9/7/10

Si muero pronto (**)

Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.

Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.

Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.

(**) De heterónimo Alberto Caeiros

Versión de Octavio Paz

5/7/10

rumbo norteño (semana negra)

Pues eso, que este año me subiré una vez más a la ciudad del norte en su Semana Negra. Me atravieso la península en tren estrenando y haciendo patente al fin sin vacilaciones mi creciente manía y mi nuevo pánico a volar manejado por algún piloto ajeno a mi propia destreza. Como novedad decir que conseguí animar al amigo Miki a que mandara alguna cosilla, así que por una vez hay compañero de viaje desde el mismo punto de partida. Se dice que este año el taller lo llevará Carlos Salem, y eso ya era de entrada una razón de peso para mí. Aunque el taller sea luego lo de menos cuando las tardes empiezan a empaparse de sidra al calor de referencias literarias, encuentros inesperados que no se pueden anotar, conversaciones alegóricas cuando el sol flaquea y el cansancio aprieta, en medio de la madrugada y en semejante estado sería natural tropezarse uno por ejemplo de retirada con un tal Joaquín confesándose frente a algún escritor que no sabe apurar la última luz de su cigarro. Además, teniendo en cuenta la situación de crisis económica y derivadas que arrastramos últimamente perderse esta cita por motivos de trabajo precario y temporal o simplemente por comodidad ciega disfrazada en nombre de lo convencional sería un error de bulto, imperdonable, de esos que pasan factura, nunca más. Así que carretera y manta. Viaje sólo de ida, por supuesto. Después de unos días en Gijón dejaremos que el viento nos vaya arrastrando progresivamente de un modo natural e impredecible, direcciones anotadas en una billetera vacía, lugares frescos y sencillos donde abrigar alguna buena historia, quién sabe, igual hasta me da por surfear sobre el cantábrico, montar vacas en los pastos salvajes donde habitan el oso pardo y el lobo o cometer un crimen contra la barbarie hipotecaria.




http://www.semananegra.org/

4/7/10

Proust inédito



“Durante mucho tiempo, me acosté temprano.”



La mente del poeta está llena de manifestaciones de esas misteriosas leyes; y cuando esas manifestaciones aparecen, cobran fuerza, se desprenden poderosamente del fondo de su mente, aspiran a salir de ella, porque todo lo que debe durar aspira a escapar de todo lo que es frágil, caduco, de lo que esta noche puede perecer o no poder ya salir a luz. Así, la especie humana, cada vez que se siente lo suficientemente fuerte y advierte que tiene una salida, tiende en todo momento a germinar en un esperma completo que la contiene entera. Pero, en el hombre caduco, que acaso muera esta noche, que puede dejar de contenerla plenamente, en él (ya que dependerá de él mientras sea su prisionera) tal vez no sea ya tan fuerte. Pues el flujo de las leyes misteriosas, la poesía, cuando es suficientemente intensa, aspira a escapar del hombre caduco que acaso esta noche puede morir o en el cual (pues depende de él mientras sea su prisionero; y él puede ponerse enfermo, o estar distraído, o convertirse en hombre de mundo, menos fuerte, o consumir en el placer ese tesoro que lleva en su seno y que se marchita en su interior en ciertas condiciones de su existencia, ya que su suerte sigue ligada todavía a la suya) ella perderá esa energía misteriosa que le permite desarrollarse completamente, y que aspira a liberarse del hombre en forma de obras.

Cuando tal energía está en el punto en que aspira a propagarse, veamos cómo se comporta el poeta: teme difundirla antes de tener el recipiente de palabras, o derramarla. Si se encuentra con un amigo o se deja llevar por cierto placer, el pensamiento pierde su energía misteriosa. Si ésta se encuentra ya muy cerca de su liberación -por haber hallado ya algunas vagas palabras-, el poeta, un día en que sienta vivamente su energía, podrá sin duda, repitiéndose las palabras, guardándola acurrucada bajo sus propias palabras, como se guarda bajo la hierba un pez recién pescado, recrearla. Y, una vez que haya comenzado a difundirla, encerrado en una habitación, mientras su mente le arroja a cada instante una nueva forma que animar, un nuevo odre que llenar, ¡qué vertiginosa y sagrada tarea! En ese momento trueca su alma por el alma universal.

Se produce en él esa gran transferencia, y ¿qué sobresalto, si entrásemos de pronto y le forzáramos a ser él mismo! Le encontraríamos con la mirada extraviada, presa de una terrible agitación. Nos miraría sin comprender, después nos sonreiría, ni siquiera se atrevería a decir nada, esperando que nos fuésemos; su pensamiento estaría inerte como la medusa en la orilla, donde muere si el mar no vuelve a recogerla. Podemos preguntarnos por qué se ha encerrado. No encontramos allí al cómplice de un crimen, al que perturbamos, y sin embargo ahí está su mirada extraviada. ¿Qué sucede, pues?, ¿desaparece la víctima en cuanto entramos? No. Es que es sobre sí mismo sobre quien trabaja. En cuanto le encontramos a él, el otro deja de estar; como cuando buscábamos lo que Hyde hacía con Jekyll: cuando estamos ante Jekyll, ni huella de Hyde, y cuando estamos ante Hyde, ni huella de Jekyll. Le encontraremos siempre solo.

Cuando el poeta no se orienta por el hilo de las leyes misteriosas, desde donde siente que una misma vida parte de él hacia todas las cosas, no es feliz. Y, sin embargo, eso ocurre con frecuencia, porque cada vez que busca algo de forma seca -y con un objetiva en el que su persona se ve transportada de dentro hacia fuera-, deja de situarse en esa parte de sí mismo desde la que puede comunicarse, como en una cabina telefónica o telegráfica, con la belleza del mundo entero. Incluso a esa edad en la que ignora esa facultad de su naturaleza -ya que lo que otros llaman placer a él no le proporciona ninguno- se siente muy triste en la vida. Sólo más tarde deja de buscar la felicidad fuera de la perspectiva de esos momentos de exaltación que le parecen la verdadera existencia. De suerte que, tras las ocasiones que ha tenido de dar a luz formas en que su sentimiento de las leyes misteriosas está depositado, puede morir tranquilo, como el insecto que se dispone a la muerte tras haber depositado todos sus huevos. Lo que hace que el cuerpo de los poetas se nos vuelva translúcido y nos permita ver su alma, no son sus ojos ni los acontecimientos de su vida, sino sus libros, donde aquella parte de su alma que quería perpetuarse, por un deseo instintivo, se liberó para sobrevivir a la caducidad. Por eso vemos que, aunque sean notables, los poetas se niegan a escribir sus ideas sobre tal o cual asunto, sobre tal o cual libro; que no toman nota de las escenas extraordinarias a las que han asistido ni de las palabras históricas que han oído pronunciar a los príncipes que hayan podido conocer; hechos, sin embargo, interesantes en sí mismas y que hacen sorprendentes hasta las memorias de las amas de llave y de los cocineros.

Y es que para ellos el escribir está más bien reservado a una especie de procreación a la que son invitados por un singular impulso que les conmina a no resistirse. Procreación que otro tipo de escritos no pueden sino debilitar, aunque los que les han oído opinar sobre tal o cual arte añoren esos textos y los consideren más brillantes que el contenido de sus verdaderos escritos.
(...)

Lo único real para un escritor es lo que puede reflejar individualmente su pensamiento, es decir, sus obras. Ser embajador, príncipe, famoso, no es nada. Que su vanidad de hombre le salga al encuentro puede ser funesto para el escritor, pero quizá sin ello se dejaría o aniquilar por la pereza o embrutecer por el desenfreno o consumir por la enfermedad. Pero, al menos, debería saber que eso no tiene realidad literaria. (...)

¿No significan nada las circunstancias? Hay momentos en que parece que sí. Rodebach dice que Baudelaire fue Baudelaire porque estuvo en América. Para mí, las circunstancias sí suponen algo. Pero cualquier circunstancia es un décimo de suerte y nueve décimos de predisposición.


Libro inédito de Marcel Proust que nunca había sido traducido al español, recoge escritos del autor de entre (1871-1922), editado con el título "En este momento" en él se recogen momentos de lucidez interior, vivencias musicales, experiencias fugaces; impresiones íntimas de escritor o de visitante de museos; imágenes, pequeñas teorías y acontecimientos mimados en la conciencia.


Cuatro ediciones 2005

Incluye prefacio y nota sobre los textos

"En este momento" es una recopilación totalmente inédita y complementaria de otros escritos proustianos.

23/6/10

frases de Saramago


- "Yo no escribo para agradar ni para desagradar; yo escribo para desasosegar"; "estoy intentando desasosegar a algunos, pero seriamente". (Noviembre de 2009, presentación de 'Caín').

- La destrucción de empleos por la crisis "es un crimen financiero contra la humanidad que debería ser llevado a juicio" y "los responsables son conocidos".

- "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que sin ideas no vamos a ninguna parte" (Última entrada en su blog).

- "Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba".

14/6/10

algunas lecturas pasajeras

Intento repartir mis escasas lecturas en géneros complementarios casi siempre cercanos a una llamada esencial o llama-de-poesía aliñada con ensayo, y alguna obra de género mestizo tipo artículos de opinión o biografía donde dependiendo del autor en ocasiones se derrama mucha literatura entre acordes de sociedad y vida. Hace tiempo que no engancho una buena novela, hoy recolecté "La voluntad" de Azorín y "Las afinidades electivas" de Goethe. También por reminiscencias un escrito filosófico del viejo Kierkegaard que no encontraba ya entre mis libros para rematar la fecunda cosecha literaria que es nostalgia de la nostalgia muerta.

Y es que últimamente me da por volver, volver a las obras no leídas u olvidadas de autores ya muy conocidos por mí, todo es volver secreto y contenido. Si hace meses me daba por volver a Hesse buscando en vano entre sus escritos autobiográficos, artículos periodísticos y sobre todo entre su "Obstinación" parte de la impresión que me produjeron sus novelas cuando las leí por primera vez hace más de un decenio, ahora me muevo en estas otras coordenadas pasajeras que pronto darán paso a un nuevo rumbo.

Los artículos de Unamuno en el período de la 2ª República son de una clarividencia asombrosa, en muchas de sus líneas veo trazos del estado actual de las cosas en este país. Don Miguel dentro de su acusado sentido crítico se atreve a ofrecer caminos de entendimiento y vías basadas en el conocimiento real y profundo de las gentes que habitan estas tierras, el problema es que los políticos de hoy no pierden el tiempo en este tipo de lecturas que no ofrece ningún tipo de crédito electoral o similares.

De la biblioteca pública saqué hace un par de semanas un libro de Jaime Siles sobre poesía española contamporánea titulado "Estados de conciencia", un recorrido personalísimo por la poesía española desde el siglo XX poniendo el foco en autores concretos de cada generación, uno de los apartados más notables del libro en cuestión es para mi gusto el de los capítulos dedicados a la poética de Francisco Brines, se nota que se trata de un poeta muy cercano al propio autor. El paralelismo que hace con el Barroco donde apunta que lo esencial es la textura, la anécdota, la representación palpable de lo más profundo contrapuesto al manierismo donde el lenguaje es abstracto sin necesidad de figuras que lo muestren porque ya es en sí mostrado; la idea del instante en la nada que Brines probablemente toma de los jesuitas modificando y alterando la esencia de Dios por la esencia de la nada también me pareció de lo más revelador e interesante, me dio en este punto por pensar que toda literatura es una alteración de valores ideales desde lo ideal, una ruptura de cánones históricos madurada en el mismo canon destruido. Sobre la marcha se me ocurre lo que Cervantes hizo con el Quijote y aquí no hay más que explicar o el nacimiento del hard-boiled que se valió de las pautas del género detectivesco al estilo victoriano para desmontar precisamente el mito de lo políticamente correcto, con una finalidad de espejo sin interferencias donde la crítica social se dibuja y no se explica, donde la sinceridad de los ambientes y personajes es descarada situándonos en las antípodas del detective al estilo Holmes en el crack estadounidense de los años 20. Del resto del libro de Jaime Siles me quedo con los apartados dedicados a Luis Cernuda y el reclamo justo y necesario que hace del poeta Pedro Salinas como el mayor en edad de esa generación precursor de una serie de elementos hasta entonces ajenos al poema en lengua española.

Por último, y lo que realmente me traía por aquí: he vuelto - porque todo es volver y nada permanece - a la obra de Rilke con cierto afán renovado de encontrarme con nuevos matices líricos, simbólicos, en definitiva, rilkeanos. Rilke es para mí uno de los mayores poetas que han existido jamás, leer a Rainer María Rilke es como intentar agarrar el agua de un río, siempre tiene uno la sensación de que se escapa la mayor parte del sentido y la belleza de su obra, si además de tratarse de Rilke tenemos en cuenta que uno no sabe idiomas como para leerlo en el original. Este poema me encendió las luces el otro día y aquí lo traigo para que ilumine las notas del camino, viene acompañado de un interesante comentario de otro gran entusiasta de Rilke como es el doctor OTTO DÖRR ZEGERS porque, como dije en una ocasión, todos somos suicidas en potencia.

RÉQUIEM PARA EL POETA WOLF VON KALCKREUTH

RÉQUIEM PARA EL POETA WOLF VON KALCKREUTH


¿Es que en realidad no te vi nunca? Mi corazón
está tan apesadumbrado por ti como por esos comienzos (1)
demasiado difíciles y que uno siempre aplaza. Que yo empezara
a decirte, ahora que estás muerto, tú gustosamente,
tú apasionadamente muerto, ¿Fue eso tan
aliviador como pensaste, o estaba aún muy distante
el ya-no-vivir-más del estar-muerto?
Tú te imaginaste poseer mejor allá,
donde nadie da valor al poseer. Te pareció
que ahí, al otro lado, tú estarías dentro del paisaje
-ése que aquí siempre se acercaba a ti como una imagen-
y que vendrías desde dentro hacia la amada,
pasando, alado y fuerte, a través de todo.
Ojalá que ahora no añadas el engaño
a tu error juvenil, por mucho tiempo.
Que tú, disuelto en una corriente de nostalgia,
arrebatado y consciente sólo a medias,
encontrases en el movimiento alrededor de las estrellas
la alegría que has trasladado desde aquí
hasta el estar muerto de tus sueños.
Cuán cercano estuviste tú, querido, aquí, de ella.
Cómo se encontraba aquí como en su casa,
ella, a la que tú te referías
como a la severa alegría de tu nostalgia rigurosa.
Cuando tú, desilusionado de la desventura y de la dicha,
te agitaste dentro de ti y ascendiste fatigosamente
comprendiendo y quebrándote casi bajo el peso
de tu oscuro hallazgo:
entonces la llevaste a ella, a ella, a la que no reconociste,
llevaste la alegría y a través de tu sangre
también la carga de tu pequeño salvador, adelantándote.
..... Lo que no esperaste fue que el peso
se hiciese del todo insoportable: es entonces cuando éste
se invierte de repente y es tan pesado por ser tan verdadero (2).
Ves, éste fue quizás tu momento más cercano;
tal vez él se acomodaba la guirnalda en el cabello
ante la puerta que tú le cerraste bruscamente.
..... Oh este golpe, cómo atraviesa el universo
cuando, en alguna parte, algo abierto se cierra
con esa corriente de aire, dura y cortante, de la impaciencia.
¿Quién puede jurar que en la tierra
no se extiende una grieta a través de las semillas sanas?;
¿quién ha investigado si en los animales domésticos (3)
no resplandece lascivo un deseo de matar
cuando esta sacudida lanza una luz relampagueante en su cerebro?
¿Quién conoce la influencia que desde nuestro actuar salta
hacia una cumbre cercana
y quién la acompaña hasta allí, a donde todo conduce?
.....¡Que tú hayas destruido! ¡Que se tenga que decir esto de ti
hasta el fin de los tiempos!
Y si inminente es que un héroe aparezca y arranque,
cual máscara, el sentido que nosotros tomamos
por la faz de las cosas y que frenéticamente
nos descubra rostros, cuyos ojos nos miran hace tiempo y
en silencio a través de agujeros escondidos;
esto es rostro y ya no se transformará:
¡que tú hayas destruido! Ahí yacían los sillares
y en el aire alrededor ya estaba el ritmo
de una obra en construcción, que apenas podía contenerse;
tú pasaste entre ellos y no viste su orden,
pues uno al otro te encubría; cada uno
parecía arraigarse en ti, cuando tú, al pasar
junto a él, sin verdadera fe, intentabas levantarlo.
Y en la desesperación a todos levantaste,
pero sólo para lanzarlos de vuelta
a la cantera abierta, en la que ellos,
expandidos por tu corazón, ya no cabían.
Si una mujer hubiese puesto su mano ligera
sobre el comienzo aún delicado de esta ira;
si hubiera habido alguien, que estando ocupado,
ocupado en lo más íntimo, te hubiese encontrado
quedamente cuando tú, mudo, saliste a consumar la acción;
si tu camino hubiera conducido
cerca de un taller despierto,
donde hay hombres martillando, donde el día se realiza
simplemente; si en tu mirada plena
sólo hubiese habido al menos un espacio donde cupiese la imagen
de un escarabajo que se afana;
de repente y con clarividencia
habrías leído la escritura cuyos signos tú
grabaste lentamente en ti desde la infancia,
intentando de tiempo en tiempo que en ello se formara una frase:
¡ay, y ella te pareció un sinsentido!
Yo sé; yo sé; tú yacías ahí delante y tanteabas
las ranuras así como uno palpa la inscripción en relieve
de una lápida. Lo que te pareció arder con cierta luminosidad
lo sostenías delante de esta línea como a una lámpara;
pero la llama se apagó antes que tú hubieras comprendido,
tal vez por tu aliento,
tal vez por el temblor de tu mano; quizás también
sólo por sí misma, como se apagan a veces las llamas.
Nunca lo leíste. Pero nosotros no nos atrevemos a
leer a través del dolor y desde la lejanía.

..... Somos espectadores sólo de los poemas
que hacia abajo traen las palabras que tú escogiste,
incluso más allá de la inclinación de tu sentir. No,
tú no las escogiste todas; a menudo
un comienzo se te imponía como un todo
que tú repetías como una orden. Y te parecía triste.
¡Ay, cómo si nunca lo hubieses oído de ti!
Tu ángel aún ahora lo recita y acentúa
el mismo texto de otra forma y yo estallo en júbilo
ante su forma de decirlo, de júbilo por ti,
porque esto era lo tuyo:
el que todo lo amado (4) de ti otra vez se desprendiera,
el que tú, al haber llegado a ver,
hayas reconocido la renuncia y en la muerte tu progreso.
Esto era tuyo, tú, artista; estas tres
formas abiertas. Mira, aquí está el vaciado
de la primera: espacio en torno a tus sentimientos;
y ahí, desde la segunda, esculpo para ti el mirar
que no desea nada, el mirar del gran artista;
y en la tercera, que tú mismo rompiste demasiado pronto,
cuando apenas entró la primera hornada
de alimento tembloroso desde la incandescencia del corazón,
se había ya formado en lo profundo
una muerte trabajada (5), esa muerte propia
que tanto nos necesita porque la vivimos
y de la que en ninguna parte estamos más próximos que aquí.
..... Todo esto fue tu bien y tu amistad;
a menudo lo sospechaste; pero luego te asustó
lo vano de aquellas formas; tú introdujiste la mano
y la sacaste vacía y te quejaste.
Oh vieja maldición de los poetas
que se quejan cuando debieran decir,
que siempre proceden a juzgar sus sentimientos
en lugar de darles forma; los que todavía creen
que cuanto es triste o alegre en ellos
lo sabrían y que así podrían
lamentarlo o alabarlo en el poema.
Como los enfermos, emplean ellos el idioma lleno de lamentos
para describir dónde les duele,
en lugar de transformarse duramente en las palabras,
como el cantero de una catedral
que obstinado se convierte en la serenidad de la piedra.
..... Esto era la salvación. Si sólo una vez hubieses
visto cómo el destino se funde en los versos
y no vuelve, cómo en el interior se convierte en imagen
y nada más que imagen, como ocurre con los antepasados,
que al mismo tiempo parecen y no parecen asemejarse a ti
cuando levantas la vista a veces hacia el cuadro:
entonces tú habrías perseverado.

..... Pero esto es mezquino,
pensar lo que no fue. También hay una apariencia
de reproche en la comparación que no te alcanza.
Lo que sucede tiene tal ventaja
sobre lo que imaginamos, que nunca lo alcanzaremos
ni tampoco experimentaremos cómo era en realidad.
..... No te avergüences si los muertos te rozan,
los otros muertos, los que perseveraron hasta el fin.
(¿Qué quiere decir fin?) Intercambia la mirada con ellos,
tranquilamente, como es la costumbre,
y no temas que nuestro duelo te abrume
de forma tan extraña que les llames a ellos la atención.
Las grandes palabras de esos tiempos, cuando
el acontecer aún era visible, no son para nosotros.
¿Quién habla de victorias? El resitir lo es todo (6).


NOTAS:

1) En el original el substantivo "comienzo" (Anfang) está en singular. Nosotros hemos preferido emplear el plural por estimar que así se entiende mejor la metáfora en castellano.

2) En el original "echt", cuya significación más frecuente es "auténtico"; sin embargo, este adjetivo se usa también en el sentido de genuino, propio y verdadero. Por un problema de musicalidad elegimos este último sinónimo, que por lo demás calza perfectamente bien con el contexto.

3) En el original "gezähmten Tieren", en estricto rigor "animales domesticados". Como al traducirlo así se nos habría producido una cacofonía con la palabra "investigado", que iba en el mismo verso, hemos preferido decir "animales domésticos", que en la práctica significa lo mismo.

4) En el original "das Liebe", que parece una arbitrariedad del poeta, por cuanto el amor, en alemán, es femenino, "die Liebe". La otra alternativa es que se hubiese tratado de la substantivación del verbo amar, el amar ( das Lieben), pero el poeta dice "das Liebe", sin "n". La única posibilidad, entonces, es que se esté refiriendo aquí, en forma un tanto peculiar, a "lo querido" o "amado".

5) Todo éste es un pasaje bastante obscuro, que hemos tratado de interpretar en el Comentario. En todo caso, hemos agregado el adverbio "ya" que, amén de mejorar la musicalidad del verso, hace más comprensible la idea de esa "muerte trabajada", que se viene formando en cada cual desde el pasado.

6) El verbo "überstehen", que hemos traducido por "resistir", tiene una serie de significados: vencer (una enfermedad), soportar (un sufrimiento), sobrevivir, sobreponerse ( a una dificultad), y por último, resistir. Nos hemos decidido por esta última posibilidad, por considerar que corresponde más al contexto y por ser, al mismo tiempo, dentro de los sinónimos, el más amplio en su significación.


COMENTARIO AL RÉQUIEM PARA UN POETA

..... No se sabe mucho del conde Wolf von Kalckreuth: sólo que era poeta, que había hecho unas excelentes traducciones de Verlaine y de Beaudelaire y que puso fin a sus días a la edad de 19 años. También se sabe que fue enterrado en algún lugar de la hoy República Checa, que en ese entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro y culturalmente al mundo alemán. Él dejó escrita una carta dirigida a sus padres, en la cual expresa su incapacidad para soportar los dolores de este mundo, así como su deseo imperioso de reunirse con amigos más leales y eternos, como Platón, El Dante y Goethe. Es poco probable que haya sufrido de una depresión en el sentido clínico. Su estado corresponde más bien al de la vieja melancolía, tan propia de los genios. Este estado alterna en ellos con momentos de alta creatividad y se caracteriza en primer lugar por la ausencia de capacidad creativa y luego, por los sentimientos de desesperanza y de nostalgia persistentes. Recordemos de paso el origen etimológico de la palabra nostalgia: el algia, vale decir el dolor por el "nosotros" perdido. En el caso del conde Kalckreuth, del cual no se sabe que haya sufrido en ese momento de algún mal de amor, ese dolor debe haber estado referido a un nosotros más general, en el sentido de la incomunicación o de la incapacidad de comprender a los otros o de sentirse comprendido por ellos. Para Rilke la muerte temprana es una posibilidad legítima para el hombre elegido, sea éste poeta o héroe. El suicidio, en cambio, no necesariamente lo es; él no representa siempre "una muerte personal" en el sentido rilkeano de corresponder a la persona, de, como dice en uno de sus poemas, "caerle a uno como un vestido". Por el contrario, Rilke se lamenta, a lo largo de todo el poema, del hecho que Kalckreuth no haya perseverado y no haya esperado que le llegase su propia muerte.
..... Una forma de acercarse a una comprensión de la voluntad suicida del joven poeta sería imaginando su vida a comienzos de siglo: una época de gran exaltación de la ciencia, la cultura y los valores humanos, pero en la que al mismo tiempo ya se avizoraban los horrores que traería consigo el siglo XX, como las dos guerras mundiales y los totalitarismos. Habría que pensar que este joven, muy dotado y sensible, descubrió simultaneamente la belleza de las manifestaciones del espíritu, como la poesía y la música, y el horror de los defectos de la naturaleza humana, como el egoismo, la injusticia, la violencia y la traición; y este doble descubrimiento lo hizo desear el abandono de esta tierra y aspirar, con el apasionamiento y la radicalidad de un joven como él, a una fusión con lo único que podía ser permanente y fiel: sus amigos que ya se habían ido. Rilke no conoció a este joven poeta, pero supo de él, de su vida y de su obra y se conmovió profundamente con su suicidio. Al parecer no sólo en el poema, sino también en conversaciones y cartas personales, habría manifestado el convencimiento de que si lo hubiese conocido habría logrado persuadirlo de esperar su propia muerte.
..... El réquiem comienza con esta dramática pregunta: "¿Es que en realidad no te vi nunca?". Es tanto lo que le impresionó este suicidio, que el poeta no se puede convencer de no haber conocido personalmente a la víctima de este destino trágico. Y luego viene la afirmación: "Mi corazón está tan apesadumbrado por ti como por esos comienzos demasiado difíciles y que uno siempre aplaza". Llama la atención el tono coloquial con que Rilke se dirige al joven suicida, como el de un amigo mayor que le habla a uno menor que ha hecho algo malo y por lo tanto, con un dejo de reproche. Luego el poeta imagina las razones que pudo haber tenido el Conde para decidirse por esta muerte tan apasionada y violenta:

1. La búsqueda en el otro mundo de alivio a las penas de éste: "¿Fue eso tan aliviador como pensaste?..., etc.".
2. Que allá poseería más plenitud: "Tú te imaginaste poseer mejor allá..., etc.".
3. Rilke piensa que el joven suicida pudo haber aspirado a una plena fusión con la naturaleza en el otro mundo, cosa que en éste no había podido lograr, puesto que el paisaje se le presentaba sólo como imagen: "Te pareció que ahí, al otro lado, tú estarías dentro del paisaje..., etc.".
4. Por último, que el poeta muerto podría haber imaginado una unión mayor con la amada desde el otro mundo, por cuanto así podría venir hacia ella "desde dentro" y pasando "alado y fuerte, a través de todo".

..... Y entonces viene el reproche: "Ojalá que ahora no añadas el engaño / a tu error juvenil, por mucho tiempo", porque el adolescente desconoció muchas cosas importantes, no las vio a pesar de tenerlas tan cerca, como la alegría, por ejemplo: "...la alegría que has trasladado desde aquí / hasta el estar muerto de tus sueños. / Cuán cercano estuviste tú, querido, aquí, de ella.". El joven, desilusionado "de la desventura y de la dicha", se lleva la alegría al otro mundo sin reconocerla. Tampoco conoce el poeta suicida la capacidad de esperar. No sabe que al final de un gran sufrimiento puede surgir una gran ventura. Él no esperó hasta que el sufrimiento se hiciese del todo insoportable, que es justamente cuendo "se invierte de repente" y puede adquirir el signo contrario. El joven poeta se adelantó a cerrar la puerta cuando, tal vez en ese mismo momento de sufrimiento, éste "se acomodaba la guirnalda en el cabello", vale decir, podía estar transformándose en alegría.
..... Ese golpe al cerrar la puerta, vale decir, su acto suicida, resuena y estremece al universo entero. Eso pasa siempre cuando en alguna parte "algo abierto se cierra / con es corriente de aire, dura y cortante, de la impaciencia". Y ahí Rilke renueva su lamento, porque no se consuela él, tan amante de la vida, tan interesado en todo lo que existe, de que el joven poeta haya truncado sus posibilidades de ser que ya se dibujaban como un espléndido edificio y que él tampoco supo reconocer: "¡Que tú hayas destruido, que se tenga que decir esto de ti hasta el fin de los tiempos!...". Y luego más adelante: "Ahí yacían los sillares / y en el aire alrededor ya estaba el ritmo / de una obra en construcción, que apenas podía contenerse; / tú pasaste entre ellos y no viste su orden...", etc. Si hubiera sido posible detenerlo, si una mujer hubiese estorbado su camino y le "hubiese puesto su mano ligera sobre el comienzo aún delicado / de esta ira...". Si por lo menos se hubiese tropezado con esos lugares donde se trabaja cada día y ese trabajo da un sentido a la vida: "si tu camino hubiera conducido a un taller despierto, / donde hay hombres martillando, donde el día se realiza / simplemente...". Hasta la humildad de un escarabajo afanado podría haberlo detenido y él no se habría provocado la muerte. Todos los anteriores habrían sido signos de una escritura que él había intentado descifrar desde la niñez, pero sin lograrlo. Ahora, dada su muerte prematura, muy pocas cosas dejó el joven Conde: sólo algunos poemas imperfectos ("Somos espectadores sólo de los poemas que hacia abajo traen / las palabras que tú escogiste"). Pero en ellos Rilke reconoce al menos dos virtudes. Una es la inspiración, venida casi directamente del mundo angélico ("a menudo, / un comienzo se te imponía como un todo / que tú repetías como una orden"). La otra es que el joven poeta, a través de sus poemas, llegó a "ver", a reconocer "la renuncia y en la muerte tu progreso". Aqui Rilke acepta por primera vez la posibilidad de que la muerte de su amigo haya tenido un sentido.
..... Hacia el final del réquiem Rilke trata de definir en apretadas palabras lo que debe ser la esencia de la vida poética. Ésta debe alimentarse fundamentalmente de los siguientes ingredientes ("tres formas abiertas"): los sentimientos, el mirar (que mira y ve, pero "que no desea nada") y "una muerte trabajada", esa muerte propia que tanto nos necesita. La verdadera poesía debe ser un trabajo de la propia vida y de la propia muerte. Y entonces Rilke retoma el tema de la esencia de la poesía, anunciando ya en las Cartas a un joven poeta, diciendo que éstos, en lugar de quejarse deberían "decir" (cosas esenciales), que en lugar de juzgar tanto sus sentimientos deberían "darles forma"; que deberían, por último, transformarse ellos mismos en palabras, "como el cantero de una catedral / que obstinado se convierte en la serenidad de la piedra". Y esto habría sido la salvación del conde Kalckreuth, pero él no la vio, a pesar de haberla tenido en sus manos. Habría bastado que hubiera comprendido la esencia de la poesía. Pero ahora todo esto son palabras vanas. No sea que el adolescente, al escucharlas, se avergüence entre los muertos y que las lamentaciones de los vivos agraven sus sentimientos de culpa. Y el réquiem termina con una recomendación a asumir el destino con todas sus consecuencias, incluyendo los errores, pues "¿Quién habla de victorias? El resistir lo es todo".
..... Mi maestro Hubertus Tellenbach, de quien hablé en el Prólogo, me contó en alguna oportunidad que los últimos versos de este réquiem, a partir de "las grandes palabras de esos tiempos..." y en especial la última sentencia, habían sido inspiradores de un grupo de jóvenes intelectuales y miembros de la nobleza alemana que se opusieron al nazismo desde mediados de la década del 30, vale decir, casi desde un comienzo. Ellos crearon el movimiento de la Resistencia, que terminó tan tragicamente con el fallido atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944. Como es de todos conocido, en los días posteriores al atentado fueron ejecutados: el líder del grupo, el conde Stauffenberg, y todos los conjurados, pero además varios generales de la Wehrmacht conocidos por su actitud crítica, la mayor parte de los miembros de la resistencia y miles de opositores al régimen. La conexión entre este poema de Rilke y la resistencia alemana la encontré confirmada años más tarde en la biografía de Rilke escrita por H. E. Holthusen, quien cita al famoso poeta Gottfried Benn (1886-1956) -también opositor a Hitler- diciendo que esos versos habían sido "el lema de su generación". En todo caso, para los pocos sobrevivientes tiene que haber adquirido un significado aún más profundo y trágico ese verso final del requiém, que durante tanto tiempo constituyera su sostén espiritual: "El resistir lo es todo".


OTTO DÖRR ZEGERS

2/6/10

lectura de poemas

La semana que viene, con permiso de este calor del demonio, estaré leyendo cosicas de mi último poemario "Afonías" en un conocido bar de Cartagena junto a Manolo Condevolney por cortesía del amigo José Alfonso Pérez, una de esas magníficas personas - y mejor poeta- que he tenido la suerte de encontrarme en el camino.



9 de junio de 2010, a las 18 horas

Bar Princesa (C/ del Pilar, 12, Los Dolores,
Cartagena -junto a Mercadolores)


Ilustración: El graficultor, Condevolney 2010



Organizan: Cristina Hércules de Solas y
José Alfonso Pérez
Presenta: José Alfonso Pérez