Anoche cuando volvía caminando hacia Gran Vía para coger el primer metro observé a un tipo que hablaba por móvil, miró a su alrededor y cuando se cercioró de que nadie le estaba escuchando espetó un "mátalo". Obviamente no detuve la marcha en ese escaso lapso de tiempo en el que también vi pasar una patrulla de la policía nacional, completando su ronda nocturna, en esa última hora donde la infinitamente rotatoria postal se despide de la noche entre camiones de basura. Sinceramente aquella orden no tenía pinta de ser una broma, en algún lugar no muy lejano otra insignificante vida se cobraba. Por mi parte no sentí el más mínimo ápice de temor, y me dio por pensar en el modo en que nos hemos habituado a convivir pacíficamente con el crimen.