alimentó el mito porque su voz permanecía en todos los lugares, y defendiendo su derecho a la experimentación, aún a riesgo de ruptura con sus lectores, desafió a los que pronosticaban que no escribiría un solo verso fuera de Palestina porque su vena poética dependía del contacto físico con el lugar, ignorando que la fidelidad de un poeta a los suyos no depende de una acción política directa sino de la sinceridad de la obra.

Su estancia fuera de Palestina supone un gran progreso en el campo de la creatividad: su poesía gana en complejidad y participa plenamente en la aventura de la modernidad poética, aunque nunca abandona su ternura inicial ni su capacidad de transmitir la experiencia palestina. Las imágenes siguen siendo ricas y luminosas, íntimamente ligadas a las experiencias vitales y con gran originalidad metafórica, como demuestra el poemario que abre esta tercera etapa: Amarte o no amarte, de 1972, del que destacan los conmovedores “Salmos” y el poema "Sirhán toma café en la cafetería", que sintetiza a la perfección el estado psicológico del poeta dirigiéndose desde fuera de Palestina a los árabes que permanecen en la tierra ocupada.

A comienzos del los años setenta se instala en Beirut, convirtiéndose en parte activa del movimiento literario libanés. Beirut se rinde ante el genio creador del poeta y desde entonces será su “segunda Haifa”, el ambiente idóneo para estimular su proyecto de renovación cultural. Allí dirige el centro de investigación de estudios palestinos y dos de las más importantes revistas árabes: Shuún filistiniyya y Al Karmel. Durante estos años, Darwish se convierte en la gran voz de su pueblo y se consagra como uno de los más grandes poetas árabes vivos, siendo también testigo de la guerra civil libanesa, tragedia que le inspira numerosos poemas desesperados.

En 1982, tras la invasión israelí del Líbano, Mahmud Darwish se ve obligado a abandonar aquel país para permanecer exiliado en Europa, principalmente en París, junto con estancias en Túnez. Es ésta una etapa de gran madurez artística -según sus palabras, al salir de Beirut se aproxima a la ribera de la poesía- en la que escribe poemas largos, teatrales, con un movimiento especial, numerosas imágenes poéticas y voces variadas. A veces el ritmo se acerca a las canciones con poemas sonoros que son puro canto, especialmente en el poemario Elogio de la alta sombra, de 1983, y el poeta parece que quisiera engañar a la realidad que le rodea, siendo su gran temor que el sueño que sustenta a él y a su pueblo se desvanezca como consecuencia de la interminable tragedia.

En Menos rosas, de 1986, sigue experimentando con la forma y con el ritmo, logrando poemas de exquisita perfección formal y a la vez sinceridad e intensidad de sentimientos. Mezcla de orgullo y desesperación, de resistencia y reconocimiento del monstruo dominante, el héroe de estos poemas lucha hasta el límite de su capacidad, a pesar del exilio y la derrota, aunque sin dejarse guiar por el optimismo fácil.

A comienzos de los años noventa, Mahmud Darwish se propone llevar a cabo un proyecto ambicioso: una epopeya lírica que libere el lenguaje poético hacia horizontes épicos. El punto de partida será la multiplicidad de los orígenes culturales, dentro de un espacio temporal visto a través de los prismas del pasado y del porvenir.

Dentro de esta producción, Once astros, de 1992, alcanza una altura poética insuperable en la meta que el autor se había trazado. Es un poemario único, en el sentido de que el poeta consigue despegarse del presente para encontrar en la Historia el lugar que le niegan en la tierra. De este modo, con una mayor capacidad lírica, da un paso de lo relativo a lo absoluto, inscribiendo lo nacional en lo universal.

Está compuesto por poemas largos, con una perfecta armonía entre las imágenes y el ritmo, y fuertemente marcados por grandes experiencias trágicas de la humanidad, como la guerra de Troya, las invasiones de los mongoles, la pérdida de Al Andalus o el genocidio de los pueblos indios, con referencias constantes a personajes y a lugares históricos y míticos.

¿Por qué has dejado el caballo solo?, de 1995, es un poemario de profunda simplicidad y a la vez gran elaboración, una biografía poética -tal vez impulsado por el miedo de que el pasado se olvide o se deje escapar- con unos poemas de gran plasticidad en los que el poeta refleja, como en ocasiones anteriores había hecho, su gran sentido del ritmo.

En esta vuelta a las cosas primeras, tras una larga travesía poética que se rebela contra sí misma, el poeta se inspira en su intimidad profunda, que no puede desgajar de su entorno porque los elementos primeros tienen también un componente mítico o psicológico. De esta forma compone un canto épico y mítico que narra lo cotidiano pero también cuenta, quizá sin habérselo propuesto de forma premeditada, una historia colectiva.

Los siguientes poemarios: El lecho de una extraña, de 1999, y Mural, del 2000, están concebidos como obras arquitectónicas, con una estructura sólida y proporciones muy exactamente calculadas y realizadas con gran precisión. El resultado son unos poemas de gran sobriedad expresiva y a la vez extraordinaria finura, gracia y armonía, compuestos no sólo para ser recitados en su lengua original sino también para ser visualizados.

Firmemente decidido a ocupar el sitio que le corresponde en el panorama poético universal, el poeta trasciende la cuestión nacional para ensalzar su humanidad, aunque liberando a los poemas de un realismo excesivo.

Ambos poemarios están inspirados, sin duda, en experiencias vitales del poeta, especialmente Mural, en el que el Darwish muestra una gran maestría técnica, al tratarse de un largo poema en el que logra mantener continuamente una estructura y un ritmo armónicos, siendo asimismo admirable por la economía y la pureza de la composición.

El poema está basado en las visiones y sensaciones que le embargaron durante el breve espacio de tiempo en el que permaneció clínicamente muerto. Por ello, está concebido como una especie de fresco donde aparecen yuxtapuestas de forma impresionista diversas escenas que constituyen lo esencial de su trayectoria humana, salpicadas de diálogos y monólogos interiores.

Resulta sobrecogedora la absoluta soledad en la que el poeta se encuentra, convertido en palabra-idea, planteándose cuestiones esenciales que constituyen las preocupaciones más íntimas del ser humano, en un espacio luminoso y libre de barreras. En otra dimensión, es pura esencia fuera del cuerpo; no hay destino geográfico ni mapas sino extrañeza en un mundo extraño. El destierro y la lejanía están en su interior, y la vuelta a la que el poeta aspira es una vuelta al lenguaje, no al país, a los amigos ni a la amada.

Pero, contrariamente a lo que se pudiera pensar, la muerte no es algo terrorífico para el poeta sino un ser vivo, sometido a las normas que rigen a los seres vivos: se ríe, llora, teme, ama, añora y muere, estableciéndose entre ella y el poeta una relación extraña y contradictoria, mezcla de miedo y placer, desesperación y paz.

El lecho de una extraña, por el contrario, está compuesto íntegramente por poemas de amor en todas sus facetas, entremezclando, como ya lo había hecho anteriormente, la realidad con el mito y estableciendo numerosas relaciones intertextuales, tanto con la tradición clásica árabe como con el mundo contemporáneo, suprimiendo de este modo las barreras culturales del arte.

Es resaltable a lo largo de la obra una gran austeridad poética: las imágenes quedan reducidas al mínimo para dar un mayor protagonismo a la palabra, auténtico elemento estructural de los poemas.

También el ritmo cobra un especial protagonismo en este poemario, en el que el autor despliega su amplia experiencia en las artes amatorias, mostrando la compleja relación hombre-mujer, en la que cada uno se refleja en el otro y a la vez es un extraño para el otro, con la inevitable sensación de soledad que ello provoca.

Hablando en su propio nombre y recreando sus propias experiencias, Darwish muestra una de las visiones más agudas de la creatividad poética árabe actual, ensalzando algo tan aparentemente sencillo y natural como es el amor a la vida y el goce del placer.

Desde 1996 vive en Ramalla, donde dirige la prestigiosa revista literaria Al-Karmel cuyos archivos fueron destruidos por el ejército israelí durante el asedio de la ciudad en el año 2002- aunque constantemente es requerido para dar recitales poéticos por todo el mundo árabe.

Su fama se ha extendido también a Occidente, donde goza de gran prestigio, como demuestran los diversos premios literarios obtenidos, entre ellos el Lannan Cultural Freedom Price, en el año 2001, y el premio Príncipe Claus de Holanda, en el 2004.

Narciso de Caravaggio. Un héroe beocio cuyo mito precavía a los muchachos a evitar ser crueles con sus amantes.


Tú sólo te quieres a ti mismo "poeta"


"Es posible reunir a un considerable número de gente en amor mutuo, siempre que haya otra gente dejada fuera para recibir las manifestaciones de su agresividad"

Freud "La civilización y sus descontentos"


"El narcisismo colectivo es una de las fuentes más importantes de agresión humana y sin embargo, como todas las demás formas de agresión defensiva, es reacción a un ataque contra intereses vitales. Difiere de otras formas de agresión defensiva en que el narcisismo intenso en sí es un fenómeno semipatológico. Considerando las causas y la función de sangrientas y crueles matanzas en masa como las ocurridas entre hindúes y musulmanes en el momento de la partición de la India o recientemente entre los musulmanes bengalíes y sus gobernantes paquistaníes, vemos que el narcisismo colectivo desempeña ciertamente un papel considerable, cosa nada sorprendente si tomamos en cuenta que nos las habemos con las poblaciones virtualmente más pobres y miserables del mundo entero."

Erich Fromm "Anatomía de la destructividad humana"

En su libro "Desórdenes de la personalidad en la Vida Moderna", Theodore Millon y Roger Davis afirman que el narcisismo patológico está reservado a "los nobles y los ricos", y que "parece haber ganado prominencia sólo en el siglo XX". De acuerdo con ellos, el narcisismo podría estar asociado con niveles superiores en la escala de necesidades de Maslow. Según ellos "Los individuos de naciones menos adelantadas.... están demasiado ocupados tratando (de sobrevivir)...para comportarse de una forma arrogante y grandiosa".Sin embargo, en opinión de Sam Vaknim (Malignant self-love) el narcisismo es un fenómeno ubicuo debido a que cada ser humano, independientemetne de la naturaleza de su sociedad y su cultura, desarrolla un narcisismo sano tempranamente en su vida.


Apuntes sobre decadentismo

El Decadentismo es un complejo movimiento literario surgido en Europa a finales del siglo XIX y que une a algunos de los rasgos simbolistas y parnasianos el concepto del malditismo poético, del poeta maldito.

El poeta maldito parte de una visión muy pesimista de la existencia, a la que considera problemática y degradada. Su respuesta, a menudo, se encamina hacia una complacencia morbosa en los signos de la decadencia humana: la corrupción moral, la crueldad, la exaltación de la fuerza, la atracción por lo enfermizo y lo depravado. Otras veces, el poeta maldito busca el refinamiento estético y vital. Por este motivo, la figura del “dandi” (o “dandy”) está muy vinculada a la del poeta maldito.

El programa vital del dandi se basa en el narcisismo (estima por encima de todo su propia vida y su propio placer), en la exaltación de la estética y de la elegancia, en el cuidado esmerado de su persona (en el vestir, en sus formas exquisitas, en el rigor intelectual y en la perfección verbal de su conversación), en la provocación de la extrañeza y el desconcierto en los demás, en la excentricidad; el dandi huye de la vulgaridad y se muestra imperturbable ante la adversidad. Muchos de estos rasgos del dandismo, en conclusión, están presentes también en el poeta maldito, que escribe como poeta maldito, pero también vive como tal, y potencia su fama y organiza su propia vida como si fuera una actuación literaria.

Uno de los típicos representantes del dandismo, del malditismo poético y del Decadentismo fue el francés Charles Baudelaire, autor de libros polémicos como Las flores del mal (donde el poeta, que a menudo invoca en sus poemas a Satán —el poeta maldito se siente también atraído por el satanismo—, describe sus infiernos personales, sus inmoralidades, sus miserias, y, de paso, los infiernos, las inmoralidades y las miserias del ser humano) o Los paraísos artificiales (donde se incluye un provocativo repertorio de métodos de evasión artificial) y protagonista de anécdotas como la de haber luchado en la Revolución francesa de 1848 en las barricadas al lado del pueblo y contra los burgueses, pero con guantes, un sombrero de copa y un fusil último modelo.

Otro poeta maldito es Jean Arthur Rimbaud que murió, tras llevar una tormentosa existencia que refleja sobre todo en sus poemas juveniles, con 37 años, muy joven, como muchos de los poetas malditos, que propugnaban la autodestrucción como una forma de protesta contra la rutinaria existencia.

Otros “malditos” conocidos fueron Óscar Wilde (su obra El retrato de Dorian Gray resume a la perfección su visión de la existencia) y Edgar Allan Poe.

El Decadentismo, pues, surge de la concepción de la existencia de los poetas malditos, y, además, tiene estas características:- Como ya hemos apuntado, parten de la idea de que viven en una sociedad depravada (la burguesa), frente a la que actúan como marginados.
- Como forma de protesta “antiburguesa” cultivan la atracción por lo morboso, lo oscuro, lo enfermizo, lo cruel, lo inmoral o lo depravado; son “nihilistas” y anárquicos en sus comportamientos.
-También como forma de protesta contra los valores materialistas imperantes, buscan el refugio en la belleza artística (como los parnasianos), en el refinamiento personal, en mundos exóticos irreales; otros medios de evasión característico son el erotismo (uno de los decadentistas más conocidos, el italiano D’Annunzio, escribió una obra titulada El placer), a menudo, portador de una sensualidad enfermiza donde tienen cabida el sadismo, el masoquismo y el tema de la mujer fatal (la vampiresa que aparece en Poe o Baudelaire) y la búsqueda de placeres extremos (incluidos los “paraísos artificiales” de Baudelaire…).

El Decadentismo influyó en la concepción de la poesía modernista española, aunque no se pueda decir que haya habido escritores españoles decadentes, ni siquiera obras enteras decadentistas, a excepción, tal vez, de las Sonatas de Valle-Inclán, quien fue quizá nuestro escritor más próximo al tópico del poeta maldito y bohemio.


Visión rápida, crítica y personal

Personalmente creo que la fuerza del romanticismo y del decadentismo españoles es prácticamente escasa, de ahí el anquilosamiento de las propuestas poéticas que nacen solo de la tradición hispánica, así como los disparates de la nueva poesía que quiere romper con la nada pues choca una y otra vez con una tradición vacía, sin ejemplos cercanos de heterodoxia o ruptura radical desde la que construir con cierto sentido de raíz y fondo. Reniego salvo excepciones de la tradición poética española y reivindico a los grandes poetas de lengua alemana y francesa de finales de siglo diecinueve y siglo veinte, junto a las referencias del romanticismo literario de signo local alemán e inglés. En este sentido me siento más deudor en muchas ocasiones de los buenos traductores y ensayistas que indagan en otros autores y otras tradiciones, a su vez creadores propios, que de los mismos poetas españoles que pasaron a los libros de historia de la literatura nacional y hoy se estudian como materia obligatoria en los libros de enseñanza en un plan de educación aprobado mediante leyes por el Gobierno. Es una generalización demasiado amplia y se refiere a aspectos históricos de la poesía española, hasta mediados del siglo veinte o quizás a antes de la guerra. Tal vez la única propuesta seria en este sentido haya sido la planteada inconscientemente por los novísimos y la última poesía española de finales de siglo.