"Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita. (...) Para mí sólo recorrer los caminos que tienen corazón. Esos recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. "







He metido este sueño
en el triturador de la cocina.
Reconozco la distancia
el ruido de tus huesos que se rompen
como nueces tiernas;
el eco de tu voz contra las muelas
de hierro y las cuchillas,
las distensiones de los nervios
que escapan al molino
como peces en sangre.
Pero el sueño impiadoso resucita,
se conforma en el caño,
se destritura halando ferozmente
la manivela del tiempo hacia otros aires.
Vuelve el sueño a soñarse
como en su primera infancia;
y tiene
la paleontología licuosa
de lo no vertebrado.
Lo desueño otra vez en el triturador,
que abre las fauces hogareñas
de laborioso tigre,
y el sueño, lento, vuelve.


Eduardo Lizalde


(Gracias a la revista Rosa Cúbica en su último número "La X en la frente" dedicado a México estoy descubriendo poetas como éste que yo desconocía. Gracias por el regalo.)

Lo inmortal

Mi recuerdo más vivo es la huerta del Segura junto a pequeñas sierras que doradas por el sol se erguían como crecientes pechos de una tierra fértil.

Mi primer anhelo el infinito horizonte de mar en las solitarias noches de otoño. Olor mediterráneo en las primeras encrucijadas de la vida.

Es lo inmortal.

Hace poco he descubierto una frase impresionante en una selección de pensamientos de Sainte-Beuve, un famoso crítico francés del siglo XIX, titulada Mis venenos. Dice así: "Al ver a personas famosas que, entorpecidas por la edad, se equivocan, se pierden en disgresiones y realizan acciones locas o viles, pienso que la juventud, aun en su imprudencia y en su impaciencia, es más honesta y sabia. Es sobre todo en la segunda parte de la vida cuando nos hacemos frívolos y perdemos la dirección correcta."

Se trata de la afirmación que más me ha impactado en estos últimos tiempos. Yo tenía la costumbre de subrayar los fragmentos que me gustaban, pero he observado que en ese libro, que leí por primera vez hace veinte años, no había ninguna línea subrayada, lo que me hace suponer que en aquel momento no me impresionó la frase. Sin embargo ahora, después de haber atravesado el umbral de los cuarenta, veo perfectamente la malicia que subyace en esa afirmación.

¿En qué consiste el respeto debido a los ancianos? Según Sainte-Beuve, en la deferencia que jóvenes honrados e inteligentes están obligados a tributar a personas frívolas e incapaces de distinguir los valores correctos. En nuestra época, quedaron casi completamente abandonados los armoniosos sentimientos de devoto respeto que en un tiempo existían entre el maestro y el discípulo, y entre los jóvenes y los ancianos, siendo cada vez mayores las profundas divergencias entre ellos.

Una terrible característica de la vida es el hecho de que nada puede garantizarnos la madurez y la evolución. Aunque acumulemos una gran cantidad de conocimientos, ellos no le darán necesariamente seguridad y estabilidad a nuestra existencia. Tengo la impresión de que el concepto de respeto por los ancianos es más firme cuanto menor es la diferencia de edades. Es hermoso ver que por fortuna en el mundo del deporte se mantiene una rigurosa deferencia hacia los compañeros mayores, incluso hacia los que tienen sólo un áño más.

En las artes marciales, sobre todo, basta un pequeño olvido del código de comportamiento frente a los mayores para que se corra el riesgo de recibir duros castigos, como sucedía en otro tiempo. La norma que impone el respeto a la edad se asienta, por tanto, en el temor; pero es una norma que en la sociedad moderna ha asumido un carácter ficticio. Ahora los ancianos no se limitan a exigir respeto, sino que han aprendido el método para dominar con habilidad a los jóvenes adulándoles y reprimiéndoles con astucia. A su vez, los jóvenes, intuyendo esta táctica, han aprendido a mostrar deferencia hacia los ancianos por simples motivos de conveniencia social y de interés personal.

El concepto de que debe tributarse respeto a los ancianos es típico de las sociedades agrícolas. En la agricultura sólo tiene valor la experiencia: únicamente acumulando experiencia durante meses y años es posible comprender las leyes que rigen los cambios del clima, la abundancia o la escasez de las cosechas, el momento más oportuno para la plantación y todos los otros fenómenos que parecen irregulares e inescrutables. De ahí que deban transcurris muchos años, esto es, es necesario envejecer para que al fin tales fenómenos se transformen ante nuestros ojos en leyes eternas y nos sea posible acumular experiencias y obtener de ellas resultados técnicos.

Por eso los jóvenes aprendieron a escuchar las palabras de los ancianos y a respetarlos, haciéndose reverentes hacia una jerarquía establecida por la edad.

Pero en la sociedad moderna es imposible que los ancianos sean omniscientes y los jóvenes ignorantes. Es más probable que los ancianos sepan más que los jóvenes sólo en lo que se refiere a los chismes sobre el mundo que transmite la televisión.

Vivimos en una sociedad en la que la comunicación de masas adquiere una importancia cada vez mayor; podría suceder que a los ancianos les correspondiera el deber de recibir, pasivos, las informaciones transmitidas mientras que, paralelamente, los jóvenes irían progresando cada vez más en la tecnología, ampliando sus dominios; así, las nociones acumuladas por los ancianos se irían haciendo poco a poco más anticuadas hasta perder finalmente su valor informativo. Será muy difícil mantener el respeto por los ancianos en una sociedad de ese tipo.


Yukio Mishima

Como el París de los Cuadros parisienses de Baudelaire o el de Los cuadernos de Malte Laurids Brigge de Rilke, la ciudad es para Trakl más un desierto que una tierra prometida, un desierto agitado, bullente, ruidoso... Lleno, pero vacío.

Un hormiguero de tantas caras que ya son la de nadie, que ya no caben en uno.

Laberinto, pero sin salida.

Un falso laberinto, una, mil, diez mil puertas sin entrada.
Era la conmoción de lo fugaz, el movimiento de lo transitorio...
Un exilio más.

Qué oscura es esta ruinosa ciudad llena
de iglesias y figuras de la muerte.


Así había descrito Trakl a Salzburgo, la ciudad que acababa de dejar atrás. Ahora, recién llegado a Viena, en 1908, Trakl describe así su estado anímico:

Cuando llegué aquí, fue como si por primera vez viera la vida tan clara como es, sin interpretaciones personales, desnuda, sin presuposiciones, como si percibiera todas aquellas voces que tiene la realidad, crueles, penosas. Por un momento sentí algo de la presion que pesa normalmente sobre los hombres y el impulso del destino.

Creo que tiene que ser horrible vivir siempre así, sintiendo plenamente todos los instintos animales que arrastran la vida a través de los tiempos. He sentido, olido y tocado en mí las más espantosas posibilidades y he oído aullar en la sangre de los demonios, los miles de diablos con sus aguijones, que hacen delirar la carne. ¡Qué espantosa pesadilla!

¡Ya pasó! Hoy esa visión de la realidad ha vuelto a hundirse en la nada, las cosas me quedan lejanas, más aún sus voces, y escucho de nuevo con un oído alegre las melodías que hay en mí y mi vista alada sueña de nuevo con sus imágenes , que son más bellas que toda la realidad. ¡Estoy con mí mismo, soy mi mundo! Mi mundo pleno y bello, lleno de infinita armonía.



Hugo Mujica



A Claudio Rodríguez, recordando el día en que, con un
cigarrillo temblándole en los labios, me dijo, en el Drugstore
de Fuencarral, «a esta gente hay que ganarla».


Aun cuando tejí mi armadura de acero
el terror en mis ojos muertos.
Aun cuando con mano blanca y nula
hice de silencio tus orines
y la nieve cae aún sobre mi cuerpo
pese a ello se impone un silencio aún más hondo
a los clavos que habían horadado mi cráneo:
aun cuando sean huesos quizá lo que no tiembla
aun cuando el musgo concluye mi pecho¹
el terror remueve las cuencas vacías.

¹Este poema puede leerse también con la siguiente variante:
Aun cuando el musgo es certeza en mi pecho

"Teoría" 1973