"Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita. (...) Para mí sólo recorrer los caminos que tienen corazón. Esos recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. "







Expulsados del paraíso, desheredados por voluntad propia de la tierra, desterrados por un dios ateo, cívico y todopoderoso, acallados por el marketing efímero de empresarios ejemplares, kamikazes contra el único amor que merezca nuestra sangre tinta, arrancados de la página a fuerza de golpes con la vida, arrojados a la calle que palpita sin tiempo, sucios, ebrios, sospechosos, perseguidos por habernos liberado de las trampas del sistema, culpables por hacer de nuestra obra la vida aún sabiendo que no sirve para nada, artesanos de palabras sin billete de vuelta, dispuestos a pagar el precio con nuestro sudor y nuestras lágrimas, la poesía del siglo veintiuno no tiene cabida en vuestras bibliotecas, expulsada de ediciones mercenarias patea sin rumbo una ciudad desprendida que ama sin miramientos de ningún tipo, su corazón bombea la sangre viva de un canto esencial que no separa y hunde su raíz en el sagrado individuo, en un minúsculo rincón a las afueras el docto profesor emite su sentencia, los críticos hacen reseñas a comisión para un autor ceniciento, el árbol genealógico de la burguesía editorial coloca a sus mochuelos con acné en la vanguardia del servilismo impreso, en un país de lameculos y de ridículas envidias, asesinos de la palabra viva pierden sus horas conversando inútilmente en cementerios de café mientras una ciudad avanza, escribe, sueña, besa con luz el corazón de cientos de desamparados plantando la semilla de una nueva revolución literaria, nada pueden contra la palabra esencial de auténtica raíz, desdibujada y migratoria, silenciada hasta la saciedad, hasta la suciedad presente que pronto será nada.


El lenguaje es una escisión entre el tiempo y la cultura.

Hay una emergencia espiritual en el ser humano que le hace ordenar el universo. ¿Cuál es el punto de vista común que convoca esto?

Eskindere en latín, scissors en inglés, y en español prescindir y precisar, que a su vez son palabras sinónimas. El gran dilema del ser humano es que cuanto más precisa más prescinde, porque somos incapaces de ver el fluir del río del que somos parte. El lenguaje que nos da la capacidad de congelar el universo para prescindir de él, nos saca a su vez de este universo creado mediante el lenguaje.

En el mito Hebreo, el poner nombre a las cosas es lo que expulsa al hombre del paraíso.

En el mundo de los rabinos, la serpiente es igual a la mujer y a la sabiduría. Por eso hay que intentar volver al árbol de la vida de los anunaki, al presente. Esto significa no proyectar la temporalidad infinitamente hasta el aburrimiento ni el hastío, sino salir del tiempo para volverse inmortal. Aquí radica la clave de la poesía.

En el mito coránico Alá se enfada tanto con la desobediencia de los hombres que cogió el árbol de la vida, el árbol del sésamo y expandió sus granos por todo el universo para que los hombres no disfrutaran de él.

El nacionalismo se cura viajando, porque cuando trazo un límite siempre pienso que lo que está de mi lado es lo bueno. Con el nacionalismo es imposible comer del árbol de la vida.

Aristóteles dice que hemos perdido la capacidad de hacer discursos demostrativos, himnos. El ser humano tiene un castigo porque cuando enuncia algo se está saliendo de la naturaleza y lo convierte en parte de su cultura distanciándose de ello. El mito del paso de la naturaleza a la polis.

Con el lenguaje construimos el mundo. Esta escisión metafísica del ser es lo que hace que generemos enfermedades. Adoptamos el mundo como mapa de signos olvidándonos del mundo real. La neurosis como enfermedad supone vivir constantemente en el estado de la representación del lenguaje. Pues hay dos tipos de mundo, el mundo presente y la representación que de ese mundo hace el lenguaje: nosotros vivimos aquí.

Buenos días

No somos más que súbditos de una dictadura bipartidista, tan insensible, desmemoriada y asesina como la raíz de donde procede, sometidos a una manipulación mediática que pone en escena la parafernalia electoral, actuaciones intrascendentes para el ciudadano de a pie, una prensa también al servicio de sus amos codiciosos. Si la libertad política es esto, si un ciudadano libre del mundo puede habitar impasiblemente hoy en este lugar de Europa sin que un cortocircuito alerte su obligada programación cotidiana, si alguien puede de verdad creer que toda su felicidad puede ser comprada con su miserable paga mensual... observo a ese pisaverde que cuando le dejan recorre las calles sin prejuicios y distante sonríe ante el tinglado que espolea la robótica marcha de los planos egos de esta actualidad.

En lugar de eso, hoy me ha dado por echar un vistazo a los periódicos para comprobar que el circo del país sigue su camino, que habito en la misma España pícara y manipuladora que deja en la cuneta los motores del cambio, un país plagado de demócratas para los que la letra de la Constitución siempre fue sagrada y no dudaban en tildar de antidemócratas cuando no de terroristas subversivos a quienes tuvieran la menor intención de cambiar la sagrada Biblia de este Estado de Derecho, sobre todo de Derecho su Señoría.

El tontarra de Pepe Blanco aún tiene el morro de decir que le hubiese gustado, a él y a su partido Socialista, contar con todos los ciudadanos y hacer un referendum para esta cuestión ¿quién se lo impide? ¿la foto del presidente con la canciller alemana? que lo hubiesen hecho como en realidad mandan los cánones de cualquier Estado moderno construido a base de la ciudadanía, donde los derechos políticos de los ciudadanos son sagrados, eso es lo máximo en una constitución y se llama Derechos Fundamentales meapilas, esos Derechos Fundamentales que nos metéis por el culo cada día al salir a la calle y comprobar que el transporte público es cada vez más caro, que todos tenemos Derecho a una vivienda digna ante notario y con una condena de cifras astronómicas, y podría continuar.

Uno madruga paras ponerse las pilas y se anima a seguir con lo suyo, dispuesto a meterse a fondo en la Literatura para que la pestilente diarrea que día a día nos brindan, Señorías, no nos salpique más. Pero resulta que uno está en una habitación de hotel y como tampoco le dejan encenderse un maldito cigarro le da por encender el cacharro ese de la televisión, esa herramienta que dispara subcultura indiscriminada de primera división y titulares de corte sensacionalista y electoral. Le da a uno por tragarse las noticias de la semana y repasar los periódicos, que ahora también van a recortar en sanidad y educación, ese es vuestro Estado de Derecho, esa es vuestra Democracia.

Ustedes no son padres de la Constitución ni tienen derecho a hacer con ella lo que les venga en gana, ustedes no son más que unos usurpadores de la lucha que personas soterradas, olvidadas, muchas de ellas muertas, asesinadas escuchen, llevaron a cabo. Ustedes están viviendo de la lucha de muchas generaciones y no hablo sólo de una lucha en las trincheras porque les veo venir con sus orejas de burro, hablo de una lucha a pie de ciudadanía, de un día a día trabajando por construir una democracia, por enterrar la sombra de Caín que nos sumió en el desastre de la guerra. Ustedes no dejan hablar en el foro a las minorías que representan amplios espectros de una población masivamente golpeada, no saben lo que están haciendo con sus políticas, no son conscientes de la dimensión de esos golpes que están repartiendo a diestro y siniestro incluso entre sus propios votantes, arrastrados por la mentira publicitaria del poder mediático y por el opio efímero que día tras día les inyectan en vena.

Quizá no quieren recordar que esas mismas minorías conforman la gran mayoría que fue capaz de construir esa democracia vuestra, luego les dejaron fuera por razones de consenso y por qué no decirlo: por miedo. Miedo a que estuviesen ahí señalando con el dedo donde duele cuando llegase este momento, miedo a que no les dejasen hacer sus políticas liberales a toda costa, miedo a la autocrítica, miedo a la reflexión, miedo en definitiva a trabajar para la mayoría, una mayoría que no es la de sus votantes perdonen, de sobra sabemos cómo funciona vuestra ley electoral, repasen la historia, atrévanse a mirar a los ojos del jornalero campesino que gustoso les degollaría con su azada, vayan a la casa del obrero que perdió un dedo hace dos años en la fábrica, todavía está esperando una miserable paga de vuestro Estado de Bienestar. Ustedes no tienen la menor idea de lo que es su país y así difícilmente se puede gobernar, ustedes viven entre bambalinas al amparo de la dictadura de sus partidos y al cobijo de un rey, ustedes no sólo no representan a los ciudadanos de este país con su ridícula manipulación abierta y descarada, ustedes no se representan ni a ustedes mismos porque han perdido el rumbo de la historia y el sentido de lo que es la realidad de este país que naufraga a la deriva de un sueño.

Hay días que uno preferiría despertar de esa terrible pesadilla que han creado para el ciudadano corriente, el crítico alerta y no hay otra opción para el creador que seguir trabajando día a día lejos de todo ese montaje de artificio que no es democracia, que no es individuo, que no es libertad. Esclavitud, persecución, vasallaje, servilismo, silencio, España.

Don de la ebriedad

Celebremos cada día este don de la ebriedad que es la poesía, una claridad venida del cielo, por encima de las cosas y a la vez ocupándolas, nada hay tan claro como sus impulsos.

He aquí un poema de cabecera y magistral escrito por el poeta Claudio Rodríguez a los dieciocho años.


Don de la ebriedad

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.