A menudo el ciego que pasea con su perro lazarillo no busca un ascensor, una rampa o similares. ¡Qué poca sensibilidad demuestran los maestros de la urbanidad y de lo políticamente correcto recordándole al ciego que se deleita en el paseo que él es un ciudadano de segunda, falto de una especial ayuda! Cual tiranos los apestosos enemigos de la libertad tejen inconscientemente su red de conmiseración ciudadana.