He metido este sueño
en el triturador de la cocina.
Reconozco la distancia
el ruido de tus huesos que se rompen
como nueces tiernas;
el eco de tu voz contra las muelas
de hierro y las cuchillas,
las distensiones de los nervios
que escapan al molino
como peces en sangre.
Pero el sueño impiadoso resucita,
se conforma en el caño,
se destritura halando ferozmente
la manivela del tiempo hacia otros aires.
Vuelve el sueño a soñarse
como en su primera infancia;
y tiene
la paleontología licuosa
de lo no vertebrado.
Lo desueño otra vez en el triturador,
que abre las fauces hogareñas
de laborioso tigre,
y el sueño, lento, vuelve.


Eduardo Lizalde


(Gracias a la revista Rosa Cúbica en su último número "La X en la frente" dedicado a México estoy descubriendo poetas como éste que yo desconocía. Gracias por el regalo.)