Nosotros los caminantes estamos acostumbrados a cultivar deseos amorosos precisamente por su carácter irrealizable y a distribuir ese amor, que realmente le corresponde a la mujer, entre pueblo y monte, lago y quebrada, los niños en el camino, el mendigo en el puente, la vaca en el prado, el pájaro, la mariposa. Disociamos el amor de su objeto, el amor en sí nos es suficiente, de igual manera que al caminar no buscamos la meta, sino el deleite del propio viajar, el estar de camino.

No quiero que mi único motivo para vivir sea la vida; no quiero que mi único motivo para amar sea la mujer, necesito dar un rodeo y pasar por el arte, necesito el placer solitario y elaborado del artista para poder estar a gusto con la vida, incluso para poder soportarla.

El aburrimiento es algo que no conoce la naturaleza; es un invento de los habitantes de la ciudad.

El rico bien podría, pero no puede.

La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla.

Una profesión es siempre una desgracia, una limitación y una resignación.

La bohemia siempre es un peligro para todos los jóvenes dotados de gusto y alma por encima del término medio, en los que el talento es más fuerte que el carácter. Hoy día la bohemia sigue siendo algo atractivo, pero es una forma de vida artística equivocada, retrógrada e impracticable desde un punto de vista interior; quien se queda atascado en ella, no es un genio ni un revolucionario, sino sencillamente un pobre diablo que no es lo bastante listo ni fuerte como para crearse una vida digna.


Hermann Hesse