Un día, corazón, descansarás,
un día morirás la última muerte,
entrarás en el silencio
a dormir el hondo sueño sin sueños.
Tantas veces te llama desde la dorada oscuridad,
tantas veces le deseas,
el lejano puerto, cuando tu barca
acosada por las tempestades flota en el mar.
Pero tu sangre aún te lleva
sobre una ola roja por la acción y el sueño,
aún ardes, corazón, con vida y pasión.
Desde el alto árbol del mundo
te llaman el fruto y la serpiente con dulce apremio
a deseo y hambre, culpa y placer,
y el canto de mil voces hace sonar
su música de arco iris celeste en tu pecho.
El juego del amor te invita,
selva del placer, al espasmo de la dicha
para ser allí huésped embriagado, bestia y Dios,
enardecido, exhausto, palpitando sin meta.
Te atrae el arte, silencioso hechicero,
a su círculo con magia feliz,
pinta velos de color sobre la muerte y la miseria,
convierte el tormento en placer, el caos en armonía.
El espíritu llama al juego supremo,
te enfrenta a las estrellas,
te hace centro del universo
y ordena el cosmos como un coro en torno a tí;
Desde el animal y el limo primigenio hasta tí
él muestra la vía del orígen, rica en antepasados,
te convierte en meta y fin de la naturaleza,
abre oscuros portales,
interpreta a los dioses, al espíritu y al instinto,
enseña cómo brota de él el mundo de los sentidos,
cómo el infinito cobra nueva forma,
y hace que ames de nuevo y más
el mundo, que jugando convierte en espuma,
porque eres tú quien le ha soñado y a Dios y al Universo.
También hacia los lóbregos pasadizos,
donde la sangre y el instinto realizan lo atroz,
está abierto el camino,
donde el delirio nace del miedo, y el asesinato nace del amor,
donde humea el crimen y arde la locura,
ningún hito separa el sueño de la acción.
Podrás andar todos estos caminos,
podrás jugar todos estos juegos,
y a cada uno sigue, lo verás,
otra aún más seductor.
¡Qué agradables son los bienes y el dinero!
¡Qué agradable es renunciar a ellos!
¡Qué hermoso renunciar, apartándose del mundo!
¡Qué hermoso desear apasionadamente sus encantos!
Subir hasta Dios, descender hasta el animal,
y por doquier resplandece fugaz la dicha.
¡Camina por aquí, camina por allá, sé hombre, animal y árbol!
Infinito es el polícromo sueño del mundo,
infinitamente se te abre una y otra puerta,
por todas suena el coro pleno de la vida,
por todas nos atraen, nos llaman
una dicha fugaz, un dulce aroma fugitivo.
¡Practica la abstinencia, la virtud, cuando te atenace el miedo!
¡Súbete a la torre más alta y salta!
Pero sabe: en todas partes eres sólo huésped,
huésped en el placer, en el dolor, huésped también en la tumba,
que te vomita nuevamente,
aun antes de que hayas descansado,
al torrente eterno de los nacimientos.
Pero de los miles de caminos hay uno
díficil de econtrar, fácil de intuir,
el que mide con un paso el círculo de todos los mundos,
el que ya no engañan, el que alcanza la última meta.
La revelación florece para tí en esta senda:
tu yo más íntimo, que ninguna muerte destruye nunca
te pertenece sólo a tí,
no pertenece al mundo que atiende a nombres.
Un extravío fue tu largo peregrinaje,
un camino errado preso del error sin nombre,
y siempre estaba cerca de ti la senda milagrosa,
¿cómo pudiste caminar cegado tanto tiempo,
cómo pudo sucederte este hechizo,
que tus ojos nunca viesen esa senda?
Ahora termina el poder del sortilegio,
has despertado,
oyes en la lejanía cantar los coros
en el valle de la confusión y de los sentidos,
y tranquilo te apartas de lo externo
y te vuelves hacia ti mismo, hacia adentro.
Entonces descansarás,
habrás muerto la última muerte,
entrarás en el silencio
al profundo sueño sin sueños.


Hesse (1887-1962) - Obstinaciones