"Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita. (...) Para mí sólo recorrer los caminos que tienen corazón. Esos recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. "







Stefanía aparecía muriéndose
la lengua penetraba la cerradura de una puerta que alguien
había cerrado para siempre.
¿Quién era?
¿Quién era aquel desconocido dueño de todas las llaves?
¿Qué color tienen sus ojos?
No tienen pupilas sólo dos agujeros sin fin.
Dos huecos como laberintos donde nos perdemos y no
volvemos jamás atrás.
El dueño de las llaves nos ha encerrado aquí dentro,
nos ha encerrado en sus ojos en sus agujeros,
en el laberinto hueco que no conduce ni al norte ni al sur.
Nos quedamos allí,
inmóviles aprisionados en sus ojos huecos.


22 de Abril de 2006 en mi creacionenmarcha








El valenciano Francisco Brines recibe el XIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por su obra 'Para quemar la noche'


E.P. "La poesía cumple el milagro de hacer que las cosas, no siendo vividas, puedan amarse", ha manifestado este martes el poeta Francisco Brines, con motivo de la presentación de la antología 'Para quemar la noche', galardonada con el XIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Brines (Oliva, 1932) ha declarado sentirse "honrado y agradecido" por obtener un reconocimiento que, a su juicio, es "el más importante" que se dedica al género poético. "El jurado lo hace en nombre de los lectores, que son su voz, con mayúscula", ha señalado el poeta, quien recibirá este miércoles dicho galardón, de manos de la Reina doña Sofía.

Para el galardonado, la poesía "superpone tiempos y espacios, y hace presente lo vivido y lo no vivido". Además, concreta las sugerencias "milagrosamente" y de un modo que para el poeta era "inexplicable antes de la escritura".

Brines afirma que el hombre "siempre está en crisis", porque la vida es como un perfil de sierra: "arriba y abajo, arriba y abajo", así que propone "como defensa" aceptarla "como nos viene". En su caso, afirma ser un tanto "fatalista", porque reconoce que "la vida está llena de enigmas". "Olfateamos la luz y el aire, pero nunca lo concretamos", ha dicho.

Esos enigmas que aparecen en la vida como "respuestas individuales y colectivas" se reflejan en la obra del poeta a través de su único personaje poético, el tiempo: "el del amor, el más dichoso; el del desamor, el más desdichado". Así, afirma que "el instinto de supervivencia del poeta es el de la no repetición, ver qué cosas nuevas puede decir, cómo matiza el sentimiento y cómo lo diferencia del anterior".

El responsable de la edición crítica de este volumen, Francisco Bautista, ha señalado que la importancia de la obra de Francisco Brines radica en la "permanente actualidad y absoluta pertinencia", una manera de situarse "siempre en cercanía absoluta" a las etapas que ha recorrido su obra.

Juan Ramón Jiménez y Cernuda
Francisco Brines ha confesado que Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda son ambos "conformadores" de su poesía. El primero es, a su juicio, "el Garcilaso de la época contemporánea y la fuente de donde nace toda la poesía del siglo XX", quien le dio su "vocación". Cernuda, por otro lado, le aportó "la manera de incorporar al hombre que escribía en la poesía".

Preguntado por su actividad literaria, Brines ha señalado que sigue escribiendo, aunque "con más intermitencia y lentitud", porque ahora se encuentra "en un momento de sequía y de barbecho". "Tengo un libro y a falta de corregir o de perfilar tres poemas, pero no tengo el impulso de hacerlo", indica.

El escritor afirma que nunca ha forzado la escritura, sino que deja la puerta "entreabierta" para que la musa entre si quiere y, si no, permanece "mudo y sordo". "Sigo abierto a que estos tres poemas terminen de perfilarse. Al igual que antes de que nazca un bebé aún no se le ha puesto nombre, yo estoy embarazado", bromea. Según afirma, "en la vida somos bastante desvalidos y a la vez fuertes, porque está vivida por aceptación de ella misma". Por ello, señala que continuará escribiendo "siempre que ella quiera", aunque de una manera "mucho más distanciada".


En un café


He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste más triste que un tintero
Triste no soy o si lo soy no sé
la maldita razón porque no quiero

He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste en las calles de mi raza
He vuelto a estar más triste que un quinqué
más triste que una taza

Estoy sentado ahora en un café
y mi alma late late
de sed de no sé qué
tal vez de chocolate

No quiero esta tristeza medular
que nos da un golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y basta de pensar
El cerebro está oscuro cuando arde.



Se fue uno de los grandes. Ahora que no está empezarán a reclamarlo. Algunos con honestidad, otros tantos con su irremediable hipocresía ibérica.

"Que me entierren vestido de payaso"

"Sólo lo extraño me es familiar"

"Soy el vocero del Silencio"

"Si te gusta ser llamado poeta desde joven, cuida de vivir poco. Toda una larga vida con un pequeño mote es ridículo"

"Me extraña la palabra amor en el verbo amordazar"




Me complace advertir, tras bucear por la página de la Diputación Provincial de Soria, para mi sorpresa, que el libro que presenté al XXVI premio "Gerardo Diego" para autores noveles formó parte de la última selección de los quince finales que optaron al premio.

Es otra señal que me aporta un poco más de confianza en estos duros momentos de cambio en los que esos 5000 Euros así como la primera edición de una obra mía no me hubiesen venido nada mal.

Seguiré intentándolo, mientras me dejen.

un poema de Rogelio Guedea

Celebración de la garza

La poesía no sirve para salvarte. Para salvar a nadie.
La poesía no sirve para cruzar un río,
para enredar una magnolia en una oreja no sirve.
Tampoco sirve para subir a un autobús sin pagar.
Para entrar en el cine por el ojo de la alcantarilla no sirve para eso la poesía.

Tampoco sirve para levantar un muro que detenga el mar.
No sirve de asiento en los trenes, de almohada en los aviones altos,
la poesía tampoco sirve para enamorar a la niña del apartamento contiguo,
si crees que sirve para eso estás equivocado.
No sirve para eso, loco.
La poesía no es un analgésico para que puedas dormir.
No sirve para quitarte el insomnio, antes te da más, antes te aprieta
las mandíbulas.
Tampoco sirve para salvarte de la multa policial. Ni siquiera del anuncio
diciendo ocupado en un baño público.
La poesía sólo se salva a sí misma. No a ti, no a tu abuelita,
ella misma es la salvadora de su propia voluntad.
Se escribe para salvarse, te utiliza como a un guante viejo para salvarse,
va ocupando tu cuerpo, tus manos, tus ojos, tu nariz.
Va ocupándote hasta que te hace desaparecer.
Un día te preguntas y ya no estás, la casa desmantelada,
las ventanas cerradas.
Un letrero que dice: Se vende. Para mayores informes.

Rogelio Guedea

Cervantes, esquina a León



Me gusta la calle Cervantes de Madrid. No porque sea especialmente bonita, que no lo es, sino porque cada vez que la piso tengo la impresión de cruzarme con amistosos fantasmas que por allí transitan. En la esquina con la calle Quevedo, uno se encuentra exactamente entre la casa de Lope de Vega y la calle donde vivió Francisco de Quevedo, pudiendo ver, al fondo, el muro de ladrillo del convento de las Trinitarias, donde enterraron a Cervantes. A veces me cruzo por allí con estudiantes acompañados de su profesor. Eso ocurrió el otro día, frente al lugar donde estuvo la casa del autor del Quijote, recordado por dos humildes placas en la fachada –en Londres o París esa calle sería un museo espectacular con colas de visitantes, librerías e instalaciones culturales, pero estamos en Madrid, España–. La estampa del grupo era la que pueden imaginar: una veintena de chicos aburridos, la profesora contando lo de la casa cervantina, cuatro o cinco atendiendo realmente interesados, y el resto hablando de sus cosas o echando un vistazo al escaparate de un par de tiendas cercanas. Cervantes les importa un carajo, me dije una vez más. Algo comprensible, por otra parte. En el mundo que les hemos dispuesto, poca falta les hace. Mejor, quizás, que ignoren a que sufran.

Pasaba junto a ellos cuando la profesora me reconoció. Es un escritor, les dijo a los chicos. Autor de tal y cual. Cuando pronunció el nombre del capitán Alatriste, alguno me miró con vago interés. Les sonaba, supongo, por Viggo Mortensen. Saludé, todo lo cortés que pude, e hice ademán de seguir camino. Entonces la profesora dijo que yo conocía ese barrio, y que les contase algo sobre él. Cualquier cosa que pueda interesarles, pidió.

La docencia no es mi vocación. Además, albergo serias reservas sobre el interés que un grupo de quinceañeros puede tener, a las doce de la mañana de un día de invierno frío y gris, en que un fulano con canas en la barba les cuente algo sobre el barrio de las Letras. Pero no tenía escapatoria. Así que recurrí a los viejos trucos de mi lejano oficio. Plantéatelo como una crónica de telediario, me dije. Algo que durante minuto y medio trinque a la audiencia. Una entradilla con gancho, y son tuyos. Luego te largas. «Se odiaban a muerte», empecé, viendo cómo la profesora abría mucho los ojos, horrorizada. «Eran tan españoles que no podían verse unos a otros. Se envidiaban los éxitos, la fama y el dinero. Se despreciaban y zaherían cuanto les era posible. Se escribían versos mordaces, insultándose. Hasta se denunciaban entre sí. Eran unos hijos de la grandísima puta, casi todos. Pero eran unos genios inmensos, inteligentes. Los más grandes. Ellos forjaron la lengua magnífica en la que hablamos ahora.»

Me reía por los adentros, porque ahora todos los chicos me miraban atentos. Hasta los de los escaparates se habían acercado. Y proseguí: «Tenéis suerte de estar aquí –dije, más o menos–. Nunca en la historia de la cultura universal se dio tanta concentración de talento en cuatro o cinco calles. Se cruzaban cada día unos y otros, odiándose y admirándose al mismo tiempo, como os digo. Ahí está la casa de Lope, donde alojó a su amigo el capitán Contreras, a pocos metros de la casa que Quevedo compró para poder echar a su enemigo Góngora. Por esta esquina se paseaban el jorobado Ruiz de Alarcón, que vino de México, y el joven Calderón de la Barca, que había sido soldado en Flandes. En el convento que hay detrás enterraron a Cervantes, tan fracasado y pobre que ni siquiera se conservan sus huesos. Lo dejaron morir casi en la miseria, y a su entierro fueron cuatro gatos. Mientras que al de su vecino Lope, que triunfó en vida, acudió todo Madrid. Son las paradojas de nuestra triste, ingrata, maldita España».

No se oía una mosca. Sólo mi voz. Los chicos, todos, estaban agrupados y escuchaban respetuosos. No a mí, claro, sino el eco de las gentes de las que les hablaba. No las palabras de un escritor coñazo cuyas novelas les traían sin cuidado, sino la historia fascinante de un trocito de su propia cultura. De su lengua y de su vieja y pobre patria. Y qué bien reaccionan estos cabroncetes, pensé, cuando les das cosas adecuadas. Cuando les hacen atisbar, aunque sea un instante, que hay aventuras tan apasionantes como el Paris-Dakar o mira quien baila, y que es posible acceder a ellas cuando se camina prevenido, lúcido, con alguien que deje miguitas de pan en el camino. Le sonreí a la profesora, y ella a mí. «Bonito trabajo el suyo, maestra», dije. «Y difícil», respondió. «Pero siempre hay algún justo en Sodoma», apunté señalando al grupo. Mientras me alejaba, oí a algunos chicos preguntar qué era Sodoma. Me reía a solas por la calle del León, camino de Huertas. Desde unos azulejos en la puerta de un bar, Francisco de Quevedo me guiñó un ojo, guasón. Le devolví el guiño. La mañana se había vuelto menos gris y menos fría.
Arturo Pérez-Reverte

Antipoética



Trazar una poética es algo así como una declaración de intenciones, acudo a la poesía a pecho descubierto con el sueño de que algún día me asesine. No pierdas el tiempo en justificaciones, no afirmes jamás un canon en la obra. Toda poética ubica, el matiz de un verso es frágil y cambiante. Si eres incapaz de predecir las tensiones de tu propio destino ¿cómo ibas a fijar un rumbo exacto en sus palabras? La poesía fluye como un río, sólo hay que tener valor suficiente para abandonarse a ella y dejarse arrastrar por sus luces y sombras. Una poética, dices. Puedo sentir la fuerza que reubica mi devenir existencial. Un sentido extra-ordinario, atemporal dentro de lo efímero. La llave de aquella emoción constantemente renovada.

Día de otoño


Señor: es hora. Largo fue el verano.

Pon tu sombra en los relojes solares,
y suelta los vientos por las llanuras.

Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor.

No hará casa el que ahora no la tiene,
el que ahora está solo lo estará siempre,
velará, leerá, escribirá largas cartas,
y deambulará por las avenidas,
inquieto como el rodar de las hojas.




Rainer María Rilke

"Sólo quien no excluya nada de su existencia, ni lo que sea enigmático y misterioso, logrará sentir hondamente sus relaciones con otro ser como algo vivo, y sólo él estará en condiciones de apurar por sí mismo su propia vida."




POR RODRIGO FRESAN

Pocas cosas más terribles y fascinantes que el éxito póstumo de un fracasado: la idea de que se puede volver de la tumba a recoger los laureles negados en vida –una forma de resurrección donde la presencia de la obra suple a la ausencia del cuerpo–; la noción de que el ama puede ser, después de todo, unos cuadros, unos libros, unas canciones, unas películas. La cosa se vuelve todavía más seductora si el perdedor de entonces y triunfador de ahora decidió separar los tantos con el violento tajo de un suicidio (pensar en los girasoles de Vincent Van Gogh, en La conjura de los necios de John Kennedy Toole). Y, mejor todavía, si el cadáver que se deja es joven y buen mozo. Así era Nick Drake: fracasado, lleno de pastillas y de una belleza melancólica. Un gerente de marketing no lo hubiera hecho mejor. En vida, Drake no vendía nada. Ahora es parte de una religión y vende mucho: de hecho, una de sus canciones es utilizada para vender automóviles en uno de los avisos más exitosos de los últimos. La vida te da sorpresas. La muerte, también. A continuación, una pequeña enciclopedia desordenada para entender un fenómeno, uno de los más interesantes Expedientes X de la música popular contemporánea.

DRAKE, NICK Una especie de Tanguito con talento. Mucho talento. La excelente biografía de Patrick Humphries –titulada, precisamente, Nick Drake: The Biography, y publicada por Bloomsbury en 1997) dice que Nicholas Rodney Drake nació el 19 de junio de 1948 en Rangún (Birmania) y murió el 25 de noviembre de 1974 en Tanworth (Inglaterra), de una poderosa sobredosis de un poderoso antidepresivo: Amitriptyline. Algunos dicen que se trató de un trágico accidente, que la prueba está en que no dejó un mensaje de despedida y que más de una vez se reconoció demasiado cobarde como para quitarse la vida. En cualquier caso, chico bastante rico con tristeza. Mucha tristeza.

LA OBRA Tres discos en vida: Five Leaves Left (1969), Bryter Layter (1970) y Pink Moon (1972). Los tres son muy parecidos y muy diferentes y, a su manera, cuentan una historia. El primero está compuesto por canciones folk con exquisitos arreglos de cuerdas que narran diferentes postales, como fotos o acuarelas. El segundo –para muchos su obra maestra– opta por una aproximación más jazzy y supuestamente comercial: como si la idea fuese que la melancolía sonara por lo menos un poquito más alegre. El tercero es un grito desesperado. A eso se agrega la publicación póstuma de los demos de Time of No Reply. Los cuatro discos de Drake fueron reunidos dentro en la caja Fruit Tree, primero en 1979 y después en 1986. Hay, además, un par de buenas antologías que funcionan como introducción a la materia. También hay álbumes homenaje, rarezas (un tal Reg Dwight, más tarde conocido como Elton John, grabó un acetato limitadísimo, cien copias, con covers de Nick Drake), hay rumores de nuevos temas recientemente encontrados, hay ganas de relanzar toda la obra, hay una chica (hay miles de chicas) que escucha estas canciones y llora y susurra: “Oh, Nick... Oh, Nick...”. Para saber por qué, oír uno de los temas de Drake, titulado “Black Eyed Dog” (una perfecta y terrible revisitación del “Hellhound on my Trail” de Robert Johnson) y sentir cómo baja la temperatura de la habitación, del país, del planeta.

LA MÚSICA Más cercanas a la chanson francesa que a cualquier otra cosa (Nick Drake era fanático de todo lo francés, desde el simbolismo hasta los cantantes: Trenet, Greco, Aznavour, Brel, Piaf, Brassens). Mezcla de folk y blues con humo existencialista. Letras que hacen comulgar la riqueza de William Blake con la economía de los haikus. El biógrafo Patrick Humphries la define –con precisión– como “congelada en su inmadurez” y, al mismo tiempo, como de una modernidad atemporal. Los más duros aseguran que se trata de música perfecta para levantar chicas, o para dejarlas caer. Los más sensibles las entienden como canciones para sufrir disfrutando, o disfrutar sufriendo. Lo cierto es que se trata de música quieta para una época movediza: 1969-1972. Psicodelia y Revolución. En este contexto, la obra de Nick Drake aparece como distante, ajena, ermitaña, inalcanzable. Tal vez por eso casi nadie le llevó el apunte en su momento. Nick Drake no sabía hablar por teléfono, pero le encantaba escuchar música con audífonos. Murió sin conocer el walkman. Alguien escribió que cuanto más se lo escucha a Nick Drake, más se duda de su existencia.

LA VOZ Inconfundible y única.
EL INSTRUMENTO Gran guitarrista. Más personal que virtuoso.
LA TIMIDEZ Crónica. No se le conocen novias serias; su breve affaire con la chanteuse Françoise Hardy nunca ha quedado del todo claro. Existen recuerdos de un período feliz y hasta comunicativo durante su pasaje por los colegios de Marlborough y Fitzwilliam, en Cambridge, donde empieza a tocar guitarra. Nick Drake no se llevaba bien con las personas porque no se llevaba bien con su persona. De ahí que todas sus canciones sean para adentro. Sus amigos lo querían hasta el cansancio: hasta que se cansaron de quererlo. Dicen los pocos que estuvieron en sus pocos conciertos que casi dolía verlo y oírlo de lo mal que lo pasaba. Lo más curioso –dicen los mismos pocos– es que nunca conocieron a alguien con una necesidad tan grande de ser famoso y reconocido. Al final, ni asistía a las presentaciones de sus discos. Ponían una foto suya, tamaño natural, pegada y recortada contra un cartón. Grande. Nick Drake era muy alto.

LAS FOTOS Parte indispensable de la leyenda de Nick Drake. Fotos tan reveladoras en su espontaneidad que parecen cuidadosamente posadas. Fotos de Lobo Estepario. Nick Drake caminando por una playa con un cigarrillo en la boca. Nick Drake envuelto en una manta, de pie, en un bosque, como un shamán en picada o un Thoreau triste. Las fotos de Nick Drake tienen una cualidad parecida a las de James Dean: la captura de un instante de alguien que no va a estar mucho más tiempo por aquí y va a ser difícil sacarle más fotos. No hay Nick Drake filmado, moviéndose. La foto más célebre de ellas aparece en el interior del cuadernillo del compact-disc de Five Leaves Left y acaba de ser elegida como una de las veinticinco más importantes de la historia del rock. La sacó, la reveló Keith Morris. Ahí está Nick Drake apoyado contra una pared de ladrillos de una fábrica llamada Morgan Crucible, en Battersea. De improviso, un hombre que persigue un autobús entra en cuadro corriendo. El mensaje es tan obvio como preciso: todos corren menos Nick Drake. Nadie sabe quién es o era el hombre que sigue corriendo adentro de esa foto. Nadie apareció todavía para decir: “Era yo”.

LA SUERTE Pésima. Malísima. Los lanzamientos de sus discos en el sello Island coincidían, siempre con los de Cat Stevens, que también era de Island (ya saben a quién le fue mejor de los dos). Buenas y contadas críticas, pero mala época para ser cantautor. Competencia terrible: Bob Dylan, Leonard Cohen, Van Morrison, Paul Simon, Richard Thompson, Tim Hardin, Tim Buckley, Al Stewart, James Taylor, siguen las firmas.

PINK MOON El último disco de Nick Drake ha sido comparado con el Blood on the Tracks de Bob Dylan y el Plastic Ono Band de John Lennon. Sin ser tan importante o trascendente, comparte con ellos un aire de primalidad y confesión. Dylan y Lennon también emiten sus SOS, pero son mensajes de artistas célebres y exitosos. El SOS de Nick Drake es el pedido de socorro de un pasajero de tercera clase en el “Titanic”. Y ya se sabe: unos flotan y otros se hunden. “Pink Moon” es la canción que se ha convertido en estos días en éxito mediático gracias a un aviso de Volkswagen, que la ha llevado a los primeros puestos en el hit-parade de ventas de Amazon.com. Alguien dejó un mensaje ahí diciendo que, gracias a Nick Drake, ha dejado de pensar automáticamente en Adolf Hitler cada vez que ve un Volkswagen. La canción parece optimista, pero pocos saben que no es una especie de “Here Comes the Sun” –Nick Drake nunca fue hippie y se fue escandalizado en la mitad de Easy Rider– sino una advertencia acerca del fin del mundo por holocausto nuclear (que según Nick Drake tendría lugar en 1980): la luna rosada que sale luego de las explosiones atómicas y todo eso. Algo más: Nick Drake era fanático del primer disco de Randy Newmann y se nota.

LA CAIDA Primero lenta y después rápida. Manía persecutoria, pánico al invierno, autismo, drogas recreacionales entendidas como forma de castigo, altas y bajas, ingreso en hospital, seguir grabando –en las canciones desesperadas de Pink Moon no hay un solo poema de amor–, dejar el master de su brevísimo disco minimal en la puerta de su compañía grabadora sin avisarle a nadie. Uñas largas y pelo sucio. Drake lee El mito de Sísifo de Albert Camus. Intenta entrar al ejército, pero no. Intenta trabajar en un estudio de grabación, pero no. Intenta estudiar para programador de computadoras, pero no. Intenta comprender por qué sus discos no se venden, pero no. Vuelve vencido a la casita de los viejos. Desaparece sin que a nadie le importe. Se va a dormir una noche y no despierta al día siguiente.

EL CULTO Nick Drake se murió sin necrológicas importantes, pero en el momento justo. Nick Drake era joven y hermoso y atormentado como el poeta Chatterton en ese cuadro. Difícil –por personalidad– que, de haber seguido vivo, hubiera sido reconocido. El punk y la new wave se lo hubieran comido crudo. Pero Nick Drake muerto está más vivo que nunca porque sus seguidores lo quieren y lo necesitan muerto y perdedor, triunfante en su derrota. Alcanza con leer alguno de los mensajes que le dedican sus fans en Internet. Da un poco de miedo. Mensajes de camaradas en el espanto de no ser reconocidos. Cartitas de amor de chicas vírgenes que se guardan para él y nada más que para él. Gente un poco rara que peregrina hasta la casa de los padres de Drake y llama a su puerta y pide conocer el cuarto –la escena del crimen– y rompe en llanto y se roba algún souvenir. Según su dedicado biógrafo Patrick Humphreis, el principio del culto a Nick Drake tiene lugar el 9 de marzo de 1979, al editarse la primera versión de la caja recopilatoria/obras completas. Fruit Tree es una de las primeras cajas dedicadas a un solo artista. E inaugura la época de desenterrar lo enterrado. De descubrirlo y, en la mayoría de los casos, oírlo como si fuera la primera vez, porque es la primera vez que se lo oye. Los músicos empiezan a hablar de la música de Nick Drake: Tom Verlaine, Matt Johnson (de The The), Nick Cave, Roger Waters, Robert Smith (de The Cure), Morrisey, los U2, John Cale, los REM (el guitarrista Pete Buck afirma que él y sus muchachos armaron Automatic for the People “como si fuera un disco de Nick”). Un exigente jurado del diario londinense The Times elige los cien álbumes de música popular de la historia y Five Leaves Left ocupa el puesto 60... por encima de Thriller de Michael Jackson y The Wall de Pink Floyd. Y aparecen los continuadores del sentimiento: Beth Orton, Belle & Sebastian, Ron Sexsmith, Everything But the Girl, Luca Bloom, David Gray... Gente que, cuando canta, dice hola como si estuviera diciendo adiós. Canciones tristes. Pero, en estos casos, felices canciones tristes.

EL ARTISTA Consciente o inconscientemente, Nick Drake se quitó una vida inocurrente para que la posteridad lo librara de una muerte triste y le regalara el paraíso de las teorías múltiples y la inmortalidad in absentia. Nick Drake cada día canta mejor, aunque a nadie se le ocurriría filmar una película de su vida con Leonardo DiCaprio o alguien por el estilo. Es que su historia no es interesante. Es una historia sin la pirotecnia de Jim, Jimi, Janis, Kurt. Es una historia cuyo agravante es ser pura prehistoria. Una historia sin malos. En vida, Nick Drake contó con todo el apoyo de padres, amigos y de su sello grabador, que lo adoró hasta el final contra toda prudencia comercial y respetando siempre sus cada vez más numerosas idiosincrasias. Una historia repleta de contradicciones que tal vez hicieran una buena novela: el solitario que siempre vivió con papá y mamá, el tímido en persona y extrovertido en su música, el artista íntegro que necesitaba ser famosísimo, pero que se negaba a tocar en vivo. Patrick Humphries equipara el mito de Nick Drake al de Narciso: alguien fascinado por el propio reflejo, que reclama a segundos, a terceros esa misma e intransferible fascinación y que, al final, se ahoga en las aguas de su propia y privada leyenda. Con estos elementos –los que constituyen una leyenda que, por íntima, resulta inaccesible– el futuro de Nick Drake como icono está asegurado. Sus canciones no necesitan ninguna ayuda para perdurar. Sus canciones se defienden solas.

EL FUTURO El último número de la revista inglesa Mojo viene con un exhaustivo ensayo de Ian MacDonald donde presenta a Nick Drake como héroe de este fin de milenio. Nick Drake como líder ausente, pero ominoso de una revolución lírica contra un mundo de máquinas y electricidad. El Mesías Unplugged. Aun así, MacDonald advierte contra la tentación de “considerar un iluminado a alguien que estaba enfermo”. La grandeza de Nick Drake está en lo que hizo a pesar de su enfermedad, no en considerar sus síntomas como pruebas de genio. Médicos revisionistas del caso aseguran hoy que no era un depresivo crónico sino una persona hipersensible. Alguien que, de alguna forma, se había adelantado a su tiempo. Alguien que sabía que, luego de la Era de Acuario, vendría esto en lo que estamos metidos. Una especie de profeta predicando en el desierto de su soledad mientras todos se divierten. Un pajarraco de mal agüero. No es tan incomprensible entonces que Nick Drake esté cada vez más de moda, que cada día que pasa crezca el número de los iniciados que sintoniza con sus noches. La Organización Mundial de Salud acaba de advertir que, durante el primer cuarto de este siglo que comienza, se multiplicarán los casos de depresión e hipersensibilidad. Que mejor prepararse para ese momento en que nadie va a tener ganas de salir de la cama y Nick Drake –finalmente, más vale tarde que nunca, para siempre– será número uno en la lista de Billboard.



"Hace años sigo a Raquel Lanseros. Alguna vez hasta la he encontrado en carne mortal y todavía muy joven. Aún le quedan cuarenta y nueve años de vida. Esos son muchos poemas por delante. Su último libro ha sido premio internacional Antonio Machado. Lo único que no me gusta es el dibujo de la portada. Pero eso se compensa con la foto de Raquel en el interior. Y desde luego con sus poemas. Es una poeta que nació con el corazón entre las piernas y en un país que quería dejar de ser ineficiente, que quería dejar de ser un coñazo y que estaba a punto de soltarse el pelo. El país se soltó el pelo, aunque la ineficiencia siguió persiguiéndonos en estos valles con menos lágrimas. Ella creció sabiendo de matanzas y de letras de Bon Jovi. Cerca de Fray Luis de León y del rock and roll. Tiene cuerpo de deportista, no le asusta el complicado juego de la vida, enseña a profesores, recuerda algunos besos y no le importa contarnos algunas de sus pasiones. Nos gusta Raquel Lanseros. Nos gusta su poesía. Siempre pensamos que la encontraremos al dar la vuelta a alguna esquina, en algún camino de cabras o bajo la sombra de los rascacielos. No perdemos la esperanza de encontrarla, aunque no seamos los protagonistas de sus poemas. Voy a copiar uno dónde la poeta se confiesa. Hay otros con otras sombras, otros vínculos y otras formas de amor. Este también nos gusta."

Javier Rioyo


TRADICIÓN ORAL

Me gusta amarte hincada de rodillas.
Aquí, tan desde abajo, tan cerca de la tierra
reclamo el palpitar de tu cuidado
y centro mi delicia en el transcurso.

No es de extrañar que el mundo sea redondo.
¿Qué forma iba a adoptar, sino la de mi boca?




El otro día tropecé totalmente por casualidad y para mi sorpresa con el título de uno de los primeros poemarios de un servidor en la página de la editorial poesiaerestu, otra nota al pie que me anima a seguir trabajando en este duro camino de letras.


ACTA DE LA REUNIÓN DE 17 DE SEPTIEMBRE DE 2010

Reunidos en Madrid a 17 de Septiembre de 2010 los miembros del jurado del Segundo concurso de la Editorial Poesía eres tú por José Elgarresta Ramírez de Haro (Presidente de la Asociación Madrileña de Escritores y Críticos Literarios), Pablo Méndez Jaque (Presidente de la Asociación de Editores de Poesía), Javier Pérez-Ayala Huertas (Grupo Editorial Pérez-Ayala), previa deliberación de sus miembros sobre las obras presentadas, acuerdan por unanimidad conceder, el Segundo Premio de la Editorial Poesía eres tú a la obra:

PÁGINAS DE UN DÍARIO
de Manuel Quiroga Clerigo.


Así mismo el Jurado hace mención por su calidad de las obras:

Silencioso, invisible de Enrique Arias Baeskoetxea

Las Ruinas de la aurora de José Antonio Pamies

DECLARACIÓNDE PRINCIPIOS Y DE VALORES

Tras los análisis y comentarios aquí realizados, el “Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional“ (MCRC), del que soy portavoz, hace esta declaración de principios y de valores:

I. Porque los seres humanos no nacen iguales en capacidad física y mental, ni en condición social, la Sociedad y el Estado deben garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades.
II. Porque existe un imperativo moral en todas las conciencias, es condenable el oportunismo personal, social y político.
III. Porque los individuos no pueden desarrollar sus vocaciones ni sus acciones fuera del contexto social, la lealtad es fundamento de todas las virtudes personales y sociales.
IV. Porque los españoles padecen temores derivados de su tradicional educación en el Estado autoritario, sólo la valentía personal puede crear la fortaleza de la sociedad civil frente al Estado.
V. Porque durante siglos se ha sacrificado y despreciado la inteligencia y el espíritu creador, apartándolos de los centros de enseñanza, del Estado y de los Partidos, esas facultades individuales han de organizarse para tener presencia activa en la sociedad civil.
VI. Porque la decencia constituye el decoro de la civilización, la sociedad civil debe civilizar a los Partidos y Sindicatos, sacándolos del Estado.
VII. Porque entre el Estado de Partidos y la sociedad civil no existe una sociedad política intermedia, la parte más civilizada de aquella debe orientar la formación de ésta, sin el concurso del Estado.
VIII. Porque la política afecta al universo de gobernados, si el lenguaje de políticos y medios comunicativos no es directo, correcto y expresivo del sentido común, disimula una falsedad o esconde un fraude.
IX. Porque no son legítimas las razones ocultas del poder político, siempre será ilegitima la razón de Estado.
X. Porque a la razón de gobierno sólo la legitima la libertad política de los que eligen el poder ejecutivo del Estado, son ilegítimos, aunque sean legales, todos los gobiernos que no son elegidos directamente por los gobernados y no pueden ser revocados por éstos.
XI. Porque la razón de la ley está en la prudencia de legisladores independientes, elegidos por los que han de obedecerlas, no son respetables, aunque se acaten, las leyes emanadas de Parlamentos dependientes del Gobierno.
XII. Porque la razón de la justicia legal está en el saber experto de una judicatura independiente del gobierno y del parlamento, no pueden ser justas ni dignas las resoluciones de una organización judicial dependiente de ambos poderes.
XIII. Porque la razón del elegido está en el mandato unipersonal, imperativo y revocable del elector, es fraudulento el sistema proporcional de listas, que sólo representa a los jefes de partido.
XIV. Porque los medios de comunicación forman la opinión publica, no puede ser imparcial ni veraz la información controlada por un oligopolio de poderes económicos.
XV. Porque la corrupción es inherente a la no separación de los poderes estatales, sólo la puede evitar, con su separación, el recelo y la desconfianza entre sus respectivas ambiciones.
XVI. Porque las Autonomías fomentan los nacionalismos discriminadores o independentistas, deben ser compensadas integrándolas en la forma presidencial de Gobierno.
XVII. Porque las Autonomías fomentan gastos públicos improductivos, sus competencias susceptibles de ser municipalizadas deben de ser transferidas a los Ayuntamientos.
XVIII. Porque la Monarquía de Partidos carece de autoridad para garantizar la unidad de la conciencia española, y ha sido foco de golpes de Estado y corrupciones, debe ser sustituida por una República Constitucional, que separe los poderes del Estado, represente a la sociedad civil y asiente el natural patriotismo en la forma presidencial de Gobierno.
XIX. Porque la única razón de la obediencia política reside en el libre consentimiento de los gobernados, éstos conservan su derecho a la desobediencia civil y resistencia pasiva, sin acudir a la violencia, frente a todo gobierno que abuse del poder o se corrompa.
XX. Porque el pasado no puede ser revivido, sin imponerlo la fuerza del Estado, no es posible la restauración pacífica de la II República, cuya forma de gobierno parlamentario tampoco era democrática.
XXI. Porque el sistema de poder de las naciones europeas, ideado para la guerra fría, no es democrático, los españoles están obligados a innovar su cultura política para llegar a la democracia como regla formal del juego político.

Por lealtad a la sociedad civil, los Partidos Políticos, Sindicatos y Organizaciones No Gubernamentales no pueden ser financiados por el Estado; y por lealtad a la conciencia personal de los integrantes de este Movimiento de Ciudadanos, el MCRC no se transformará en partido político, y se disolverá tan pronto como su acción se agote con el referéndum que ratifique la Constitución democrática de la III República Española.

Antonio García-Trevijano



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Fernando Vallejo

Valor Poético (Hölderlin)


¿No estás ligado a todos los vivos?

¿No te nutre la Parca en su propio
beneficio? Ve, atraviesa la vida
sin armas, pues nada debe atemorizarte.

Bendice cuanto te sucede,
sé propenso a la alegría. ¿Qué podría
ofender tu corazón? ¿Qué impide
que sigas marchando en tu camino?

Pues desde que la poesía brotó de humanos labios
propagando la paz,
desde el día en que nuestro canto
benéfico en el dolor y la alegría,
regocija el corazón de los hombres

también a nosotros, poetas del pueblo,
nos gusta mezclarnos con lo viviente,
con el amistoso gentío; felices, amigos de todos.
abiertos a cada uno. Tal
nuestro antepaso, el dios Sol

a ricos y pobres da su gozosa luz
y, mientras el tiempo huye, nos ayuda,
efímeros como somos, a seguir en pie
con su andador dorado, así como nosotros
guiamos los pasos infantiles.

Y cuando llega la hora, es esperado
recibido por oleaje púrpura. Entonces,
sabiendo que todo es pasajero,
va declinando, con ánimo invariable

¡Qué así perezca nuestra alegría
cuando suene la hora y el espíritu triunfe;
que así se hunda en la grave plenitud de la vida,
y tenga tan hermosa muerta!


“Hölderlin, con fidelidad admirable no fue sino aquello a que su destino le llamaba: un poeta. Pero ahí nadie le ha superado en su país, ni en otro país cualquiera”.

Luis Cernuda

CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!


JAIME GIL DE BIEDMA, Las personas del verbo, Seix Barral, Barcelona, 1982, pp. 145-146.


"un orden de vivir, es la sabiduría"





"Ya sabéis, compañeros en penas, fatigas y anhelos, que la palabra
homenaje huele a estatua de plaza pública y a vanidad burguesa. No creo que nadie entre nosotros haya tratado de homenajear a nadie de nosotros hoy, al reunirnos, en la sabrosa satisfacción de comer como en familia. Se trata de otra cosa."

Miguel Hernández

Sören Kierkegaard publicó en 1945, bajo el pseudónimo de Hilarius Bogbinder, su escrito Estadios en el camino de la vida. En él describe los tres tipos de existencia que el hombre puede llevar: la estética, la ética y la religiosa.

En el siguiente cuadro se presentan las características y se hace una comparación de estos tres tipos de existencia. Debajo se encuentra una breve explicación de cada uno de los elementos que lo componen.







Flechas unidireccionales: El camino no es reversible, no se puede retornar a un estadio anterior. Quien ha pasado del estadio estético al ético, por ejemplo, no volverá jamás a recuperar la ingenuidad del esteta y, si actúa mal, ya no será un "pícaro" sino un pecador.

Estadio estético: El esteta busca el placer y escapa del dolor. Por eso se apega al instante y corre detrás de lo que le promete más placer. Si en su camino se cruza con algo más prometedor, cambia de dirección y va tras ello. El esteta no se construye a sí mismo, se desarrolla por obra de la necesidad y no de la libertad, transformándose en lo que ya es. No tiene un proyecto a largo plazo. Un modelo de hombre estético es Don Juan, el "picaflor" que disfruta conquistando mujeres pero no contrae matrimonio, que rehuye el compromiso y sólo busca el placer. El Fausto de Gœthe es una versión más intelectual y refinada de hombre estético. Él disfruta el placer de las ideas: las estudia, las goza, pero no toma a ninguna por verdadera, ninguna de ellas se transforma para él en una verdad en pos de la cual deba comprometer su existencia. También él busca el placer y escapa del compromiso. Pero el ejemplo más extremo de esteta es El Judío Errante. Según una leyenda medieval, cuando Jesús iba camino del Calvario cayó frente a la casa de un zapatero de Jerusalén que de mala manera le dijo: «¡Anda!». Jesús respondió: «Tú también andarás hasta que yo vuelva.» Este judío aún vive y, como es un hombre estético, no disfruta de su longevidad. Está harto de todo, lo ha probado todo y ya nada llama su atención. Quiere morir, pero no puede. La vida del esteta lleva a la desesperación. Tarde o temprano se cansa de correr tras un placer que, cuando es alcanzado, se desvanece.

Estadio ético: El hombre ético vive la diferencia absoluta entre el bien y el mal. Ordena su vida al cumplimiento del deber, respetando la moral (lo universal) y renunciando a ser una excepción. No es, se hace con sus opciones libres, se construye, llega a ser algo nuevo. Tiene proyecto, respeta la palabra empeñada, toma decisiones. Opta («o lo uno o lo otro») y luego reafirma sus opciones en la repetición. Así el esposo, por ejemplo, no sólo elige su mujer en el momento de contraer matrimonio, sino que día a día repite esa opción, la confirma, viviendo en fidelidad a ella.

Estadio religioso: El hombre religioso por la fe cambia desesperación por esperanza y angustia por confianza en la providencia de Dios. Vive de cara a Dios. Ama a Dios y no quiere ofenderlo. Sabe que su deber absoluto no es obedecer a la ley sino obedecer a Dios. Si Dios le pide algo excepcional, incluso algo que contradiga la ley, algo que plantee una excepción a la norma general, él responde, aunque no llegue a entender por qué Dios le pide semejante cosa. El modelo de hombre de fe es Abraham, "El Padre de la Fe". Dios le pidió que sacrificara a su pequeño hijo, Isaac, y él, contra toda razón y contra su propia sensibilidad de padre, llevó al niño hasta el monte del sacrificio (Kierkegaard reflexiona en profundidad sobre este relato bíblico en su obra Temor y temblor). Su caso fue el prototipo de la "suspensión teológica de la ley moral". El hombre religioso está —como dice san Pablo— por sobre la ley, pues obra por amor, no por deber u obligación.

Desesperación: El esteta vive en el instante buscando "cazar" sensaciones placenteras, pero como las sensaciones y los instantes son escurridizos, se queda una y otra vez con las manos vacías. Por eso su existencia lo conduce hacia la desesperación. La desesperación es el estado propio de quien ya no espera nada pero no sabe otra cosa que esperar. La desesperación pone en juego a la persona toda y no sólo a su inteligencia, como hace la duda. Ella es el camino para llegar al estadio ético. Por eso Kierkegaard aconseja a quien desespera: “Elige la desesperación. La desesperación misma es una elección, ya que se puede dudar sin elegir, pero no se puede desesperar sin elegir. Desesperándose uno se elige de nuevo, se elige a sí mismo, no en la propia inmediatez, como individuo accidental, sino que se elige a sí mismo en la propia validez eterna.” Eligiéndose a sí mismo en su propia validez eterna el hombre entra en contacto con lo general, renuncia a ser una excepción, y adquiere la estabilidad propia de la vida ética.

Angustia: “La angustia es el vértigo de la libertad, un vértigo que surge cuando la libertad echa la vista hacia abajo por los derroteros de su propia posibilidad, aferrándose a la finitud para sostenerse. En ese vértigo la libertad cae desmayada y cuando se incorpora de nuevo ve que es culpable.” El hombre ético teme hacerse culpable, ya que la culpa es lo contrario de la libertad. Pero, al mirar el futuro, ve a la culpa como una posibilidad, y se angustia. Colocándolo frente a sus propios límites, la angustia pone al hombre ante lo único inconmovible (Dios), empujándolo a dar el salto desesperado de la fe, el salto a la existencia religiosa.




" Si no existiera una conciencia eterna en el hombre, si como fundamento de todas las cosas se encontrase sólo una fuerza salvaje y desenfrenada que retorciéndose en oscuras pasiones generase todo, tanto lo grandioso como lo insignificante, si una abismo sin fondo, imposible de colmar, se ocultase detrás de todo, ¿qué otra cosa podría ser la existencia sino deseperación? Y si así fuera, si no existiera un vínculo sagrado que mantuviera la unión de la humanidad, si las generaciones se sucediesen unas a otras del mismo modo que renueva el bosque sus hojas, si una generación continuase a la otra del mismo modo que de árbol a árbol continúa un pájaro el canto de otro, si las generaciones pasaran por este mundo como las naves pasan por el mar, como el huracán atraviesa el desierto: actos inconscientes y estériles; si un eterno olvido siempre voraz hiciese presa en todo y no existiese un poder capaz de arrancarle el botín, ¡cuán vacía y desconsolada no sería la existencia!. "
«La angustia es el vértigo de la libertad»














Tierra roja, tierra negra,
tú vienes del mar,
del verde árido,
donde existen palabras
antiguas y fatiga sanguínea
y geranios entre la grava –
no sabes cuánto traes
de mar, palabras y fatiga,
tú, rica como un recuerdo,
como el campo yermo,
tú, dura y dulcísima
palabra, antigua por la sangre
recogida en los ojos;
joven, como un fruto
que es recuerdo y estación –
tu aliento reposa
bajo el cielo de agosto,
las olivas de tu mirada
endulzan el mar,
y tú vives, revives
sin sorprender, segura
como la tierra, oscura
como la tierra, molino
de estaciones y de sueños
que a la luna se descubre
antiquísimo, como
las manos de tu madre,
el cuenco del brasero.



Terra rossa terra nera,
tu vieni dal mare,
dal verde riarso,
dove sono parole
antiche e fatica sanguigna
e gerani tra i sassi –
non sai quanto porti
di mare parole e fatica,
tu ricca come un ricordo,
come la brulla campagna,
tu dura e dolcissima
parola, antica per sangue
raccolto negli occhi;
giovane, come un frutto
che è ricordo e stagione –
il tuo fiato riposa
sotto il cielo d’agosto,
le olive del tuo sguardo
addolciscono il mare,
e tu vivi rivivi
senza stupire, certa
come la terra, buia
come la terra, frantoio
di stagioni e di sogni
che alla luna si scopre
antichissimo, come
le mani di tua madre,
la conca del braciere.





Pues sí, joven colega. Chico o chica. Pensaba en ti mientras tecleaba el artículo de la semana pasada. Recordé tus cartas escritas con amistad y respeto, el manuscrito inédito -quizá demasiado torpe o ingenuo, prematuro en todo caso- que me enviaste alguna vez. Recordé tu solicitud de consejo sobre cómo abordar la escritura. Cómo plantearte una novela seria. Tu justificada ambición de conseguir, algún día, que ese mundo complejo que tienes en la cabeza, hecho de libros leídos, de mirada inteligente, de imaginación y ensueños, se convierta en letra impresa y se multiplique en las vidas de otros, los lectores. Tus lectores.

Vaya por delante que no hay palabras mágicas. No hay truco que abra los escaparates de las librerías. Nada garantiza ver el fruto de tu esfuerzo, esa pasión donde te dejas la piel y la sangre, publicado algún día. Este mundo es así, y tales son las reglas. No hay otra receta que leer, escribir, corregir, tirar folios a la papelera y dedicarle horas, días, meses y años de trabajo duro -Oriana Fallacci me dijo en una ocasión que escribir mata más que las bombas-, sin que tampoco eso garantice nada. Escribir, publicar y que tus novelas sean leídas no depende sólo de eso. Cuenta el talento de cada cual. Y no todos lo tienen: no es lo mismo talento que vocación. Y el adiestramiento. Y la suerte. Hay magníficos escritores con mala suerte, y otros mediocres a quienes sonríe la fortuna. Los que publican en el momento adecuado, y los que no. También ésas son las reglas. Si no las asumes, no te metas. Recuerda algo: las prisas destruyeron a muchos escritores brillantes. Una novela prematura, incluso un éxito prematuro, pueden aniquilarte para siempre. Lo que distingue a un novelista es una mirada propia hacia el mundo y algo que contar sobre ello, así que procura vivir antes. No sólo en los libros o en la barra de un bar, sino afuera, en la vida. Espera a que ésta te deje huellas y cicatrices. A conocer las pasiones que mueven a los seres humanos, los salvan o los pierden. Escribe cuando tengas algo que contar. Tu juventud, tus estudios, tus amores tempranos, los conflictos con tus padres, no importan a nadie. Todos pasamos por ello alguna vez. Sabemos de qué va. Practica con eso, pero déjalo ahí. Sólo harás algo notable si eres un genio precoz, mas no corras el riesgo. Seguramente no es tu caso.

No seas ingenuo, pretencioso o imbécil: jamás escribas para otros escritores, ni sobre la imposibilidad de escribir una novela. Tampoco para los críticos de los suplementos literarios, ni para los amigos. Ni siquiera para un hipotético público futuro. Hazlo sólo si crees poder escribir el libro que a ti te gustaría leer y que nadie escribió nunca. Confía en tu talento, si lo tienes. Si dudas, empieza por reescribir los libros que amas; pero no imitando ni plagiando, sino a la luz de tu propia vida. Enriqueciéndolos con tu mirada original y única, si la tienes. En cualquier caso, no te enfades con quienes no aprecien tu trabajo; tal vez tus textos sean mediocres o poco originales. Ésas también son las reglas. Decía Robert Louis Stevenson que hay una plaga de escritores prescindibles, empeñados en publicar cosas que no interesan a nadie, y encima pretenden que la gente los lea y pague por ello.

Otra cosa. No pidas consejos. Unos te dirán exactamente lo que creen que deseas escuchar; y a otros, los sinceros, los apartarás de tu lado. Esta carrera de fondo se hace en solitario. Si a ciertas alturas no eres capaz de juzgar tú mismo, mal camino llevas. A ese punto sólo llegarás de una forma: leyendo mucho, intensamente. No cualquier cosa, sino todo lo que necesitas. Con lápiz para tomar notas, estudiando trucos narrativos -los hay nobles e innobles-, personajes, ambientes, descripciones, estructura, lenguaje. Ve a ello, aunque seas el más arrogante, con rigurosa humildad profesional. Interroga las novelas de los grandes maestros, los clásicos que lo hicieron como nunca podrás hacerlo tú, y saquea en ellos cuanto necesites, sin complejos ni remordimientos. Desde Homero hasta hoy, todos lo hicieron unos con otros. Y los buenos libros están ahí para eso, a disposición del audaz: son legítimo botín de guerra.

Decía Harold Acton que el verdadero escritor se distingue del aficionado en que aquél está siempre dispuesto a aceptar cuanto mejore su obra, sacrificando el ego a su oficio, mientras que el aficionado se considera perfecto. Y la palabra oficio no es casual. Aunque pueda haber arte en ello, escribir es sobre todo una dura artesanía. Territorio hostil, agotador, donde la musa, la inspiración, el momento de gloria o como quieras llamarlo, no sirve de nada cuando llega, si es que lo hace, y no te encuentra trabajando.


XLSemanal - 27/7/2010


Estoy volviendo a
"El corazón de las tinieblas" de la mano de Marlow, no voy a gastar palabras enciclopédicas que ilustren este genial relato, podéis encontrar datos suficientes en cualquier lugar. La fuerza flotante, misteriosa a la vez que directa, nebulosa y profética, de estilo arrollador, hacen de esta una narración mítica e inolvidable que sólo un genio valiente, inquieto como Joseph Conrad podría perpetuar. Aquí un conocido fragmento.


" La tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran... No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aullaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles; pero lo que estremecía era pensar en su humanidad -como la de uno mismo-, pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero si uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ello un significado que uno -tan alejado de la noche de los primeros tiempos- podía comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque está todo en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Júbilo, temor, pesar, devoción, valor, ira -¿cómo saberlo?-, pero había una verdad, la verdad despojada de su manto del tiempo. Que el necio se asombre y se estremezca; el hombre sabe y puede mirar sin parpadear. "

El corazón de las tinieblas
Joseph Conrad

Un tal Michi Panero




"Lo peor que se puede ser en este mundo es coñazo"

por Pedro. J. de la Peña


Un dato imprescindible para conocer los mecanismos de la poesía española actual es el hecho de que se articula desde arriba y no desde abajo. Es decir, no es la opinión de los lectores la que selecciona la importancia y calidad de los textos de los poesía de hoy. Tampoco la de los numerosos críticos que trabajan en medios de comunicación de ciudades españolas de mediana importancia. Ni siquiera la opinión de los numerosos poetas cuyo conocimiento del arte se da por sobreentendido. La decisión de quién es un poeta importante en España la toman apenas entre un grupo de dos docenas de personas que figuran como jurados de los premios más sustanciosos, como críticos de los suplementos mediáticos de mayor tirada y como editores de las principales editoriales especializadas en poesía.

No se trata de un grupo homogéneo pero sí interrelacionado por una misma vocación de constituirse en mediadores entre los nuevos creadores y el escaso público que los lee. Por eso, la influencia de esta veintena de personas es determinante en la suerte de casi todos los aspirantes a poetas.

Este hecho peculiar transforma por completo la poesía del siglo XX con relación al inmediato pasado. Todavía en el siglo XlX el éxito literario sí venía refrendado por los lectores. Poetas como José Zorrilla, Núñez de Arce o Campoamor tuvieron decenas de miles de lectores de sus libros y era el público quien decidía su importancia como poetas. En la actualidad, el consenso de no más de treinta personas determina que un poeta figure o no en las antologías, gane o no premios literarios muy fomentados en los medios de comunicación o se instale con honores en las tres o cuatro editoriales que distribuyen los libros de manera suficiente para que sea leído por las escasas dos mil personas que se preocupan de la poesía en España.

La selección es todo lo contrario de una selección natural. No triunfa lo mejor, sino lo que adquiere bendición desde las alturas. Para lo cual, basta muchas veces con agradar a unos pocos mediante recursos imaginables para cualquier observador. Así se empobrece la realidad literaria y campa por sus respetos la manipulación que inunda hoy la poesía española.

Hablar de la última poesía española es hablar, llanamente, de grupos de presión. En la novela todavía existe el mercado y las editoriales tienen en cuenta los gustos de los lectores. Lo que no se vende (la poesía) puede en cambio dirigirse desde unas pequeñas cúspides influyentes que determinan su valor de una manera ajena a los gustos de todos los demás.

En algún sentido, este aspecto puede tener ventajas cuando el acierto de la criba literaria elige adecuadamente. Pero _qué ocurre cuando se equivoca? _Y cuando actúa de mala fé por razones extraliterarias que convierten en bueno lo es, tan sólo, conveniente desde el punto de vista de sus estrategias de perpetuación en el sistema literario constituido?.

Una demostración del acierto y el error la percibimos con toda claridad en la diferencia que hay entre la poesía de los años 70 y la poesía de hoy. La poesía de los años 70 nació realmente de una necesidad de cambio que se producía por la inminente caída del franquismo y por la llegada de una sociedad nueva que representaba unos valores completamente distintos a los anteriores. Era la generación de Mayo del 68 o de Noviembre del 75, si lo decimos en términos españoles, la que se liberaba de las consecuencias da la II Guerra Mundial y establecía un nuevo paradigma que, en el caso español, significaba abandonar las secuelas de la Guerra Civil.

Bajo los auspicios de Carlos Barral y de José María Castellet, se inició un giro que, aun con sus errores puntuales en la selección de autores, describía un hecho incontestable: la poesía social había cumplido su ciclo histórico y necesitaba perentoriamente de un recambio. En realidad, lo que constituyó el punto de unión entre los poetas de los años 70 no fue el ser más o menos _novísimos_ sino su discrepancia a continuar escribiendo como fieles hijos de la poesía de la postguerra.

Abandonar el patriarcado de la poesía del realismo, de los estereotipos de una poesía social que habían marcado los años 40, 50 e incluso hasta mediados de los 60, fue una necesidad que motivó a los jóvenes poetas de aquellos años a buscar un modo de desmarcarse del ascético y severo tratamiento de la palabra utilizado hasta entonces.

Puede decirse que la poesía de los años 70 evoluciona en un proceso similar al de la sociedad y testimonia por eso mismo los cambios generacionales que se producen en sus días. y en eso consiste el acierto del editor y del crítico: haber olfateado una necesidad social que perfilaba un nuevo ámbito potencial de lectores hastiados de la denuncia social.

Posteriormente, el estancamiento de las estéticas de los año 70 viene a producirse a mediados de los años 80, por otro cansancio: el de la reiteración del culturalismo, ya en manos de epígonos de segunda fila.

Es en esa circunstancia cuando debería haberse propiciado un debate imaginativo, novedoso, que buscara una vía de escape al agotamiento estético de la generación del 70. Pero en lugar de eso se elige una línea claramente involutiva, que reivindica la poesía de la cotidianidad trasladando su liderazgo a la Estética de Campoamor. Se abandona así la línea lírica de la mejor tradición española que va de Gustavo Adolfo Becquer a Juan Ramón Jiménez y de Juan Ramón Jiménez a la Generación del 27. Sin asimilar los cambios en profundidad de la sociedad española, se toman como referencia de nuevo a los poetas sociales que habían promocionado la poesía de la I y II promoción después de la Guerra Civil, desde Gabriel Celaya a Jaime Gil de Biedma. Se traslada el tren de viaje de la poesía española a una vía muerta y oxidada por el paso del tiempo.

Aquí, desde el principio, el error es evidente. Llámese como se llame, esa apuesta equivoca el punto de mira porque no confía en una evolución natural de la poética, sino que la impone con argumentos desfasados. En lugar de un avance hacia una renovación, constituye una involución.

Aunque esa involución se plantee como el triunfo de una aparente novedad, de hecho supone un continuismo que no da alternativas a los acontecimientos reales de nuestra historia reciente. Se crea así una poesía del _sistema_ - escogida por la nomenclatura de poetas, críticos y editores antes mencionados - y se abandona toda indagación sobre la realidad subyacente de autores y libros que no han sido bendecidos desde las alturas, empobreciendo así radicalmente nuestro panorama poético.

Podemos hablar a partir de 1990 de dos cosas completamente distintas:
la poesía del _sistema_ y la poesía de la _ realidad_. La poesía del sistema se sobrepone sobre la poesía de la realidad tapándola de la misma manera que la caída de las hojas tapan la tierra durante el otoño. Esto se produce porque el sistema poético en el que nos movemos exige la exclusividad para poder constituirse en tendencia dominante y ejercer así una hegemonía literaria que silencie, desconozca y olvide todo lo que no cabe dentro del juego de sus intereses. La eficacia del procedimiento es evidente a corto plazo. Si todo lo que se promociona, se distribuye y se premia forma parte de una mirada excluyente de la variedad estética, los lectores de poesía pueden sacar la momentánea impresión de que esa poesía es la que tiene calidad y la que goza, consiguientemente, de prestigio externo.

Pero esta apariencia ni es verdadera ni, a medio y largo plazo, resulta sostenible.

Para que la poesía involutiva que se nos ha propuesto pudiera triunfar en un horizonte prolongado, tendría que vincularse no sólo a los apoyos endogámicos internos, sino urdirse en el plano internacional. La realidad demuestra, que precisamente por su insignificancia, por su falta de valor testimonial contemporáneo y por su pobreza argumental y temática, esto no ha sucedido. Las razones son evidentes _Qué puede proponer como referencia del mundo contemporáneo una poesía que se limita a contar las experiencias amorosas, alcohólicas, de droga o gustos musicales de un conjunto de poetas que han ignorado cosas tan evidentes como la caída del Muro de Berlín, la crisis del pensamiento de la izquierda, la llegada de las nuevas tecnologías, o las recientes guerras de religión en las que Oriente y Occidente debaten una nueva hegemonía de modelos de sociedad?.
La casi total ausencia de poetas españoles traducidos a lenguas tan internacionales como el inglés, da muestra del poco aprecio que los editores sienten por ellos, en contraposición a autores como Borges, Neruda, Octavio Paz o Mario Benedetti, que sí han adquirido una dimensión universal entre los lectores de poesía en cualquier idioma.

La poesía española de los años 90, por mucho que se empeñen en decir lo contrario sus cultivadores, no interesa. Y no interesa, aunque ellos se desgañiten afirmando su propia valía, porque no es interesante. Al contrario, es de una simplicidad filosófica aterradora. Se basa en un permanente y manido discurso sobre la memoria, la juventud perdida, el ocaso de la sexualidad juvenil, la iluminación de los excitantes y las proezas en la barra de una discoteca de un conjunto de jóvenes - ya no tan jóvenes - que carecen de discursos personales y de pensamientos de altura. Es un sucedáneo de la _movida_ anterior, que se ha quedado paralizado y quieto en una reiteraciones abusivas de los mismos temas y de los mismos procedimientos para comunicarlos.

Si pensamos en la poesía como una manifestación del estado moral de una sociedad, podemos hablar con toda claridad de la fértil decadencia de la poesía actual. Fértil porque se publican miles de libros, pero decadencia porque en su inmensa mayoría esos libros carecen de la menor importancia.

Son bastantes ya las voces que se han alzado contra esta situación en donde los privilegios de que gozan poetas irrelevantes vengan a condenar al olvido obras de auténtico interés. Y todavía se alzarán muchas más en cuanto se pierda el miedo a hablar ( a fín de cuentas, ganar el Premio _Loewe_ o figurar en la lista de los elegidos para los Premios de la _Crítica_ tampoco es relevante para la calidad de los textos ).

Poco antes de morir, Jose Angel Valente señaló de lleno esa mediocridad de la poesía actual. Incluso de su propia generación llegó a decir que no existía en ella _más que un poeta y medio_ . El poeta murió con él y el otro medio se había muerto algunos años antes. No eran momentos, pues, para mentir. Después, la cosa ha ido a peor. Creemos en sus afirmaciones porque una poesía dirigida, corregida y orientada a beneficio de otros poetas consagrados de la generación del 50, nos resulta epigonal y servil. Los siervos, por bien pagados que estén, no se liberan de su condición de siervos y arrastran con ella la precariedad de su propia obra que es una sombra de otras estéticas pasadas.

Un verdadero creador jamás condiciona su obra a los intereses de otras. Pero la manipulación de la verdad sufrida a beneficio de inventario de grupos muy concretos, no logrará mantenerse mucho tiempo. En primer lugar porque la voluntad hegemónica de la tendencia ahora dominante, es un error de cálculo que ni siquiera beneficia a quienes la promueven. Ese empeño en soslayar y en aparecer como los únicos, empobrece la diversidad y los deja asilados tanto del resto de los creadores como de una parte significativa del escaso público de los lectores de poesía. Los monopolios son aburridos y la gente termina por no consumir el producto monopolizado y marcharse a otro mercado que esté mejor surtido. Cuando el sistema prevalece largo tiempo sobre la realidad acaba ahogándose en su propio desprestigio.

La otra condición del cambio es que la _realidad_ de las catacumbas acaba siempre por imponerse al _sistema_ del poder. Cuando los días de bonanza terminen, un aire repentino se llevará toda esta hojarasca que ahora luce y oculta la riqueza de la poesía que en estos mismos momentos se escribe al margen del grupo dominante.
La mutabilidad de los valores literarias está sancionada por la historia en suficientes ejemplos como para no necesitar una nueva reiteración.

Hoy la poesía española está bajo sospecha. La pobreza de su discurso es demasiado manifiesta para que su eco se prolongue en ondas más allá del pequeño estanque podrido en que han decidido encerrarse. Ha preferido el mangoneo en lugar del diálogo y la hegemonía en lugar de la trasparencia. Son errores que siempre acaban pagándose muy caros.

Habrá quizá una esperanza futura, pero sólo cuando el sistema sea barrido por la realidad. Entonces encontraremos algunas obras dignas que tendrán que decir al mundo algo bastante más interesante de lo que en los últimos años se ha venido diciendo a través de una poesía epigonal, reiterativa y sin ambición, incapaz de constituirse en vanguardia de ninguna estética verdadera.

AMIGOS

Hoy ipsofactamente continuemos
nuetra simple faena de vivir.
Siglos ya de olvidar nuetro letargo
para seguir cantando como entonces.
¿Cúántos miles de años he dormido?
Recuerdo amigos míos
que hace nueve mil años
luchaba tras las puertas de Troya.
Todavía recuerdo cuando aquel Mundo Amigo
recién nacido apenas veinte mil años ha...
en la gruta de moda inauguraba
la exposición de frescos de Altamira

Desde entonces
¡yo no escribo poemas!

Sentado en la materia cronológica
de la nube en que habito
olvidaba volar día tras día
y abandonaba delincuentemente
mi manera espontánea de soñar.

Y es que pasando el tiempo
procurando leña y alimentos
vuelan los pájaros
se arrugan los milenios
y los hombres se vuelven herramientas
abogados y todo como yo.

Quedábase dormido nubeando poeta dentro
inevitable mío,duraba su letargo demasiado

pero habéislo llamado
sacándole del sueño de hace veinte mil años.

Hoy que me siento bípedo de nuevo
y el alma se me sube a la cabeza
voy a volver a imaginar lo que nunca
se debe imaginar.
Voy a dejar que diga su palabra y arenga planetaria
este poeta inevitable mio,
este petardo lírico
que ha sido amordazado tantos años
por hombres herramienta como yo

***

Hoy ipsofactamente continuemos
nuestra simple faena de vivir.
Exijamos aumentos de guitarra
reparto equititivo de canciones
y tractores a plazos
porque la tierra es mas de quien la canta
que no de quien la compra.

Los nubepensadores no tienen sindicato.
Esperadme en la cueva del minero
y haced mío su cabreo profundo.

Tenemos que hacer juntos muchas cosas
soñadores del mundo
¿nos unimos?

EMILIO GASTÓN, "Los Nubepensadores"


Esta noche, a las 21:30, se presenta en la biblioteca municipal Carmen Jalón de Torrevieja la revista de verano de la asociación "Ars Creatio" a la que generosamente he prestado algún poema, agradecer la rápida y también generosa acogida que este buscavidas de la literatura ha recibido.



arscreatio

autores de la asociación


Al finalizar la presentación de esta publicación se ofrecerá una charla sobre 'Los Tercios Españoles' a cargo de Miguel Ángel Torres Almira. Una vez se acabe este acto el cuarteto de clarinetes de la Unión Musical Torrevejense ofrecerá un concierto basado en la música del Renacimiento.





El argentino Guillermo Orsi se alza con el mayor galardón y el joven Javier Sinay gana el premio Rodolfo Walsh con 'Sangre joven'

B. HERNÁNDEZ - Madrid - 16/07/2010

Los premios de la Semana Negra de Gijón tienen acento porteño, de Buenos Aires, concretamente. El escritor argentino Guillermo Orsi ha ganado hoy el premio Hammet 2010 a la mejor novela negra de ficción con Ciudad Santa y Javier Sinay se ha alzado con el premio Rodolfo Walsh con Sangre joven.

La historia de Guillermo Orsi centra su acción en la época del corralito: de manera misteriosa, un crucero encallado en el Río de la Plata es secuestrado y los turistas que visitan la capital argentina empiezan a morir. El mejor relato basado en hechos reales, de Javier Sinay se centra en la generación nacida en la década de los ochenta que está condenada a morir en las calles de un Buenos Aires violento.

Los galardones se conceden anualmente en Gijón con ocasión de la Semana Negra, que este domingo concluye tras diez días de charlas, exposiciones y presentaciones de libros en torno al género negro, fantástico y policiaco.

El jurado del premio Hammet a la mejor novela policiaca editada en el último año, integrado por el cubano Rodolfo Pérez Valero y los españoles Julián Ibáñez y Juan Ramón Biedma, se ha decantado por la obra de Orsi entre los cinco finalistas: la española Cristina Fallarás, el colombiano Mario Mendoza, el mexicano Eduardo Monteverde y el argentino Carlos Salem.

El jurado del Rodolfo Walsh al premio de no ficción, formado por el argentino Raúl Argemí y los españoles Fernando Marías y Carles Quílez, escogió Sinay entre el español Mariano Sánchez Soler con Nuestra propia sangre y el mexicano Javier Valdez Cárdenascon Miss Narco.

El premio Celsius, con sólo tres años de antigüedad, se ha concedido al relato de fantasía La red de Indra de Juan Aguilera y el Espartaco a la mejor novela histórica ha sido para el cubano Alejandro Hernández, por Oro ciego. El Memorial Silverio Cañada a la primera novela negra publicada en español ha correspondido a Gregorio Casamayor por La Sopa de Dios y el premio del Concurso Internacional de Relatos Policiacos, para obras inéditas, lo ha ganado el argentino Enrique Ferrari con Ese hombre.






http://www.elpais.com/articulo/cultura/Ciudad/Santa/ganadora/premio/Hammett/2010/elpepucul/20100716elpepucul_2/Tes

Si muero pronto (**)

Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.

Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.

Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.

(**) De heterónimo Alberto Caeiros

Versión de Octavio Paz

Pues eso, que este año me subiré una vez más a la ciudad del norte en su Semana Negra. Me atravieso la península en tren estrenando y haciendo patente al fin sin vacilaciones mi creciente manía y mi nuevo pánico a volar manejado por algún piloto ajeno a mi propia destreza. Como novedad decir que conseguí animar al amigo Miki a que mandara alguna cosilla, así que por una vez hay compañero de viaje desde el mismo punto de partida. Se dice que este año el taller lo llevará Carlos Salem, y eso ya era de entrada una razón de peso para mí. Aunque el taller sea luego lo de menos cuando las tardes empiezan a empaparse de sidra al calor de referencias literarias, encuentros inesperados que no se pueden anotar, conversaciones alegóricas cuando el sol flaquea y el cansancio aprieta, en medio de la madrugada y en semejante estado sería natural tropezarse uno por ejemplo de retirada con un tal Joaquín confesándose frente a algún escritor que no sabe apurar la última luz de su cigarro. Además, teniendo en cuenta la situación de crisis económica y derivadas que arrastramos últimamente perderse esta cita por motivos de trabajo precario y temporal o simplemente por comodidad ciega disfrazada en nombre de lo convencional sería un error de bulto, imperdonable, de esos que pasan factura, nunca más. Así que carretera y manta. Viaje sólo de ida, por supuesto. Después de unos días en Gijón dejaremos que el viento nos vaya arrastrando progresivamente de un modo natural e impredecible, direcciones anotadas en una billetera vacía, lugares frescos y sencillos donde abrigar alguna buena historia, quién sabe, igual hasta me da por surfear sobre el cantábrico, montar vacas en los pastos salvajes donde habitan el oso pardo y el lobo o cometer un crimen contra la barbarie hipotecaria.




http://www.semananegra.org/